viernes, 8 de mayo de 2009

Subastadas. De la costilla de Adán a la costilla de la modernidad


Lo de la costilla de Adán, tan bíblica y mítica, pudo ser metáfora misógina que los siglos han vaciado de literalidad hasta convertir el episodio del Génesis en literatura religiosa o entrañable (y desfasada) didáctica. Todo el mundo sabe hoy que la mujer no procede de un hueso del hombre, aunque, metafóricamente hablando, podamos decir que estamos hechos del mismo barro. Las peligrosas son otras costillas que, como también todo el mundo sabe, pueden significar trampas. Y no sólo para pájaros. Me abstendré de usar el término en femenino, no sea que se me tache de apología del machismo lingüístico cuando mi intención es tan otra.

Mi intención es denunciar la triste iniciativa de una discoteca de Granada entre cuya oferta de divertimento vespertino para adolescentes languidece con penumbra propia una pasarela de solteras (de niñas, en puridad) que aspiran a que los chicos las compren, también metafóricamente hablando, con billetes del Monopoly. Cuando Ayuntamiento, Junta y Fiscalía se han echado las manos administrativas a la cabeza, la discoteca ha empujado a su abogado ante las cámaras. El letrado (de letras, qué disparate) ha declarado que se trata de un "juego inocente" y que las subastas no son de verdad. Faltaría más. Las chicas desfilan por un escenario mientras un disk jockey carca, pringoso de feria pueblerina, las anima (las azuza) para que bailen, se contoneen e imiten a los desfasados modelos que modelan a la mujer como mercancía. La ganadora, es decir, la que caiga en la costilla, tiene derecho a un refresco en el reservado con el mejor postor. Puro proxenetismo descafeinado, disimulado, sucedáneo malintencionado.

El invento no es mérito de ningún viejo verde, sino de dos universitarios veinteañeros, que se defienden aduciendo que también han organizado fiestas similares pero con chicos subastados, con lo que quieren liberarse de la escalofriante etiqueta de discriminadores de género, gran tabú en los tiempos que corren. Hoy puedes organizar cualquier barbaridad, pero insiste mucho en hablar de bárbaros y bárbaras, de miembros y miembras. Eso le dará otro color a la cosa. El color de la psicodelia retrógrada que mezcla a nuestros jóvenes, incluso a los buenos, en el batiburrillo televisivo en el que los llamados valores (humanos, humanísticos) son igualmente material reciclable, de ése que se estudia sólo para salir del paso, pero no se memoriza porque hoy la memoria no importa nada.

El asunto es peligroso porque las metáforas, los símbolos y los menores son peligrosos. Las dictaduras, que tanto saben, lo han sabido siempre de sobra. Y por eso se cargan a los poetas. Y esta dictadura nueva del nihilismo ramplón, también. En este sentido, estas fiestas no son vejatorias para las chicas que se muestran o para los niños que pujan, sino para ambos, porque ambos son menores. Y los billetes del Monopoly constituyen metáfora peligrosísima porque el billete de juguete en sí es imagen poetizada del billete de veras al que aspiran y manejarán en pocos años. Por último, la subasta representada también es un peligro público porque simboliza la cosificación del ser humano, su valor de cambio como todo producto de este capitalismo agonizante.

En rigor, lo que los menores, como marionetas de ensayo para esta discoteca que engorda a sus clientes, han de concluir es que todo tiene un valor monetario, de falsa moneda, de moneda de traición o de moneda de veras. Qué más da, si el objetivo es pujar y ganar, como en tantos programas de esta tele nuestra donde unos programas basura se reproducen, retroalimentan y continúan en otros, en un bucle laberíntico de basurero gigante.

Si tal estorcolero virtual (con sus modelos fugaces, vacíos, operados, sin apellidos, instrascendentes, engolosinados en una estética cutre sin ética) inunda la vida, concluiremos nosotros que nos convertimos en basura. Y entonces ya nada importará nada.

  • Este artículo también se incluye en el número 1.955 del semanario Cambio16.

domingo, 3 de mayo de 2009

Casarse con los periódicos


Sandra Marín, de 23 años y de Los Palacios y Villafranca (Sevilla), ha ganado el primer premio en la VIII edición del concurso de Noveles Diseñadores que se organiza en el Encuentro Internacional de Moda Nupcial Puerta de Europa de Madrid. Para confeccionar su vestido, totalmente ecológico, ha utilizado más de 700 hojas de periódico.

Hay un viejo tópico, falso para más señas, que recuerda que el periódico del día anterior no sirve más que para envolver pescado. Nadie ha visto boquerones envueltos en semejante papel. Sin embargo, los periódicos viejos sí tienen otras posibilidades de reciclaje, como la que le ha encontrado Sandra Marín, estudiante de Diseño y Gestión de la Moda en la universidad privada sevillana de Ceade, que no sólo ha construido con ellos un vestido de novia, sino que ha ganado con tal prenda el certamen de diseñadores noveles más importantes del país en este sector. De 115 candidatos, el vestido diseñado y confeccionado por Sandra, expuesto en el pabellón Ifema de Madrid entre el 22 y el 26 de abril, ha sido el mejor, según un jurado formado por la créme de la créme: Juan Duyos, Javier Larrainza y Petro Valverde, entre otros, que también han enseñado sus colecciones en la misma pasarela de Cibeles la semana pasada, junto a otros grandes de la moda española como Elio Berhanyer o Roberto Torretta. Sandra se movió entre ellos como pez en el agua, y consiguió no ser aguja en el pajar, pues brilló con luz propia.

El premio ha dejado a Sandra boquiabierta, no sólo por los 1.100 euros en metálico que se ha llevado, sino por el estand exclusivo que Puerta de Europa le ofrece para la cita del año que viene. Y aún hay más: el director de la marca Novíssima, con 150 tiendas en todo el país y sedes en México y Nueva York, se le acercó en cuanto terminó el desfile para zamparle: “Quiero ayudarte. Tenemos que hablar”. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, al tiempo que descansaba del trabajo intenso que la había mantenido en vela durante tres semanas.

Para la confección del vestido, Sandra ha utilizado unas 740 hojas de periódico en la parte de abajo. Eran hojas del rotativo universitario que sus compañeros de Ceade publican a nivel interno. Tuvo que encolar cada hoja, a brochazo limpio, para conferirles rigidez. Las cosió con cáñamo que le prestó su abuelo. En la parte de arriba, ha aprovechado camisetas viejas, papel transfer y entretela de pabellón. El resultado fue un vestido que hubo de llevar a Madrid en furgoneta, pues es imposible de doblar.

Hace unos días, el director de Novíssima, Isaac Benarroch, la ha vuelto a llamar. Y Sandra, que no sólo quiere dedicarse al sector de las novias, anda más nerviosa que cualquiera de ellas. No ha hecho más que empezar.

El segundo premio también ha recaído en manos de una sevillana: Elisa Muñoz; y el tercero se lo ha llevado el granadino Leandro Cano. No hay tongo; Andalucía está a la cabeza del ingenio que aúna moda y reciclaje.


[Parte de este texto aparece también en forma de reportaje en El Correo de Andalucía del 3/05/2009]

sábado, 25 de abril de 2009

Jóvenes de los que enorgullecerse


Son jóvenes capaces, no como los del JASP que formaban parte de un mundo publicitario que se iba al garete en cuanto se cambiaba de canal, sino competentes en la sociedad real que les ha tocado vivir. Con padres trabajadores, familias corrientes, de mi pueblo, y deberes diarios encomendados por maestros y profesores en colegios públicos, de los que tienen un recreo en el que los chavales juegan al fútbol y comen bocadillos de chorizo o mortadela. No hace tanto que se llevaban una tarde terminando con esmero un trabajo manual con lanas o paneles. No hace demasiado que se desvivían por un examen de química al día siguiente. Parece que fue ayer cuando vieron la nota de selectividad, cuando entraron por vez primera en aquella facultad que no se parecía a las de las películas americanas sino más bien a su instituto pero con más metros cuadrados. Me refiero a los proclamados Jóvenes del Año por el Ayuntamiento de mi pueblo: el bioquímicio Manuel Adrián Troncoso; el matemático Enrique Fernández Nieto; y el físico José Antonio Lay Valera.

El Ayuntamiento, esta vez sí, ha acertado. Son jóvenes y merecen nuestra admiración y nuestro aplauso. No hace mucho que criticábamos en este blog la política palmera del mismo Consistorio consistente en jalear a adolescentes cuyo único mérito era pasear su insufrible ignorancia supina por la tele por la que pasa cualquier hazmerreír o a novilleros cuyo mérito, en todo caso, no coincide con los criterios y expectativas de la inmensa mayoría de los chavales que miran el futuro con ganas de cambiarlo.

Parece ser que, aunque no lo reconozcan nunca, en el Ayuntamiento han tomado buena nota de nuestras consideraciones. Han cambiado el chip. Y nos alegramos.

Estos currículos sí merecen ser espejos para los jóvenes del porvenir, que ya está aquí:

El bioquímico Manuel Adrián Troncoso, de 32 años y casado, trabaja en el departamento de Biología de Plantas de la Universidad de Michigan. Fue Premio Extraordinario en Bioquímica por la Universidad de Sevilla y realizó dos estancias en las universidades de Montreal y Oxford en 2007 y 2008, respectivamente. El año pasado obtuvo una beca predoctoral del Instituto de la Grasa, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su trabajo está enfocado en el estudio de la síntesis de aceites en las plantas para conocer cómo las semillas y otros tejidos fabrican y acumulan los ácidos grasos que forman el aceite y que tienen relevancia tanto en la alimentación como a nivel industrial y energético.

El doctor en Matemáticas Enrique Fernández Nieto, de 32 años, casado y con dos hijos, es profesor contratado en la Universidad de Sevilla. Obtuvo el Premio a la Mejor Tesis Doctoral del Ayuntamiento de Sevilla y ha participado en 14 proyectos de investigación y desarrollo y en 28 publicaciones científicas. La más conocida y divulgada en todo el mundo es su propuesta de modelo matemático para predecir tsunamis y avalanchas submarinas, en la que trabaja desde hace más de cinco años. Cuenta con gran experiencia en organización de actividades de I+D y ofrece charlas a estudiantes de Secundaria Y Bachillerato sobre cómo aplicar las Matemáticas a la vida real.

El físico José Antonio Lay Valera, de 23 años, forma parte desde enero del grupo de investigación de Física Nuclear Básico del Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla para realizar su tesis doctoral, que versará sobre el estudio teórico de reacciones con núcleos exóticos. Este año ha recibido el Premio al Mejor Expediente de su promoción otorgado por la Real Maestranza de Caballería y en 2008 realizó un estudio en el Instituto de Física y Astronomía de Orus, en Dinamarca.

Con gente así, el futuro puede empezar a ser lo que un día imaginamos. Aunque estemos en crisis. Justamente la crisis nos ha depurado de frivolidades. Y saldremos de ella, tarde o temprano, gracias a la innovación de gente como ésta.

martes, 14 de abril de 2009

Emprendedores en tiempos de crisis

Ahora que pintan verdes, en tiempos de vacas flacas y desaceleradas, resuena la cantinela recurrente de que lo que hacen falta en este país son emprendedores. Jóvenes emprendedores, para ser exactos, como si sustantivo y adjetivo formaran la más lógica de las parejas y como si la collerita lloviera del cielo al antojo de las necesidades de cada mercado coyuntural. Ser joven es un valor en alza en los tiempos que vivimos, pero no necesariamente porque el joven tenga la oportunidad de emprender nada, sino por la posibilidad de resultarle rentable a quienes han emprendido previamente un plan de explotación virtual consistente en que el joven cante, baile o bostece frente a la cámara. En las últimas décadas, una mayoría de entre nuestra juventud -al margen de quienes prefieren ser funcionarios para no arriesgar nada- no está pensando en emprender ningún proyecto intelectual o empresarial, sino en colarse en el vagón de cola de algunas ideas tan incosistentes como vulgares y rumbosas para conseguir la oportunidad vital que la aparte de ese verbo tan incómodo de conjugar desde la áurea explosión de nuestra picaresca: trabajar.

La cultura del pelotazo o el pelotazo de dar con una oportunidad de oro aun careciendo de cultura se han fijado en los últimos años como el desideratum juvenil de muchísimos sujetos que pierden el tiempo en las aulas porque tienen la cabeza puesta en las colas de los casting, que han proliferado como la espuma entre los platós de televisión y la calle. Y ahora que la crisis aprieta, aumentan tales colas, como si fuesen el elixir de la esperanza desesperada. Y para recochineo público, resurgen las campañas de imagen de determinados famosos dándoselas de emprendedores de veras. Así, la modelo británica Kate Moss sale en las revistas presentando su nuevo libro de cocina. Sí, la misma modelo que protagonizó escándalos con la coca y que pasa más tiempo escondiéndose de los paparazzis que en la pasarela. La misma que más que probablemente no sabe freír un huevo ni pasarlo por agua ni estrellarlo con espárragos.

Lo de emprender está muy bien entre la gente guapa, que tiene tiempo para todo, después del trabajo, las citas, las poses, las entrevistas y los romances. Después de todo ello, Christina Aguilera diseña joyas y Penélope Cruz diseña ropa. Hasta Isabel Pantoja montó un restaurante antes del pelotazo marbellí, claro. Últimamente, esta gente es la única que emprende y la única que sale en las fotos, mientras crece por cientos de miles la lista del paro entre los demás.

El emprendedor y la I+D+i podrían ser la clave nacional si hubiésemos sembrado suficiente en estos años pasados de vacas gordas aceleradas, pero no ha sido así. Ni siquiera los gobiernos han apoyado la cultura del esfuerzo, el conocimiento crítico y el valor de las ideas autónomas, sino, más bien al contrario, la contracultura de una pseudopedagogía del divertimento, el desconocimiento borreguil y el valor de los planes colectivos alternativos. Verbigracia, la alternativa al botellón para la masa juvenil, que es muy reivindicativa con sus derechos, incluidos los de pasar de curso con cuatro cates.

Ante este panorama, la llegada del nuevo ministro de Educación -y Universidades- al remodelado Gobierno, el filósofo vasco Ángel Gabilondo, se me antoja un fogonazo verde y esperanzador, como aquella ramita machadiana en el olmo seco de nuestro sistema educativo. El nuevo ministro habla ahora de lo que muchos llevamos hablando hace tantos años, de un gran pacto por la educación en España. Imaginamos que se refiere a un acuerdo global para no cambiar el sota-caballo-rey del conocimiento y su adquisición gobierne quien gobierne, para reforzar las clases de lengua española, de matemáticas y de idiomas y para consolidar un nuevo orden estudiantil basado en el gusto por aprender y en la necesidad de hacerlo. Una durísima tarea que emprender, y a contrarreloj.
  • Este artículo aparece también publicado en el número 1.951 del semanario Cambio16.

jueves, 2 de abril de 2009

Cuando Cristo se arranca por bulerías


El poeta José Luis Rodríguez Ojeda, mi compañero en la tarea docente, acaba de parir otro trabajo de los suyos, de palabra contenida y sentimiento a flor de piel. Esta vez fusiona Evangelio y compás.

“Retablo Flamenco de la Vida y Pasión de Jesús” es el periplo artístico de un hombre llamado a revolucionar el mundo a golpe de perdón concebida por el poeta José Luis Rodríguez Ojeda. En el disco, presentado ayer en la Agencia Andaluza del Flamenco, prestan sus voces clásicos del cante como Calixto Sánchez, Gema Jiménez o José Parrondo; sus sones, guitarristas maestros como Manolo Franco o Eduardo Rebollar; y lo mejor de sus talentos, un elenco de músicos que hacen sonar el trabajo a música celeste.

La productora Selene, bajo la dirección musical de Gustavo Olmedo y Eduardo Rebollar, acaba de poner en el mercado este disco oportuno para el Viernes de Dolores. Es la vida de Cristo desde la Anunciación del Ángel a María hasta la Resurrección. Para ello, el verso sobrio y tenaz de Rodríguez Ojeda se desgrana narrativo y fulgurante y se deja acompañar por la prosa contextualizadora de Francisco Robles, que transita entre episodio y episodio, entre palo y palo.

Con 13 temas, la obra comienza en una Anunciación por alegrías gaditanas. La voz aterciopelada del narrador nos coloca en “el frío de un establo” donde “nacía un niño que iba a cambiar aquella Bética donde Roma terminaría rindiéndole honores”. El Nacimiento es un villancico por colombiana, y después viene una nana. Los Campanilleros ponen son a Jesusito perdido y hallado en el templo. Se precipita el quinto tema, una entrada en Jerusalén por tangos, como no podía sonar de otra manera el pálpito del Domingo de Ramos: “Mañana de primavera: / reciben al rey judío; / por eso lleva el gentío /ramas de olivo y palmera”.

El palo de la Última Cena es la malagueña, larga y serena, inquietante junto a un narrador que funde el episodio evangélico con el misterio cofrade desbordado por las calles de nuestro siglo, dos milenios después. En Getsemaní, canta Cristo mismo, aterrado como hombre abandonado ante el cáliz que le ofrece su Padre: “Huerto de Getsemaní, / frondoso jardín de olivos; / qué solo me encuentro aquí, / casi muerto entre los vivos”. Esa soledad de Dios alcanza el cenit en el prendimiento, por soleá lastimera: “Cuando lo van a prender / Jesús le dice al farsante: / Haz pronto lo que has de hacer, / aquí me tienes delante”. Ya toda la Pasión sonará por tientos, tonás y peteneras, ese palo de mal fario para los gitanos y que en este disco sabe a rimada sentencia profetizada: “Qué condena, la más dura; / qué condena, la más fuerte; / y aunque inmensa es mi amargura / esperando estoy la muerte / como dice La Escritura”.

El remate emocional a las doce del Viernes Santo vuelve a ponerlo un narrador que encuentra Esperanza donde el Evangelio mismo pone desesperación. El Condenado no le reprochará al Padre su abandono, sino que pregunta a su Madre: “¿Por qué no me has abandonado?”. Las madres, las batas gitanas que nunca traicionan. En el romance de la calle de la amargura, Jesús canta jondo como un brote de la tierra: “Qué fatiga, qué mareo; / ni doblar podré esta esquina; / negro el horizonte veo / como el fondo de una mina”. El Crucificado canta una saeta desde el Madero, resignado a la voluntad del Altísimo. La primera persona del singular, tan lírica, tan flamenca, tan divina en este caso, rasga el velo del último aguante de quien escucha. Por fortuna, el proyecto de Rodríguez Ojeda, como manda el Evangelio, no termina en el sepulcro, sino en la Resurrección por sevillanas. El palo hispalense para un final esperanzado. “Sus ojos ya siempre abiertos, / cerrada ya toda herida; / no buscadlo entre los muertos. / Es su palabra la vida”. Se corrige así a Lorca, que veía en Sevilla una ciudad para morir. En esta Semana Santa flamenca, Sevilla para vivir.

martes, 31 de marzo de 2009

La política y la televisión

El programa de TVE Tengo una pregunta para usted ha abierto una nueva posibilidad sintáctica y propagandística a la clase política y un nuevo motivo de análisis a los que nos gusta observarlo todo. El formato, ideado para que una representación variopinta de la ciudadanía pueda preguntarle cosas que todos quisiéramos al político de turno a la cara, se estrenó en las vísperas de las pasadas elecciones generales, cuando el torneo se disputaba entre dos claros rivales, los comicios se erigían en el gran espectáculo nacional y el país se dividía entre Rajoy y Zapatero, como en la triste preguerra lo hacía entre Belmonte y Joselito.

El formato funcionó espectacularmente con aquellos dos grandes protagonistas que podían convertirse de un momento a otro en presidente de este país. La audiencia aflojó cuando ya no nos jugábamos tanto. Y, finalmente, el programa de Lorenzo Milá ha querido mantener cierto nivel de éxito aun cuando no toca jugarse nada, tal vez aprovechando la inquietud nacional por esta crisis galopante que nos lleva a mirar expectantes las caras teatralizadas de estos profesionales de la dialéctica pública cada vez más mediáticos y necesitados de medios (y mediaciones).

Y aunque la audiencia ya no responde como antes, en números, digo, lo más preocupante es el nivel de eficacia que estas preguntas y respuestas puedan alcanzar más allá de la pura mejora de imagen que pueda cosechar el político si no patina demasiado. Desde una perspectiva mercantilista, uno puede encontrar el programa de la televisión que pagamos todos como el producto más barato que ha hecho nunca esta empresa pública, con un centenar de periodistas aficionados que son, en rigor, amas de casa, médicos, fontaneros, abogados o maquinistas de ferrocarril; que no cobran un euro, sino cinco minutos de gloria fugaz, y un invitado que tampoco cobra pero que se muestra encantado de que lo llamen.

En la última edición del programa, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que pasaba por segunda vez por el plató, se notaba más hábil en su disposición psicomotriz ante el interrogatorio, pero en sus respuestas revelaba a las claras que no tiene ni idea de las cuestiones minúsculas que les afectan a cada ciudadano o de la micropolítica doméstica que se cuece en cualquier provincia que no suela aparecer demasiado en los telediarios. Normal. Una persona, por muy profesional de la política que sea, no puede estar al corriente de absolutamente todos los temas y de todos los territorios. Para eso, candidato o presidente, cuentan con un extenso equipo de técnicos y asesores que son los que saben, cada cual de su parcela. El candidato es, cada vez más, simplemente una cara bonita que sonríe cuando no sabe qué contestar o que construye circunloquios escapistas y vuelve a sonreír. Una ciudadanía madura debería saber esto, a estas alturas de nuestra democracia treintañera. Entonces, ¿cómo es posible que la gente pregunte todavía con esa cara y esas chuletas de estar ante el Mesías?

Seguramente porque la gente necesita creer en alguien, confiar en que hay otra gente superior que es capaz de hacer magia en vez de política. Y ello, en el fondo, es propio de gente que no confía en sí misma, sino en la milagrería de una clase política que cada vez necesita más de la televisión y menos del conocimiento.

[Este mismo artículo lo publico también en el número 1.950 del semanario Cambio16.]

martes, 24 de marzo de 2009

Morir en Gernika

Morir en Gernika es morir doblemente, en una tragedia grisácea de crueles trazos. Sobre todo si se muere asesinado. O asesinada, como la última víctima de la inquietante violencia de género, ese género de terror que nos espanta una vez cada dos semanas. La mujer asesinada por su marido en el municipio vasco de Gernika, de un navajazo, es la novena víctima a manos de su pareja en lo que va de año, que es poquísimo aún. Tres meses entre nueve muertas dan como resultado tres muertas cada mes, o sea, una cada diez días.

Cada año se van de esta España por esa senda estrecha del asesinato en el hogar unas 70 mujeres, 70 hijas, 70 esposas, 70 hermanas, 70 madres, 70 amigas... a las que jamás se les pasó por la cabeza que acabarían así, ensangrentadas de odio en el suelo de cualquier arrebato.

Pero morir así en Gernika, símbolo picassiano de la guerra civil en que nos matamos tantos hermanos, es revivir ese cuento triste y gore de la inexplicable crueldad humana. En Gernika no tuvieron piedad aquellos aviones aliados de Franco. Ensayaron a fondo. Se emplearon sin miramientos. Y Pablo Ruiz convirtió aquella pesadilla representativa en arte permanente aunque viajero, de Francia a Nueva York, de Nueva York a Madrid cuando de las bombas no quedaba sino un recuerdo cenizoso.

Esta muerte doméstica y cutre, de posguerra navajera, de marido pringoso y gritos apagados nos recuerda que no estamos tan lejos del horror, que el miedo a nosotros mismos, lupus tremendo, es un bucle peligroso que pega coletazos en el instante más insospechado. ¿Quién nos defenderá de este azaroso demonio?

domingo, 22 de marzo de 2009

Uta Geub


No recuerdo el instante en que la conocí, pero fue en Sanlúcar de Barrameda, en aquellos meses en que yo periodista pasaba del vespino que me había llevado mi padre al Ibiza que pude comprarme y que todavía tengo. Recuerdo que estaba nublado y que yo iba y venía de Chipiona, pues me encargaba por entonces de la información que generaba aquel pueblecito marinero que se masificaba en verano pero que durante el resto del año adquiría una pátina fantasmal, con sus gaviotas y su playa solitaria. Un día, Uta exponía en la sala El Chusco, pues su cartel había sido elegido para anunciar el Carnaval chipionero. Estaba exultante; le habían confiado el pregón pictórico de una fiesta tan importante para aquellas gentes a una alemana que no hacía ni un año que acababa de llegar. Sería el año 2002. Vino conmigo en el coche, posó para las fotos, le hice preguntas que ella contestó en su español barbarizado y tomamos luego una copa en Sanlúcar. Ya en la redacción, como no me habían quedado claras sus declaraciones, me inventé el reportaje, pero salió bonito. A ella le encantó y al público, sorprendido por los colores provocativos de aquella alemana blanca como un ángel del otro mundo, también. Aún recuerdo que tildé su pintura de cubista y pop, y tales calificativos siguen jugando a su favor en las páginas de los periódicos nacionales donde sale ahora, siete años después.

El mérito de Uta es haber conseguido un nombre en la sociedad andaluza en un tiempo récord. Sólo en 2009 ha sido la autora del cartel de las Fiestas de Primavera de Sevilla, del calendario que edita el Ateneo (cuya Cabalgata también anunció el año pasado) y del Salón Internacional del Caballo (Sicab). Además, ha expuesto en decenas de salas, bodegas y galerías de todo el país y ha salido en portada en los principales periódicos que todos conocemos. Y todo ello, ella sola, sin enchufes, sin conocidos, sin amigos, sin papás, sin trampa ni cartón, ni siquiera usa maquillaje. Doy fe de su sencillez semivegetariana, de verduras, aceite y pescado.



Mucho antes de su fama, cuando arribó por Sanlúcar y nos conocimos, estuve varias veces en su casa, con su marido -Joaquín-, otro alemán, simpático en su seriedad aunque menos sociable que ella. Los tres disfrutamos de algunas comidas caseras, con mucha pimienta, y de alguna que otra salida al Barrio Alto, a aquellos bares regados con manzanilla...


Cuando me vine de Sanlúcar, me olvidé de sus puestas de sol, de sus polémicas políticas, cofrades y urbanísticas, de sus carreras de caballos, de sus alfombras de sal, de sus personajes en la plaza del Cabildo, de los pesados que nos daban la lata en el periódico, de las maquetas que utilizábamos para las portadas, de aquéllas que terminábamos a medianoche los viernes, mientras Marina me llamaba antes de irse a la cama... Me olvidé de todo lo olvidable, pero Uta siguió llamándome de vez en cuando, escribiéndome... Incluso me regaló, uno de mis últimos días por allí, un cuadro de un elefante negro que cada día se cotiza más.

Ayer almorzó con nosotros, en mi pueblo, un arroz caldoso con carabineros que nos sirvió para recordar viejos tiempos y soñar con los nuevos. Uta es admirable por su perseverancia a prueba de bodegueros, constructores, políticos y capillitas, a los que nunca les interesó el arte sino la pose con una pintora exótica. Ella, en cambio, aprovechó algo de cada uno de ellos y se impulsó como en un trampolín hasta conseguir un digno puesto en la pintura contemporánea.

viernes, 20 de marzo de 2009

La primavera y Marta


Ahora que hasta los alérgicos reconocen que germina la vida a borbotones -la sabia por los troncos, las flores por las ramas, la sangre por las venas-, el alma de Marta del Castillo otea desde el cielo su cuerpo maltratado. Lo buscan por el río, por el lodo, por las alcantarillas, por los basureros, pero sólo su alma sabe dónde está. La macabra adivinanza de los asesinos sobrevuela la amargura de la familia y de una sociedad entera que no termina el duelo hasta que no entierra el cuerpo, esa cárcel que decían los místicos y que ya no vale nada.

Marta estaba en la flor de la vida y ahora ya es ceniza, pasto de las llamas de la violencia, el rencor, la lascivia y otros desechos peores. La vimos con su ropa rosa, con su sonrisa de invitada a la boda, con su carcajada de parque temático, todo lo que unos asesinos que ella pensó que merecían la pena le arrebataron de un ebrio mordisco. Tanto todo para nada, han debido de pensar los suyos.

Ahora conviene más que nunca creer que la persona es, sobre todo, el alma, una sutil mariposa que escapa del cuerpo cuando éste se deshace definitivamente... Pero a los padres de Marta les costará lo suyo creerlo, ahora que las mariposas y las hadas llenan de azul el aire y arrulla el Guadalquivir desde Cazorla, ahora que las estrellas se amontonan cada noche y ella ya no está en casa.

No lloréis por ella. Marta está en la luna.

viernes, 13 de marzo de 2009

Milagros



"Respeto a todos y pido a todos que me respeten. Yo no he hecho nada malo; todo lo que he hecho es salvar la vida a mi hijo", ha dicho Soledad, más acompañada que nunca por su familia al completo, sin que faltase nadie: ni su marido, ni su hijo Andrés, afectado durante sus siete años de vida por una anemia congénita severa incurable, ni su pequeño Javier, un bebé nacido el pasado mes de octubre tras ser seleccionado genéticamente para que la sangre de su cordón umbilical fuera compatible con su hermano, al que acaba de salvar. Hoy han sido portada en muchos medios de comunicación.


Enfrente, esta familia andaluza ha tenido a la Iglesia Católica, cuyo sector más recalcitrante ha demonizado el asunto -no quiero pensar que a ninguno de los niños- por insistir en la teoría de que el ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para conseguir otro objetivo, aunque éste sea algo positivo. La sencillez de la madre, en esa declaración -"Yo no he hecho nada malo"- que ha dado la vuelta al mundo, tumba las teorías teológicas de unos señores que no tienen niños, ni se casan y, sin embargo, andan a diario con la matraca del sexo y sus derivados, como si de una obsesión milenaria se tratase desde los tiempos de la pecadora Eva.


Antes de seleccionar genéticamente a su hermano, Andrés, cuya esperanza de vida rondaba los 25 años, tuvo que esperar a que le dijesen que ninguno de entre los 11 millones de donantes censados en el mundo era compatible con él. Mala suerte. Parece ser que la Iglesia hubiera aceptado gustosa su muerte antes que consentir el nacimiento de un hermanito que, de camino, supusiese su salvación. Su única salvación. El argumento ya lo saben, ya lo sabemos: es inmoral la selección de embriones para conseguir un fin, ya que el ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para conseguir otro fin... como el recuerda inserto en aquellos cuadritos que nos estudiábamos para el examen de cada lección.


Una cosa es la teoría y otra la vida de veras. La Iglesia, que tanto sabe, debería saberlo. Los expertos moralistas de la Iglesia deberían haberse arrepentido de sus seguridades teologales cuando han oído a esta madre decir que ella no ha hecho nada malo, con esa ingenuidad de niña grande asustada por los cuervos. La mujer ha insistido, para más inri, en que albergaba deseos de tener otro hijo, por lo que el nuevo bebé no ha nacido para curar a su hermano, sino por puro deseo de sus progenitores. Otra cosa es que, para matar dos pájaros de un tiro -o para que vivan todos los pájaros, caray- se haya seleccionado genéticamente el embrión del chiquillo para que sirviera en una causa mayúscula: la de la vida de su propio hermano.


Cuando la Iglesia se empeña en defender la vida, incluso en esos casos tan extremos y delicados de aborto, puede ser entendida. Pero cuando la vida lucha por hacerse un hueco y se encuentra con estos oscurantismos desde el Vaticano, la institución se encarga de perder fieles a mansalva, atónitos ante su apego radical a las teorías y su desapego a los milagros divinos que se obran hoy en manos de los científicos más iluminados. Supongo que los artífices de esta crítica eclesial no esperarán que venga Cristo para imponer las manos. Ya se las impuso, con barro, a los ciegos de su época, y también Cristo fue tachado de hereje por el sistema religioso imperante en aquel momento. Cristo, el mismísimo Dios hecho Carne, que había venido para que los ciegos viesen, los cojos anduviesen y a los pobres se les anunciase el Reino de los Cielos...


Es sorprendente el uso de la lógica y la teoría moral que hace una institución cuyos fundamentos no están en la lógica ni en la moral, sino en la pura fe. Los padres de este superviviente han tenido fe en el Espíritu Santo que en el siglo XXI decide actuar por medio de los médicos, a los que utiliza, por cierto, como instrumentos. Los médicos, encantados de ser instrumentos del bien. Si la Iglesia está en desacuerdo, que venga el Papa de Roma y mire a Andrés a los ojos, fijamente, y le diga lo que le tenga que decir.
  • Extracto del artículo que publico también en el número 1.947 del semanario Cambio16.