lunes, 20 de septiembre de 2010

Don Luis, el cura de todos

Aunque no corren buenos tiempos para la curia, Luis, el cura, no tiene un enemigo en Los Palacios y Villafranca (Sevilla). Ni siquiera un vecino al que ni fu ni fa, pues desde que aterrizó en los poblados de colonización en 1973 no ha cesado de trabajar por los demás. El Ayuntamiento le ha concedido el título de Hijo Adoptivo por su “permanente defensa de la solidaridad, la tolerancia y la amistad”. Un sacerdote así lo querrán en todas partes.

Mucho antes de ser don Luis en el altar (o san Luis, como le dijo un crío, con los nervios, en su Primera Comunión) y Luis, el cura, en plena calle, el joven Luis Merello decía su misa dominical en el poblado de colonización de Maribáñez, adonde llegó desde el seminario un frío enero de 1973. Por aquel entonces, Maribáñez y el resto de colonias agrícolas de Los Palacios y Villafranca (Chapatales, El Trobal…) llevaban apenas cuatro años de funcionamiento y el cura aterrizó en ellas como un torbellino de vida que iba más allá de la evangelización. O era más bien que él quiso arrojar las semillas del Evangelio en plena tierra marismeña, literalmente, con la camisa arremangada y entre las cuadrillas de algodoneros, como uno más.

La gente se le acercó primero porque él se dejó querer en el terrón, porque fundó un club ciclista entre las destartaladas bicicletas de los muchachos, porque organizó una caseta para la feria y un coro de campanilleros que acabaría rulando por media España, y porque hablaba fuerte, mirando a los ojos, y no se vestía como los curas porque, sencillamente, todo el mundo sabía ya quién era Luis el cura. Luego, la gente se dejó caer por la iglesia, y la parroquia se convirtió en el eje vertebrador del poblado. La parroquia era la sede de todo: de la incipiente cooperativa de los hombres del campo, de la asociación de padres y del equipo de fútbol que el propio cura entrenaba.


Luis Merello Govantes había nacido en 1947 en El Puerto de Santa María, había estudiado en los Salesianos de Utrera y se había forjado como cura en el seminario sevillano, pero fue en Los Palacios y Villafranca donde comenzó su andadura como cura del pueblo, sobre todo desde que en 1985 dejó Maribáñez para ser destinado a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. El templo era tan pequeño, con una sacristía en la que había que revestirse encogiendo la barriga, que tres años después comenzó la aventura para la construcción de la magnífica iglesia actual. Todo se hizo en cuatro años, pues don Luis era ya por entonces un personaje influyente que consiguió la cesión del terreno por parte del Ayuntamiento y el vuelco de todo el pueblo para que aquella obra faraónica avanzara a un ritmo frenético. Se organizaron mil y una rifas, se consiguieron mil y un donativos, se inauguró la verbena que todavía pervive, después de más de 20 años, y algunas familias pudientes arrimaron el hombro para que la parroquia se inaugurara a la par que la Expo del 92.


En estas últimas décadas, el pueblo ha crecido tanto que los 20.000 feligreses sobrepasaban con mucho las posibilidades administrativas de una sola parroquia, por lo que ha vuelto a ser don Luis el verdadero impulsor de la creación de la tercera parroquia del municipio, la de El Buen Pastor, en el populoso barrio de La Nana, cuya primera piedra fue puesta la pasada primavera.


El consejo parroquial y el Ayuntamiento gobernado por el PSOE preparan una serie de actos en octubre para la concesión del título de Hijo Adoptivo a Luis el cura. Pero él le resta importancia a todo, como al hecho de que su nombre haya sonado en los círculos eclesiásticos para ser nombrado vicario. A pesar de su mano derecha de pontífice entrañable y de su mano izquierda de político capaz, no le gusta ser el centro de atención. “No soy más que un obrero de Cristo”, dice.


  • Este texto, algo resumido, lo publico también hoy en El Correo de Andalucía.

martes, 31 de agosto de 2010

Chilenos en el corazón de la Tierra


La historia de los mineros chilenos a 700 metros de profundidad da para que unos guionistas anden elaborando ya la correspondiente película. Si no colgaran de un hilo 33 vidas humanas, lo que está a un tris de convertirse en tragedia sería simplemente una aventura maravillosa digna de Julio Verne. Pero hay seres humanos de por medio. Seres humanos de verdad. Aun así, he quedado fascinado estos días con los detalles que nos llegan a través de los corresponsales, que cuentan que los mineros necesitan principalmente entretenimiento. He pensado que si fueran animales prescindirían de ello para centrar sus necesidades sólo en alimento y abrigo. Pero los seres humanos necesitamos un plus que nada tiene que ver con lo que comúnmente llamamos necesidades básicas. Hacen falta naipes, videojuegos, champús especiales, videocámaras... y alcohol. A algunos, o a todos, les parecerá tres meses un tiempo desproporcionadamente largo para estar solos en el corazón de la Tierra.

No están solos, sin embargo. Son 33, y asisten al drama individual de cada uno, porque el relato que hacen a los medios y a los videos que mandan arriba, a la superficie de sus familiares y conocidos, los entretienen mutuamente. Son 33 relatos con 33 espectadores que probablemente no los conocían, a pesar de vivir y trabajar juntos. En las situaciones extremas, uno descubre que no sabe nada de lo fundamental, ni siquiera de sí mismo, y a veces hace falta hilvanar un relato que nos lo cuente, aunque esa narración sea proferida por uno mismo y dirigida a uno mismo. Uno tiene que llegar a entenderse a sí mismo para sobrevivir 3 meses en las profundidades de la Tierra. Y además, tomarse una copa, darse una ducha o echarse un partidita en la consola.

Lo que me maravilla de esta aventura terráquea chilena es que conseguirán, finalmente, construir una vida cotidiana. En esa cueva que vemos por la pantallita del móvil que ha aparecido en el telediario; en ese agujero caliente del corazón de la Tierra, allí, tan lejos. Vida doméstica, diaria, pura rutina.

Yo nunca he estado en Chile, y dada su lejanía no me extrañaría que nunca lo pisara. Pero siento el pálpito de mis semejantes como si el drama de esa fantástica cueva de Montesinos ocurriera a sólo unos kilómetros de aquí. Tal vez porque algunos chilenos enormes se encargaron de susurrarnos al oído las cosas fundamentales de la vida humana desde su origen, tan semejantes en todas partes.

"Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega. / Mi cuerpo de labriego te socava / y hace saltar el hijo del fondo de la tierra"

Son los primeros versos de un iluminado poemario titulado Veinte poemas de amor y una canción desesperada, firmado en 1924 por un tal Pablo Neruda. Del fondo de la tierra resurgirá la vida. 33 hijos desde el fondo de la Tierra.

sábado, 21 de agosto de 2010

Ole por Miguel Ortega


Se me llena la boca y el corazón cuando se me pone por delante un paisano que consigue hacerse grande desde las calles de mi pueblo natal. Miguel Ortega es un cantaor de una pieza, flamenco de verdad, no flamenquito; enamorado de los clásicos y respetuoso con el peso mayúsculo que recibe del compás de los mejores. Su único disco se titula Una mirada atrás, y dice mucho de lo que pretende expresar este cantaor de 35 años deseoso de cantar para alante. Acaba de ganar el mayor premio flamenco del mundo: la Lámpara Minera del Festival de Cantes de Las Minas en La Unión (Murcia).

Yo conocí a Miguel Ortega cuando éramos unos críos en El Círculo de mi pueblo. Creo que se llamaba El Círculo Cultural o algo así, aunque en realidad era un bar en la planta baja y unos locales arriba que servían para la protocultura o el entretenimiento que mi pueblo podía ofrecer a los chavales en la remota década de los 80. Más tarde fueron ocupados aquellos locales por los atletas y por los ajedrecistas. Cuando yo conocí a Ortega asistíamos sin saberlo siquiera a unas catequesis de evangelistas que habían aterrizado por allí, cantándonos la canción de un barco del que Cristo era el capitán. Nosotros íbamos porque jugábamos a lo que no podíamos en la calle. Un día desaparecieron aquellos misioneros del juego creativo y Ortega y yo dejamos de vernos para siempre. A lo mejor él se acuerda todavía, como yo.

Da la casualidad de que este disco que ha sacado al mercado unos meses antes de ganar la Lámpara Minera, financiado por él mismo y grabado en su pueblo y el mío, está repleto de letras escritas por un compañero en la tarea docente: José Luis Rodríguez Ojeda, al que conocí hace un par de años en el instituto de Las Cabezas de San Juan y con el que mantengo una amistad fraterna.

Estoy contento por que un conocido de mi infancia y un amigo del presente hayan hecho posible que mi pueblo, Los Palacios y Villafranca (Sevilla), salga en los papeles con letras grandes. Espero que el Ayuntamiento reciba a Ortega con los honores que merece. Aunque me temo que para ello no habría estado de más que hubiera salido en un programa-basura de la tele, como aquellas gemelas del Gran Hermano de tan aciago recuerdo, a las que recibieron por todo lo alto. La elegancia y el arte verdaderos no tienen tanto caché. Ya veremos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Escaparate de muñecas en serie


Andando el tiempo, dicen, decimos, que la igualdad de géneros es un hecho casi irreversible en esta sociedad avanzada del siglo XXI, en la que ser mujer o ser hombre no impide desarrollar un proyecto vital enriquecido con humanistas visiones de futuro. Sin embargo, a estas alturas de la Historia, con un Ministerio de Igualdad que no logra frenar el drama del maltrato y el asesinato domésticos, la profunda desigualdad de ser macho o hembra se nos trasluce en estampas como ésta de las Miss Universo, en las que las muchachas que se postulan como han de postularse las muchachas para el mercado que las reivindica siguen soportando lo de siempre: una imagen de barbies en serie para el negocio antiestético que controlan ellos. Se afanan por aparecer guapas y diferentes, pero ya ven, terminan por engrosar la ristra de carne rosácea como la partida de perdices en las fotos triunfalistas de cualquier cazador mediocre.

sábado, 7 de agosto de 2010

Negro toro de pena


La tauromaquia, siendo un vicio casposo y bárbaro con ínfulas de arte como es, nos ha dejado un puñado de cosas positivas que es justo valorar: una silueta que empezó siendo cartel publicitario y que acabó recortándose en los horizontes bravíos de media España, para regocijo del viajero; un vocabulario riquísimo en torno a la bestia y sus derivados; y algunas de las mejores páginas literarias que se han escrito jamás. Que el toreo no sea un arte (sino una artesanía malévola de engañar al bicho con un trapo para terminar acuchillándolo) no significa que no pueda suscitar otros textos artísticos, apuntalados históricamente por genios de la pluma o el pincel. Algo parecido ha ocurrido con la mafia o los grandes psicópatas, repudiables en toda regla pero no por ello no aprovechables por los maestros de la literatura o el cine. Llamar maestro a un torero siempre me pareció una broma de mal gusto, y la defensa de la mal llamada Fiesta Nacional con el argumento de que innumerables artistas la respaldan porque han creado sobre ella, una falacia despreciable, no sólo porque también existen numerosos artistas que la rechazan, sino porque el simple hecho de inspirarse en una barbaridad para crear una obra de arte no significa en absoluto que la barbaridad deje de serlo. Creo que el mejor ejemplo para ilustrarlo es cualquiera de las estampas de Goya, que durante cierto tiempo fueron tenidas como pruebas de su afición al toreo y que más tarde, tras una mirada más sosegada, se han entendido como antitaurinas, propias del espíritu ilustrado del que no tuvo más remedio que acabar convencido el pintor; y antitaurinas no por conmiseración por el toro sino por el torero, símbolo del español brutal que acaba confundiéndose en el peligro innecesario, empujado por el instinto animal de la masa sorda que acudía a los lamentables espectáculos carniceros. Y esa mirada de lástima no hacia el toro sino hacia el ser humano que se degrada empañado en la violencia de un rito tan primitivo como miserable es la mirada europea y moderna que se arroja sobre el presunto españolismo de pacotilla que ostentan quienes se empeñan aún en defender una fiesta que nada tiene de festiva.

En España, último bastión serio de la tauromaquia –Francia, México o Colombia son sucedáneos alimentados por la Hispania de grana y oro–, existe hoy un claro conflicto entre quienes defienden la fiesta de los toros y quienes sienten que el espectáculo es horripilante e indigno de una sociedad civilizada. Y ese desajuste ético vivo entre la ciudadanía no se corresponde en absoluto con ese demagogo enfrentamiento entre la vieja España y la Cataluña independentista, como los protaurinos pretenden hacer ver, sino entre ciudadanos de todo signo y hábitat. Recuérdese, por favor, que también las Islas Canarias abolió el toreo, y nadie en España se rajó la camisa. Hay protaurinos y antitaurinos en Sabadell y en Cádiz, en Barcelona y en Sevilla, en Madrid y en Málaga. No se trata de una cuestión geográfica, sino de escalafones cualitativos propios de una sociedad madura y plural en cualquier rincón del país. Es un debate que forma parte de los dilemas morales de la modernidad. Y quienes no lo ven así, o no quieren verlo, esconden intereses de tipo pseudosentimental o claramente económicos. La España de los tópicos federalistas es una España que pasó hace ya décadas. El ciudadano de hoy, viva en Córdoba, en Vigo o en París, ha incorporado a su moral individual una dosis de compasión que antes no tenía, por haber heredado un falso concepto de antropocentrismo no entendido como ser el máximo responsable del Planeta, sino como el máximo explotador de sus recursos, sin miramiento ético para con las otras especies animales.

El proceso de prohibición de las corridas en Cataluña ha sido intachable desde el punto de vista democrático. Y sin embargo surgen voces demagogas hablando de prohibición, reivindicando la libertad y comparando todo esto con el Santo Oficio. Precisamente porque hay libertad se ha podido llevar a cabo esta tramitación en el Parlamento catalán, que representa a todos los ciudadanos de aquella comunidad autónoma. Precisamente porque ya no existe la Inquisición han podido ser los casi 200.000 ciudadanos que han firmado para elevar esa petición de debate los principales artífices de una decisión comunitaria, sin imposiciones por parte de una minoría que se crea en la posesión de la verdad. Y precisamente porque el resultado deriva de un amplio debate en el que han podido esgrimir sus razones todas las partes en conflicto, sin excepción, para luego pasar a una votación estrictamente libre y personal, no cabe aquí hablar de prohibición o decretazo, sino de decisión madura, sana y democrática. Ojalá otros procesos en la política que nos afecta a diario se desarrollaran de manera similar, sin amaneramientos dictatoriales dentro de las estructuras de los propios partidos políticos teóricamente democráticos.


Todas las Españas que intentaron dar un giro revolucionario hacia la definitiva civilización, desde el comienzo de la modernidad, han tachado los toros por su carácter bárbaro, desde el ilustre Jovellanos al noventayochista Baroja, pasando por tantos intelectuales que intentaron ver en el raciocinio una exclusiva veta de humanismo y no sólo el cauce instrumental de todas las posibilidades humanas desde el positivismo. La España espiritualista que encontraba Unamuno, como una reserva, decía él, estaba destinada, sin embargo, a preservar ese raro afán de hacer del rito y el símbolo una práctica doméstica contemplada por los demás primero como curiosidad, luego como souvenir y últimamente como indicio del atraso. Pero los aficionados –amantes– de los toros idealizan tanto sus liturgias que sienten como un ataque radical cualquier cuestionamiento de la lidia. No están por el debate ni por la reflexión ni por la discusión, porque parten del axioma de que el toreo es el culmen de lo artístico. Yo quiero pensar que lo creen verdaderamente. Y desde esa convicción, me gustaría que se abriera un coloquio social sopesado lo suficientemente amplio como para que nos llegáramos a entender todos. Los protaurinos deberían tratar de comprender lo que sienten los antitaurinos, y viceversa. Porque sólo desde la comprensión mutua se puede llegar en este país a un punto de equilibrio equidistante entre la indiferencia y el fanatismo. Hay familias que viven, y han vivido durante generaciones, del negocio del toreo. Pero también hay que reconocer que el montante total del dinero que mueve la lidia del toro en este país es similar a lo que cuestan un par de futbolistas de la talla de Cristiano Ronaldo. Y otros desmantelamientos se han llevado a cabo en España con mayor costo.

El punto artístico que puede tener la lidia radica fundamentalmente en la suspensión religiosa que llega a producirse en el instante fugaz en que las fuerzas de lo bruto y lo telúrico, de la bestia cornuda, se mide con la potencia de la sutilidad con el capote. Esos segundos que puede durar una verónica, un pase de pecho, una conexión de miradas lúcidas entre toro y torero en la infinitud del redondel pueden contener el peso de lo artístico en esta práctica. Yo, que me considero antitaurino, puedo llegar a entenderlo. El problema es que esa fugacidad se ve empañada enseguida por el peso muchísimo más contundente de la carnicería, la sangre, el sufrimiento, la saña, las voces, la lucha y el maltrato que es al fin y a la postre la corrida en su conjunto. Son absurdos los argumentos de defensa de los toros que echan mano del sacrificio de otros animales (vacas, cerdos o palomos) para el consumo humano, con más o menos sufrimiento para el animal. Y me parecen absurdos de la misma manera que los argumentos de los ecologistas vegetarianos para no consumir carne de ningún tipo, principal fuente de proteínas. Porque la motivación fundamental para que la práctica del toreo se ponga en cuestión no es que un animal es sacrificado, sino su modo y finalidad, la burla intrínseca que supone, el espectáculo, el escarnio al que se somete al toro para divertimento de una masa que en su inmensa mayoría ni siquiera va a la plaza para asistir a ninguna liturgia trascendente, sino para codearse con otros fulanos por diversos intereses o para salir fotografiada en determinadas publicaciones. La civilización del siglo XXI, creo yo, no puede consentirlo. Por supuesto que hay otras muchas cosas que tampoco podemos consentir. Por supuesto. Pero el toreo es una de ellas, y está bien que comencemos eliminando algunas.

Los Verdes de Andalucía van a emprender su particular cruzada contra el toreo en esta comunidad autónoma a partir de 2012, una vez que la ilegalidad de esta práctica tenga carta de naturaleza en Cataluña. Si reúnen 75.000 firmas –cosa facilísima–, tendrá que tramitarse en el Parlamento andaluz, aunque previsiblemente los partidos mayoritarios voten lo que crean que es políticamente correcto en esta tierra del toro bravo bravísimo, tan bravo que sólo sobrevive gracias a las subvenciones públicas. Al menos podrá abrirse el debate, y eso es ya comenzar a construir la Historia de Andalucía desde presupuestos civilizados.

  • Este trabajo se publica asimismo, como reportaje, en el nº 2.023 del semanario Cambio16.

viernes, 30 de julio de 2010

Profecías


Miquel Barceló, con su primitivismo rupestre a flor de pincel, vaticinó hace dos años desde su Barcelona espiritual la estocada definitiva para esta barbaridad que los ahora magnánimos defensores de la libertad siguen empeñándose en llamar arte. Le encargaron el cartel para la feria de Sevilla e hizo este pinchito negro con los colores de la Nación. Como era esperable, los que entonces tragaron con la obra ya están cacareando lo del nacionalismo separatista catalán, etcétera, etcétera. Cuando una parte de la humanidad da un salto cualitativo hacia su coherente humanización, el resto cacarea por lo común porque la querencia de la costumbre es fortísima.

domingo, 18 de julio de 2010

Los cochazos ya no molan

Uno entiende que, hasta cierto punto, sea decisivo para la clase política –para mantenerse como tal, quiero decir– prodigar gestos de austeridad cuando al pueblo llano no le llega ya ni para pipas. Al fin y al cabo, la democracia es un sistema que hace germinar a sus dirigentes del mismo pueblo, aunque a ellos y a nosotros se nos olvide a cada rato, dadas las consolidaciones en los sillones de mando y el profesionalismo en que se ha convertido eso de meterse a administrar el dinero de todos. Pero hay extremos que rozan la inteligencia provocándonos la risa, una risa contagiosa de esas que se van amortiguando hasta que uno se queda completamente serio, rayano con lo triste.

Uno de esos colmos colmados ha sido la supresión de turismos de alta gama del Catálogo de Vehículos Homologados que contiene la relación de coches autorizados para su adquisición y uso en la administración de la Junta de Andalucía. A partir de ahora, los mandamases del Gobierno andaluz no podrán ir de un sitio para otro en coches de lujo, así que en los próximos días podrán ver ustedes al presidente y a sus consejeros bajándose de un Seat Ibiza o de un Ford Fiesta para inaugurar algunas de las ferias estivales que han quedado por los pueblos, de esas que no han suprimido todavía pero cuya baja potencia en alumbrado quizás haga posible disimular el cochecito cañí del que se baje el menda o la menda.

Se acabaron, pues, los Audis y los Mercedes de cuya puerta trasera se han venido bajando los consejeros, los viceconsejeros, los delegados, los subdelegados, los diputados y los alcaldes de tronío medio abrochándose la chaqueta mientras el guardaespaldas sostiene marcialmente la puerta del cochazo. Todo eso era un gasto insostenible a estas alturas. Además, con la supresión de estos carros de alta gama sería incongruente desde el punto de vista estético que se mantuvieran los chóferes y guardaespaldas. Imaginénse ustedes la misma escena pero con un Peugeot 205. Indico marcas para engrasarles la imaginación. Con la nueva flota de vehículos antilujo debería ser el propio político el que condujera el coche, el que aparcara cerca del acto y el que se bajara dando un portazo campechano. La campechanería se lleva muy bien con estas épocas de recesión.

Hasta aquí todo parece muy gracioso, pero a uno le asalta también la tristeza cuando encuentra cierto paralelismo en la trayectoria que parecen seguir los políticos y la que no han tenido más remedio que seguir también en los últimos años toda esa tropa de jovenzuelos del taco en el bolsillo y el BMW derrapador. La diferencia estriba, claro está, en que los chavales que chuleaban con esos cochazos por las esquinas fueron engañados por el sistema laboral, por el banco y por los políticos, mientras que estos últimos dejan sus carros de alta gama a la sombra del garaje hasta que soplen mejores vientos y nada más.

El juego es el mismo que el que practican ciertos políticos de pueblo de cara a la galería demagógica de la gente que sólo ve un segmento de sus andanzas, cuando frecuentan bares populacheros de precios bajos después de venir en AVE desde Madrid porque la niña quería una faldita del Mango de la capital, que por aquí abajo no la traen. AVES de ida y vuelta en la misma tarde y cena grasientilla entre el populacho que observa la sencillez. Hasta a Obama le sale de maravilla cuando devora su hamburguesa preferida frente a las cámaras.

Y uno, que creía que aquellos cochazos de lujo no respondían a las vanidades del pueblo sino a concienzudos criterios de seguridad de los altos cargos, se queda ahora anonadado, con sonrisilla de estúpido mientras mira a los políticos anunciando tantas medidas de ajuste, ajustando hasta su propia seguridad en favor del pueblo.

  • Este artículo se publica también en el nº 2.022 del semanario Cambio16, así como en el nº de septiembre de la revista Cambio Financiero.

jueves, 15 de julio de 2010

Lapidación

Ojalá la lapidación fuera sólo un ejemplo curioso de paronomasia con depilación, como a mí siempre me ha parecido. Paradójicamente, cabe pensar que en esos lugares horrendos donde se practica esta condena cruelísima podrían lapidar a una mujer por depilarse, pues los caminos de estos extremistas del machismo exacerbado son verdaderamente inescrutables. La lapidación, consistente en arrojar piedras contra la víctima enterrada hasta por encima de los senos para conseguir su muerte, nos llega a la mayoría de los occidentales por el texto evangélico de Juan, en cuyo capítulo octavo se cuenta cómo presentan a una mujer adúltera a Jesús para preguntarle qué debían hacer con ella y así sorprenderlo en un renuncio, pues todos sabían lo que decía la Ley. La sorprendente respuesta de Cristo lo convierte en un auténtico revolucionario no sólo por su promoción del perdón, sino del sentido común: "El que no tenga pecados, que tire la primera piedra". La sentencia cristiana queda grabada en nuestra cosmovisión de occidentales razonables, seamos o no cristianos, pues todo el mundo entiende que no debe erigirse en juez de nadie si no quiere ser juzgado, máxime cuando el juicio se establece tan hipócritamente.

La lapidación se podría haber extinguido con aquella máxima de Cristo, pero no fue así, y cada cierto tiempo nos desayunamos la noticia de que en determinado país oriental han lapidado o van a lapidar a alguien, normalmente a una mujer. Téngase en cuenta que en países como Irán o Somalia, que encabezan el dudoso honor de poner en práctica esta condena más que otros, todos los jueces, por definición, son hombres; que el valor de un testigo es mucho mayor que el de una testigo; y que en muchos casos la mujer ha llegado a ser lapidada por el delito de haber sido violada. Aunque uno entienda esta última frase en pasiva, es decir, con sujeto paciente, violado, el corporativismo masculino llega por esos lares a tal punto, que cuando la mujer denuncia a los violadores, la confabulación autoproteccionista de los machos desemboca en la acusación de adulterio, que es un delito inapelable. De ahí a la consiguiente lapidación hay solo un paso.

Sakineh Mohammadi Ashtiani, una iraní de 43 años y madre de dos hijos, ha sido acusada de adúltera y de cómplice en el asesinato de su marido. Como es de suponer, nada queda claro ni en contra ni a favor de dichas acusaciones, pero sí queda clarísimo que pretenden lapidarla. La página freesakineh.org ha conseguido ya casi 90.000 firmas en apoyo a su rescate, pero nada le garantiza la salvación. Como ella, otras seis mujeres y tres hombres esperan la misma suerte en esta república islámica que gobierna Mahmud Ahmadineyad. Mientras transcurren acuáticas las vacaciones en este mes de julio de 2010 para tantos billones de occidentales, la lapidación sigue siendo una práctica común de andar por casa en esta Persia milenaria que tan sólo ha cambiado de nombre.

Desde Occidente, y desde nuestro país particularmente, se movilizan grandes masas y grandes esfuerzos porque un equipo de fútbol ha ganado el Mundial; e incluso se recupera la bandera de España, tan vilipendiada por los fascitas, para que la enarbolen todos los españolitos de bien que tengan ahora fe en la Roja -de un bermellón que ya nada tiene que ver que los rojos, claro. Desde Occidente, y desde nuestro país particularmente, se revoluciona la red de redes por un beso esperable entre el mejor portero del mundo y la re-portera más sexy del país, que dicen que son novios. Desde Occidente, y desde nuestro país particularmente, no se hacen grandes esfuerzos, ni gubernamentales ni ciudadanos, para evitar que estas mujeres atrapadas en el hoyo de un país tan lejano de la Democracia en el que vinieron a nacer, por casualidad, se desangren una vez que le partan el cráneo a pedradas, lentamente. Diremos que cada país es soberano y toda esa sarta de gilipolleces. Que esto no es como la Bolsa o el fútbol, que nos compete a todos, claro.

  • Este artículo se publica asimismo en el nº 2.017 del semanario Cambio16.

viernes, 18 de junio de 2010

Saramago, saudade


Ha muerto José, el premio Nobel portugués de la Literatura que siempre se trazó con carboncillo ético, comprometido. Ha muerto Saramago, el escritor tardío que explotó de creacionismo cuando todavía no era tarde para elaborar una magistral obra ética y estéticamente admirable e interesadísima por el Humanismo con mayúscula, por ese afán de conocer al ser humano que le ha llevado a enseñarnos desde la Caverna de Platón hasta la última ráfaga de ese Caín que nuestra cultura maldice y él ha redescubierto como nuestro semejante, nuestro hermano, que dijo hace ya tanto Baudelaire. Este literato lusitano, antes de elaborar un quinto Evangelio según Jesucristo y su enésima novela sobre la ceguera humana, tan tristemente recurrente, había imaginado una Europa empapada de iberismo en naufragio continuo, y tal vez por eso su pensamiento conecta tan bien con nosotros los españoles, porque en su cosmovisión, a pesar de tanta saudade, no existe ningún abismo entre los hermanos que habitamos la Península, o las Islas Afortunadas, en cuyo epicentro espiritual llamado Lanzarote –celda marina y privilegiadamente retirada– ha tanto que gusta de vivir con una sevillana, periodista como él, ahora ya viuda y traductora no sólo de sus palabras.

Descanse en paz.

lunes, 14 de junio de 2010

El asqueroso circo de los niños en la tele

Hay cosas que no tienen gracia, aunque haya quien se ría y quien aplauda. Colocar a un niño en un plató televisivo, que es la cocina fundamental de tanto despropósito social, es un acto malvado que requeriría una justa reprimenda no sólo por parte de las instituciones pertinentes, sino de la sociedad civilizada en su conjunto. Lo que ocurre es que la saturación de tanto mal gusto y la relativización absoluta de la vida en torno a la caja tonta, que todo lo bendice y sacraliza, acaba narcotizándonos hasta límites nunca sospechados. Hay familias que hacen negocio con el chiquillo porque toca el tambor, canta como la Jurado o se tira pedos, y quiero pensar que no las empuja un afán puramente lucrativo, sino una confusa nube de vanidad, irresponsabilidad e inconsciencia. Hay niños que salen en televisiones públicas (insisto en que no son privadas) haciendo los payasos, muchos de ellos sin maldita la gracia y todos sin voluntad para decidir nada, ante las estúpidas carcajadas de la audiencia, incluidos sus progenitores. Qué grande y qué paradójico se hace este sustantivo en tal circunstancia: progenitor. Hace tiempo que todo el mundo sabe que la crisis que sufrimos no es sólo económica. Y no quiero con esto hacer moralina barata, sino denunciar una afrenta contra nuestra sociedad adulta en ciernes, contra lo más valioso, indefenso y tierno que tenemos.


"Me duele este niño hambriento / como una grandiosa espina", dijo Miguel Hernández de aquel chiquillo yuntero que le valió como metáfora universal de la explotación infantil. Hoy podríamos quitar o metaforizar el adjetivo hambriento para seguir actualizando el poema como sentimiento denunciador. En el Tercer Mundo, los niños no conducen yuntas sobre el indomable terrón, sino que apuntan con armas o arman zapatillas para críos pijos de las antípodas. En nuestro Primer Mundo, a nadie parece empacharle que rellenen morbosamente la parrilla de manera insufriblemente rentable. La tele, ese gran invento maquiavélicamente utilizado por los poderosos que consiguen manipularlo a su antojo, se convierte a ratos, cada vez más a menudo, más casi siempre, en un mundo virtual de los adultos desconsolados, frustrados, que cambian lo que podrían hacer en sus vidas por lo que hacen los personajes de la pantalla, sobre todo los esperpénticos prototipos que viven de serlo. Y nadie les enseña a los niños y niñas que el esperpento es el tope al que el ser humano no debería llegar jamás, aunque ello sirva para ganar dinero. Nadie les enseña a los niños que el vil metal, como se llama hipócritamente al dinero, no sirve para doblegar la alta esencia y alta estima en que debe tenerse al género humano. Esto parecen cursilerías, y así nos va.

La Fiscalía Superior de Andalucía, al hilo del caso Marta del Castillo que tantos menores ha llevado y traído, entre chicas de 14 años que se quedan embarazadas o no de asesinos y chavales que cuentan cómo violar lo que haga falta, incluida la ley, ha dicho alto y claro que es "ilegal" la difusión de imágenes en que aparecen menores, voluntariamente o apoyados por sus padres, hablando de hechos delictivos en los que han participado o aportando información suplementaria sobre los mismos. La intervención de la Fiscalía se debe a las apariciones en televisión, y en horario protegido, de dos niñas de 14 años hablando de Marta y motivadas para alimentar el morbo que producen estos hechos. Las menores tuvieron que contestar a preguntas como “si estaba embarazada como consecuencia de las relaciones sentimentales que mantenía con el asesino confeso”, “si le constaba que su ex novio 'le fue infiel' con otras menores”, “si se sentía avergonzada por haber mantenido relaciones con un presunto asesino” y un largo etcétera propio de un cuestionario con alguna zarrapastrosa habitual de los indeseables programas que giran como periodismo sin que entren en la rueda o noria de lo que mínimamente se entiende, académica, creativa y responsablemente, por ello.

La Fiscalía andaluza da un severo toque de atención a los medios de comunicación cuando se llega a los extremos, pero no ataca la semilla, y la regañina me parece infructuosa a la luz de tanta contaminación social, educativa, cultural y por supuesto económica en ese vector indestructible que parece existir entre la televisión y la realidad. Mientras se siga idolantrando absurdamente a personajes por el mero hecho de salir a ese otro lado de la pantalla, sin más, será difícil que la sociedad recrimine estos comportamientos y ampare convenientemente a los niños, incluidos éstos en su transición a la madurez. ¿Qué demonios significará madurez?
  • Este artículo, con el título de "El circo de la tele pide niños", aparece también como apertura de la sección de Sociedad del nº 2.013 del semanario Cambio16.