domingo, 21 de junio de 2009

La fórmula del éxito


Hay quienes tienen una desgraciada fijación en empezar la casa por el tejado y en creer que las lujosas mansiones que ven a su alrededor han conseguido su halo mágico con un par de cortinas y una baranda en la puerta. Y esto es porque la frivolidad y la cultura del no esfuerzo imperantes han hecho trizas la antigua percepción que teníamos de la progresión y la voluntad diaria. Los adolescentes de hoy en día, cuya edad se alarga inexplicable e inquietatamente hasta más allá de los treintaytantos, ven sólo los productos finales del capitalista mercado del espectáculo pero no las estrategias, medios, casualidades y trabajos sin fin que hubieron de pasar para convertirse en tales. Un ejemplo que ilustra esto que digo es el galáctico futbolista Cristiano Ronaldo y la pasión que levanta en las masas, hasta el punto de costar en el mercado 94 millones de euros. Lo ha pagado el Real Madrid, y mientras para unos hipócritas moralizantes supone el colmo de la desvergüenza en los tiempos que corren, para otros ha contribuido a engrandecer el mito del chulo con pendiente que es este niño salido de una chabola de la portuguesa isla de Madeira. El club con más necesidad de restablecer su imagen vapuleada por el eterno rival catalán ha pagado tal cantidad de euros porque espera firmemente recuperarla con creces, de modo que en un sistema capitalista como en el que nos seguimos moviendo no hay cantidad desproporcionada si genera una cantidad mayor. El riesgo de perderlo todo es el clásico riesgo de este clásico sistema. Por otro lado, el mito se engrandece para los boquiabiertos admiradores de Cristiano porque no se paran en estas consideraciones, sino que piensan que la capacidad futbolística del muchacho es pura magia irrepetible.

Ni una cosa ni la otra. El futbolista puede lesionarse o echarse a perder en un Madrid posmoderno que le tiente con sus frescos racimos. De hecho son dos posibilidades probables. Y el club blanco puede maldecir su apuesta, que intentará salvar en todo caso por medio de los milagros de la publicidad y otros juguetes de la imagen, como ya hizo con Beckam, que por poco que jugaba ingresaba mucho. El hecho de que cueste muchos euros su traspaso no es directamente proporcional con su duradera proyección futbolística.

En cualquier caso, más allá de estas fórmulas que los directivos del fútbol se saben bien para no perder en ningún caso, me llama la atención la falaz fórmula del éxito que la chiquillería anónima vislumbra en el jugador. No saben hasta qué punto un jugador de este tipo hoy en día es un producto fugaz, que se entiende por las conveniencias de la política futbolística -un mercado que genera más dinero que cualquier otro- y también por el continuo afán de superación del muchacho que viene de abajo y atisba la posibilidad cierta de convertirse en el mejor porque sus facultades físicas y su coraje lo acompañan. Lo hemos visto en el Ronaldihno que se dejaba acompañar por su mamá, en el Ronaldo que vino de lo más profundo de las favelas brasileñas y en aquel Maradona que se hechizó a sí mismo con su capacidad de regate fulgurante. Y no sólo en fútbol. Manolete también subió con su madre, Angustias, hasta tocar el cielo de la tauromaquia en aquellos años de la miseria superada en los ruedos; Rocío Jurado iba con su madre a las interviús de las radios españolas en los cincuenta; Carmen Amaya hizo una candela en la suite del mejor hotel neoyorquino; y los creadores de Google empezaron con un ensayo entre amigotes. La fórmula del éxito es también la fórmula de la suerte, y por eso no está escrita. Pero esta fórmula, aunque se resuelva en casos como los citados, no supone tampoco la felicidad de un ser humano, que se basta con la salud, algunos caprichitos y un corazón que viva también por ti, como adivinó Pedro Salinas. Ahí está Villa, diciendo que lo está pasando mal porque no se resuelve la fórmula de su fichaje. Yo he visto a muchos pasándolo bien con una birra y viendo sus golazos.

  • Este artículo aparece también en el nº 1.963 del semanario Cambio16.

domingo, 7 de junio de 2009

Alivio

Ya sé que algunos de los seguidores de este blog habrán pensado durante las dos últimas semanas que me ha debido de ocurrir algo gordo como para que no me dejara caer por aquí con artículos sobre esta actualidad que cada día parece más acuciante. Los habrá, entre los seguidores del blog, digo, que hayan echado de menos mis escritos; que hayan sentido alivio por mi silencio; o que se hayan interrogado por las causas del mismo. Para todos tengo una misma respuesta, con razón o sin ella: el final de mi tesis doctoral me ha ocupado todos los segundos de mi tiempo libre (de ése que me queda tras las ocupaciones laborales y personales). Por fin tengo sobre la mesa el tomo de 538 páginas de la tesis doctoral que leeré cuando me pongan fecha. Seguramente entre septiembre y octubre. Me hubiera gustado leerla ya, pero la logística que obliga a reunir en la Facultad de Comunicación de Sevilla a varios catedráticos de Madrid y Málaga, además de otros profesores de aquí, hace que las cosas de esta índole sean como las de palacio, es decir, que van despacio. Al menos yo ya siento el alivio de la obra acabada. Mi tesis se cubrirá ligeramente de polvo durante el verano a la espera de ser leída en público. Pero ya no le cambiaré una coma. Se titula El artículo periodístico de Joaquín Romero Murube como base fundamental de su obra.
Y ahora, a otras cosas, mariposas.

martes, 19 de mayo de 2009

La aventura de Belmonte

Estoy leyendo estos días, a salto de mata pero con entusiasmo singular, la biografía novelada que el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944) escribió sobre su paisano el torero Juan Belmonte, el hijo de un quincallero pobre de Triana que se alzó sobre su miseria a base de capotazos nocturnos a las vacas y que terminó encumbrado a la categoría de mito por el pueblo mismo. Juan, que acabaría suicidándose de un escopetazo en su finca de Utrera cuando ya rondaba los setenta y llevaba décadas retirado, era un hombre de pocas palabras. De modo que es fácil advertir que el proceso de elaboración de esta biografía que se lee como una novela consistió en cuatro comentarios sueltos del Pasmo y de una imaginación portentosa y aupada en la verosimilitud, el antirretoricismo y el sentido común que le sobraba al reportero.

Aunque ni siquiera he llegado aún a la mitad del libro, ya tengo un par de cosas más claras que nunca, a saber: que el nuevo periodismo que vendieron décadas después los norteamericanos liderados por Tom Wolfe como la alquimia genial de unos cuantos de los suyos había sido inventado al menos medio siglo antes en nuestro país, y no sólo por Chaves Nogales; y que mis razones para ser antitaurino no son tan descabelladas. Para ambas cosas no hace falta más que sumergirse en la lectura de Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas.

La aventura vital de Belmonte, enclenque chiquillo en la calle San Jacinto que terminará por revolucionar el toreo y por partir en dos la historia misma de la tauromaquia, es la aventura de un antihéroe de novela moderna, de un Lázaro hambriento que constata en efecto que "más cornás da el hambre", como sentenció un colega. Belmonte es protagonista en carne propia de la falta de oportunidades, de la miseria, de la desgracia, del desamparo, pero también del tesón, de la voluntad, de la imaginación y del coraje para triunfar. Si no hubiera sido torero, habría encontrado el éxito en otra parcela, porque desde su tierna infancia se enfrenta a la insoportable realidad prosaica que se empeña en aniquilarlo. Él mismo confiesa, en la década de los años treinta del pasado siglo, que en su infancia los niños jugaban al toro como luego lo hacían al fútbol.

Son inolvidables las páginas de Chaves Nogales en las que cuenta el primer recuerdo del niño Juanito, la muerte del Espartero, un torero de principios de siglo al que mata un toro; su insaciable sed de aventuras en lecturas interminables; su periplo desde Triana a Cádiz, bajo soles maleducados, dehesas interminables y gente inmisericorde; o sus primeros intentos de sobresalir por encima de ridículos señoritos que pisoteaban a torerillos cuya dignidad era más grande que sus cuerpecillos vapuleados por los cuernos.

Hoy me van a traer las Obras Completas de Chaves Nogales. Continuaré.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La res pública

El chulo del barrio, el más pegón, el que chapurreaba más palabrotas y más iba de gallito, nos enseñó en nuestra tierna infancia aquella setencia barriobajera de que lo que es de todos no es de nadie. Paradoja sin gusto que se ejercita en las malandanzas vespertinas de los niñatos que van dando patadas sin ton ni son y en las fechorías de otros mayorcitos a los que la noche confunde más de lo que todos quisiéramos. Todos los que hemos comprendido, definitivamente, que la res de todos, la cosa pública, es aún más propio que lo particular, pues en ella confluimos socialmente con uso individual y repetitivo. Sólo en la medida en que cuidemos lo de todos podremos convivir cómodamente, con garantías de bienestar auténtico, ese concepto que se tambalea cada vez que soplan vientos de crisis gruesa. Esta misma reflexión han debido de hacer los mandamases del municipio alicantino de Novelda, cuyo Ayuntamiento ha colocado los precios a cada pieza del mobiliario urbano. Una palmera, 1.800 euros; una papelera, 250. Etcétera.

Cada año los destrozos en el mobiliario urbano cuestan a estas arcas municipales 85.000 euros. Poco me parece para lo que estoy acostumbrado a ver por Sevilla y provincia. Ahora se confía en que los destrozones lean, pero es probable que esta gente no sepa leer, o no quiera, porque no mola o no hay ganas. O porque no es obligatorio fuera de las clases de Lengua. La Literatura es para algunos un coñazo pedante o un rato de sopor algunas mañanas en el aula. Así que dudo de la eficiencia de la medida, que, además del precio de cada elemento, ha ideado frases como éstas: "Bancos: en ellos te diste tu primer beso" o "Farolas: nos devuelven los colores que perdió la noche". Greguerías a prueba de bomba.

domingo, 10 de mayo de 2009

La vergüenza nacional

Cedo con gusto esta entrada al maestro Manuel Vicent (El País, contraportada, 10/05/2009).
Y esta vez, ni pincho ni corto.

"Freír buñuelos ¿es un arte o un oficio? Llamar arte a la destreza de pasarse a un toro por la tripa manipulando una tela es un despropósito, por mucho que los aficionados valoren esos lances, y al despropósito se añade la degradación e incluso la ignominia si el ministerio de Cultura equipara ese oficio a la labor de los poetas, pintores, músicos, bailarines o actores insignes, premiando cada año con una medalla similar al torero de turno. Recientemente ha habido un pique entre matadores. Dos de ellos, que se creen ese cuento, han devuelto la medalla al ministro de Cultura, al sentirse agraviados en su arte porque también le ha sido concedido a un colega mediocre cuya fama se debe sólo a la prensa del corazón. A lo largo de la historia la cultura en España ha sufrido una continua humillación a través de la incuria popular, la falta de medios y el desinterés de los políticos, pero ninguna caída es comparable al hecho de que el ministerio haya elevado oficialmente a la categoría de arte la tortura de un animal, que se ofrece al público como espectáculo. No son estos toreros celosos, sino los pintores, músicos, actores y poetas premiados quienes deberían remitir a la ministra de Cultura la medalla ahora degradada al tener que compartirla con el oficio de sacrificar toros diestramente a navajazos."

viernes, 8 de mayo de 2009

Subastadas. De la costilla de Adán a la costilla de la modernidad


Lo de la costilla de Adán, tan bíblica y mítica, pudo ser metáfora misógina que los siglos han vaciado de literalidad hasta convertir el episodio del Génesis en literatura religiosa o entrañable (y desfasada) didáctica. Todo el mundo sabe hoy que la mujer no procede de un hueso del hombre, aunque, metafóricamente hablando, podamos decir que estamos hechos del mismo barro. Las peligrosas son otras costillas que, como también todo el mundo sabe, pueden significar trampas. Y no sólo para pájaros. Me abstendré de usar el término en femenino, no sea que se me tache de apología del machismo lingüístico cuando mi intención es tan otra.

Mi intención es denunciar la triste iniciativa de una discoteca de Granada entre cuya oferta de divertimento vespertino para adolescentes languidece con penumbra propia una pasarela de solteras (de niñas, en puridad) que aspiran a que los chicos las compren, también metafóricamente hablando, con billetes del Monopoly. Cuando Ayuntamiento, Junta y Fiscalía se han echado las manos administrativas a la cabeza, la discoteca ha empujado a su abogado ante las cámaras. El letrado (de letras, qué disparate) ha declarado que se trata de un "juego inocente" y que las subastas no son de verdad. Faltaría más. Las chicas desfilan por un escenario mientras un disk jockey carca, pringoso de feria pueblerina, las anima (las azuza) para que bailen, se contoneen e imiten a los desfasados modelos que modelan a la mujer como mercancía. La ganadora, es decir, la que caiga en la costilla, tiene derecho a un refresco en el reservado con el mejor postor. Puro proxenetismo descafeinado, disimulado, sucedáneo malintencionado.

El invento no es mérito de ningún viejo verde, sino de dos universitarios veinteañeros, que se defienden aduciendo que también han organizado fiestas similares pero con chicos subastados, con lo que quieren liberarse de la escalofriante etiqueta de discriminadores de género, gran tabú en los tiempos que corren. Hoy puedes organizar cualquier barbaridad, pero insiste mucho en hablar de bárbaros y bárbaras, de miembros y miembras. Eso le dará otro color a la cosa. El color de la psicodelia retrógrada que mezcla a nuestros jóvenes, incluso a los buenos, en el batiburrillo televisivo en el que los llamados valores (humanos, humanísticos) son igualmente material reciclable, de ése que se estudia sólo para salir del paso, pero no se memoriza porque hoy la memoria no importa nada.

El asunto es peligroso porque las metáforas, los símbolos y los menores son peligrosos. Las dictaduras, que tanto saben, lo han sabido siempre de sobra. Y por eso se cargan a los poetas. Y esta dictadura nueva del nihilismo ramplón, también. En este sentido, estas fiestas no son vejatorias para las chicas que se muestran o para los niños que pujan, sino para ambos, porque ambos son menores. Y los billetes del Monopoly constituyen metáfora peligrosísima porque el billete de juguete en sí es imagen poetizada del billete de veras al que aspiran y manejarán en pocos años. Por último, la subasta representada también es un peligro público porque simboliza la cosificación del ser humano, su valor de cambio como todo producto de este capitalismo agonizante.

En rigor, lo que los menores, como marionetas de ensayo para esta discoteca que engorda a sus clientes, han de concluir es que todo tiene un valor monetario, de falsa moneda, de moneda de traición o de moneda de veras. Qué más da, si el objetivo es pujar y ganar, como en tantos programas de esta tele nuestra donde unos programas basura se reproducen, retroalimentan y continúan en otros, en un bucle laberíntico de basurero gigante.

Si tal estorcolero virtual (con sus modelos fugaces, vacíos, operados, sin apellidos, instrascendentes, engolosinados en una estética cutre sin ética) inunda la vida, concluiremos nosotros que nos convertimos en basura. Y entonces ya nada importará nada.

  • Este artículo también se incluye en el número 1.955 del semanario Cambio16.

domingo, 3 de mayo de 2009

Casarse con los periódicos


Sandra Marín, de 23 años y de Los Palacios y Villafranca (Sevilla), ha ganado el primer premio en la VIII edición del concurso de Noveles Diseñadores que se organiza en el Encuentro Internacional de Moda Nupcial Puerta de Europa de Madrid. Para confeccionar su vestido, totalmente ecológico, ha utilizado más de 700 hojas de periódico.

Hay un viejo tópico, falso para más señas, que recuerda que el periódico del día anterior no sirve más que para envolver pescado. Nadie ha visto boquerones envueltos en semejante papel. Sin embargo, los periódicos viejos sí tienen otras posibilidades de reciclaje, como la que le ha encontrado Sandra Marín, estudiante de Diseño y Gestión de la Moda en la universidad privada sevillana de Ceade, que no sólo ha construido con ellos un vestido de novia, sino que ha ganado con tal prenda el certamen de diseñadores noveles más importantes del país en este sector. De 115 candidatos, el vestido diseñado y confeccionado por Sandra, expuesto en el pabellón Ifema de Madrid entre el 22 y el 26 de abril, ha sido el mejor, según un jurado formado por la créme de la créme: Juan Duyos, Javier Larrainza y Petro Valverde, entre otros, que también han enseñado sus colecciones en la misma pasarela de Cibeles la semana pasada, junto a otros grandes de la moda española como Elio Berhanyer o Roberto Torretta. Sandra se movió entre ellos como pez en el agua, y consiguió no ser aguja en el pajar, pues brilló con luz propia.

El premio ha dejado a Sandra boquiabierta, no sólo por los 1.100 euros en metálico que se ha llevado, sino por el estand exclusivo que Puerta de Europa le ofrece para la cita del año que viene. Y aún hay más: el director de la marca Novíssima, con 150 tiendas en todo el país y sedes en México y Nueva York, se le acercó en cuanto terminó el desfile para zamparle: “Quiero ayudarte. Tenemos que hablar”. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, al tiempo que descansaba del trabajo intenso que la había mantenido en vela durante tres semanas.

Para la confección del vestido, Sandra ha utilizado unas 740 hojas de periódico en la parte de abajo. Eran hojas del rotativo universitario que sus compañeros de Ceade publican a nivel interno. Tuvo que encolar cada hoja, a brochazo limpio, para conferirles rigidez. Las cosió con cáñamo que le prestó su abuelo. En la parte de arriba, ha aprovechado camisetas viejas, papel transfer y entretela de pabellón. El resultado fue un vestido que hubo de llevar a Madrid en furgoneta, pues es imposible de doblar.

Hace unos días, el director de Novíssima, Isaac Benarroch, la ha vuelto a llamar. Y Sandra, que no sólo quiere dedicarse al sector de las novias, anda más nerviosa que cualquiera de ellas. No ha hecho más que empezar.

El segundo premio también ha recaído en manos de una sevillana: Elisa Muñoz; y el tercero se lo ha llevado el granadino Leandro Cano. No hay tongo; Andalucía está a la cabeza del ingenio que aúna moda y reciclaje.


[Parte de este texto aparece también en forma de reportaje en El Correo de Andalucía del 3/05/2009]

sábado, 25 de abril de 2009

Jóvenes de los que enorgullecerse


Son jóvenes capaces, no como los del JASP que formaban parte de un mundo publicitario que se iba al garete en cuanto se cambiaba de canal, sino competentes en la sociedad real que les ha tocado vivir. Con padres trabajadores, familias corrientes, de mi pueblo, y deberes diarios encomendados por maestros y profesores en colegios públicos, de los que tienen un recreo en el que los chavales juegan al fútbol y comen bocadillos de chorizo o mortadela. No hace tanto que se llevaban una tarde terminando con esmero un trabajo manual con lanas o paneles. No hace demasiado que se desvivían por un examen de química al día siguiente. Parece que fue ayer cuando vieron la nota de selectividad, cuando entraron por vez primera en aquella facultad que no se parecía a las de las películas americanas sino más bien a su instituto pero con más metros cuadrados. Me refiero a los proclamados Jóvenes del Año por el Ayuntamiento de mi pueblo: el bioquímicio Manuel Adrián Troncoso; el matemático Enrique Fernández Nieto; y el físico José Antonio Lay Valera.

El Ayuntamiento, esta vez sí, ha acertado. Son jóvenes y merecen nuestra admiración y nuestro aplauso. No hace mucho que criticábamos en este blog la política palmera del mismo Consistorio consistente en jalear a adolescentes cuyo único mérito era pasear su insufrible ignorancia supina por la tele por la que pasa cualquier hazmerreír o a novilleros cuyo mérito, en todo caso, no coincide con los criterios y expectativas de la inmensa mayoría de los chavales que miran el futuro con ganas de cambiarlo.

Parece ser que, aunque no lo reconozcan nunca, en el Ayuntamiento han tomado buena nota de nuestras consideraciones. Han cambiado el chip. Y nos alegramos.

Estos currículos sí merecen ser espejos para los jóvenes del porvenir, que ya está aquí:

El bioquímico Manuel Adrián Troncoso, de 32 años y casado, trabaja en el departamento de Biología de Plantas de la Universidad de Michigan. Fue Premio Extraordinario en Bioquímica por la Universidad de Sevilla y realizó dos estancias en las universidades de Montreal y Oxford en 2007 y 2008, respectivamente. El año pasado obtuvo una beca predoctoral del Instituto de la Grasa, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su trabajo está enfocado en el estudio de la síntesis de aceites en las plantas para conocer cómo las semillas y otros tejidos fabrican y acumulan los ácidos grasos que forman el aceite y que tienen relevancia tanto en la alimentación como a nivel industrial y energético.

El doctor en Matemáticas Enrique Fernández Nieto, de 32 años, casado y con dos hijos, es profesor contratado en la Universidad de Sevilla. Obtuvo el Premio a la Mejor Tesis Doctoral del Ayuntamiento de Sevilla y ha participado en 14 proyectos de investigación y desarrollo y en 28 publicaciones científicas. La más conocida y divulgada en todo el mundo es su propuesta de modelo matemático para predecir tsunamis y avalanchas submarinas, en la que trabaja desde hace más de cinco años. Cuenta con gran experiencia en organización de actividades de I+D y ofrece charlas a estudiantes de Secundaria Y Bachillerato sobre cómo aplicar las Matemáticas a la vida real.

El físico José Antonio Lay Valera, de 23 años, forma parte desde enero del grupo de investigación de Física Nuclear Básico del Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla para realizar su tesis doctoral, que versará sobre el estudio teórico de reacciones con núcleos exóticos. Este año ha recibido el Premio al Mejor Expediente de su promoción otorgado por la Real Maestranza de Caballería y en 2008 realizó un estudio en el Instituto de Física y Astronomía de Orus, en Dinamarca.

Con gente así, el futuro puede empezar a ser lo que un día imaginamos. Aunque estemos en crisis. Justamente la crisis nos ha depurado de frivolidades. Y saldremos de ella, tarde o temprano, gracias a la innovación de gente como ésta.

martes, 14 de abril de 2009

Emprendedores en tiempos de crisis

Ahora que pintan verdes, en tiempos de vacas flacas y desaceleradas, resuena la cantinela recurrente de que lo que hacen falta en este país son emprendedores. Jóvenes emprendedores, para ser exactos, como si sustantivo y adjetivo formaran la más lógica de las parejas y como si la collerita lloviera del cielo al antojo de las necesidades de cada mercado coyuntural. Ser joven es un valor en alza en los tiempos que vivimos, pero no necesariamente porque el joven tenga la oportunidad de emprender nada, sino por la posibilidad de resultarle rentable a quienes han emprendido previamente un plan de explotación virtual consistente en que el joven cante, baile o bostece frente a la cámara. En las últimas décadas, una mayoría de entre nuestra juventud -al margen de quienes prefieren ser funcionarios para no arriesgar nada- no está pensando en emprender ningún proyecto intelectual o empresarial, sino en colarse en el vagón de cola de algunas ideas tan incosistentes como vulgares y rumbosas para conseguir la oportunidad vital que la aparte de ese verbo tan incómodo de conjugar desde la áurea explosión de nuestra picaresca: trabajar.

La cultura del pelotazo o el pelotazo de dar con una oportunidad de oro aun careciendo de cultura se han fijado en los últimos años como el desideratum juvenil de muchísimos sujetos que pierden el tiempo en las aulas porque tienen la cabeza puesta en las colas de los casting, que han proliferado como la espuma entre los platós de televisión y la calle. Y ahora que la crisis aprieta, aumentan tales colas, como si fuesen el elixir de la esperanza desesperada. Y para recochineo público, resurgen las campañas de imagen de determinados famosos dándoselas de emprendedores de veras. Así, la modelo británica Kate Moss sale en las revistas presentando su nuevo libro de cocina. Sí, la misma modelo que protagonizó escándalos con la coca y que pasa más tiempo escondiéndose de los paparazzis que en la pasarela. La misma que más que probablemente no sabe freír un huevo ni pasarlo por agua ni estrellarlo con espárragos.

Lo de emprender está muy bien entre la gente guapa, que tiene tiempo para todo, después del trabajo, las citas, las poses, las entrevistas y los romances. Después de todo ello, Christina Aguilera diseña joyas y Penélope Cruz diseña ropa. Hasta Isabel Pantoja montó un restaurante antes del pelotazo marbellí, claro. Últimamente, esta gente es la única que emprende y la única que sale en las fotos, mientras crece por cientos de miles la lista del paro entre los demás.

El emprendedor y la I+D+i podrían ser la clave nacional si hubiésemos sembrado suficiente en estos años pasados de vacas gordas aceleradas, pero no ha sido así. Ni siquiera los gobiernos han apoyado la cultura del esfuerzo, el conocimiento crítico y el valor de las ideas autónomas, sino, más bien al contrario, la contracultura de una pseudopedagogía del divertimento, el desconocimiento borreguil y el valor de los planes colectivos alternativos. Verbigracia, la alternativa al botellón para la masa juvenil, que es muy reivindicativa con sus derechos, incluidos los de pasar de curso con cuatro cates.

Ante este panorama, la llegada del nuevo ministro de Educación -y Universidades- al remodelado Gobierno, el filósofo vasco Ángel Gabilondo, se me antoja un fogonazo verde y esperanzador, como aquella ramita machadiana en el olmo seco de nuestro sistema educativo. El nuevo ministro habla ahora de lo que muchos llevamos hablando hace tantos años, de un gran pacto por la educación en España. Imaginamos que se refiere a un acuerdo global para no cambiar el sota-caballo-rey del conocimiento y su adquisición gobierne quien gobierne, para reforzar las clases de lengua española, de matemáticas y de idiomas y para consolidar un nuevo orden estudiantil basado en el gusto por aprender y en la necesidad de hacerlo. Una durísima tarea que emprender, y a contrarreloj.
  • Este artículo aparece también publicado en el número 1.951 del semanario Cambio16.

jueves, 2 de abril de 2009

Cuando Cristo se arranca por bulerías


El poeta José Luis Rodríguez Ojeda, mi compañero en la tarea docente, acaba de parir otro trabajo de los suyos, de palabra contenida y sentimiento a flor de piel. Esta vez fusiona Evangelio y compás.

Retablo Flamenco de la Vida y Pasión de Jesús” es el periplo artístico de un hombre llamado a revolucionar el mundo a golpe de perdón concebida por el poeta José Luis Rodríguez Ojeda. En el disco, presentado ayer en la Agencia Andaluza del Flamenco, prestan sus voces clásicos del cante como Calixto Sánchez, Gema Jiménez o José Parrondo; sus sones, guitarristas maestros como Manolo Franco o Eduardo Rebollar; y lo mejor de sus talentos, un elenco de músicos que hacen sonar el trabajo a música celeste.

La productora Selene, bajo la dirección musical de Gustavo Olmedo y Eduardo Rebollar, acaba de poner en el mercado este disco oportuno para el Viernes de Dolores. Es la vida de Cristo desde la Anunciación del Ángel a María hasta la Resurrección. Para ello, el verso sobrio y tenaz de Rodríguez Ojeda se desgrana narrativo y fulgurante y se deja acompañar por la prosa contextualizadora de Francisco Robles, que transita entre episodio y episodio, entre palo y palo.

Con 13 temas, la obra comienza en una Anunciación por alegrías gaditanas. La voz aterciopelada del narrador nos coloca en “el frío de un establo” donde “nacía un niño que iba a cambiar aquella Bética donde Roma terminaría rindiéndole honores”. El Nacimiento es un villancico por colombiana, y después viene una nana. Los Campanilleros ponen son a Jesusito perdido y hallado en el templo. Se precipita el quinto tema, una entrada en Jerusalén por tangos, como no podía sonar de otra manera el pálpito del Domingo de Ramos: “Mañana de primavera: / reciben al rey judío; / por eso lleva el gentío /ramas de olivo y palmera”.

El palo de la Última Cena es la malagueña, larga y serena, inquietante junto a un narrador que funde el episodio evangélico con el misterio cofrade desbordado por las calles de nuestro siglo, dos milenios después. En Getsemaní, canta Cristo mismo, aterrado como hombre abandonado ante el cáliz que le ofrece su Padre: “Huerto de Getsemaní, / frondoso jardín de olivos; / qué solo me encuentro aquí, / casi muerto entre los vivos”. Esa soledad de Dios alcanza el cenit en el prendimiento, por soleá lastimera: “Cuando lo van a prender / Jesús le dice al farsante: / Haz pronto lo que has de hacer, / aquí me tienes delante”. Ya toda la Pasión sonará por tientos, tonás y peteneras, ese palo de mal fario para los gitanos y que en este disco sabe a rimada sentencia profetizada: “Qué condena, la más dura; / qué condena, la más fuerte; / y aunque inmensa es mi amargura / esperando estoy la muerte / como dice La Escritura”.

El remate emocional a las doce del Viernes Santo vuelve a ponerlo un narrador que encuentra Esperanza donde el Evangelio mismo pone desesperación. El Condenado no le reprochará al Padre su abandono, sino que pregunta a su Madre: “¿Por qué no me has abandonado?”. Las madres, las batas gitanas que nunca traicionan. En el romance de la calle de la amargura, Jesús canta jondo como un brote de la tierra: “Qué fatiga, qué mareo; / ni doblar podré esta esquina; / negro el horizonte veo / como el fondo de una mina”. El Crucificado canta una saeta desde el Madero, resignado a la voluntad del Altísimo. La primera persona del singular, tan lírica, tan flamenca, tan divina en este caso, rasga el velo del último aguante de quien escucha. Por fortuna, el proyecto de Rodríguez Ojeda, como manda el Evangelio, no termina en el sepulcro, sino en la Resurrección por sevillanas. El palo hispalense para un final esperanzado. “Sus ojos ya siempre abiertos, / cerrada ya toda herida; / no buscadlo entre los muertos. / Es su palabra la vida”. Se corrige así a Lorca, que veía en Sevilla una ciudad para morir. En esta Semana Santa flamenca, Sevilla para vivir.