sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexión de reyes para fin de año


A estas alturas de la Historia, de la nuestra y de la que estudiábamos en Sociales, a uno no le quedan ánimos para ponerse a favor o en contra de la Monarquía como sistema de gobierno o sistema de escaparate institucional. Más bien le parecen invevitabilidades históricas de las que merece la pena extraer sólo lo positivo. Mientras las rotativas de los periódicos pintaban la imputación de Urdangarín, presunto ladrón de guante cortesano, yo me empapaba gustosamente en el Museo del Prado de tantas joyas pictóricas como puso al alcance de todos, sin pensar siquiera democráticamente y sin pretenderlo, tal vez el peor rey que España ha sufrido como país: Fernando VII. Lo inauguró en noviembre de 1819, después de cargarse la Pepa y sólo unos meses antes de que Riego lo volviera a echar a él. Fernando VII, ese inútil, pagó de su bolsillo la creación de este museo que en tiempos de su hija, la desdichada Isabel II, se nacionalizó y emprendió un camino de altibajos, temblores, adquisiciones y ampliaciones hasta llegar tan atractivo a nuestra posibilidad de disfrute al módico precio de 12 euros.

No es mala manera de terminar el año acomodarse frente a un lienzo de Velázquez, Fortuny o Rafael para dejarse atrapar por la magia del pincel que ha sobrevivido tantos siglos e indagar en las casualidades históricas -robos, pirateos, adquisiciones legales e ilegales, encargos, regalos y herencias de por medio- que hicieron posibles que nuestro Museo se haya convertido, a lo tonto y sin exagerar, en una de las mayores pinacotecas del mundo.

Si el peor rey nos legó este impagable monumento, es probable que este rey de ahora nos tenga reservadas otras sorpresas tan divertidas como memorables en un futuro. El monarca que nos sacó del aprieto de Tejero había quedado en las últimas navidades como caricatura de sí mismo en ese Mensaje que nadie escuchaba, salvo este año por las veleidades del yernazo. Del que le quedaba, porque el otro se hizo el huidizo por las rendijas enfermizas del divorcio. La nuera, sacrificada periodista cuyo repentino exitazo sorprendió a la mismísima Ana Blanco de TVE, nos aupó al pueblo llano a la posibilidad palpable que siempre nos contaron los cuentos de hadas. Y ahora las nietas del rey vuelven a brindarnos la posibilidad novelera de otra encrucijada en torno a la ley sálica, si no cambia la Constitución tan rápidamente como lo hizo hace unos meses para combatir el mal del déficit, en un fin de semana.

Ocho millones y pico es pura chatarra para tanto material literario. Y más ahora que nos la dan contabilizada, sin misterios elucubradores. Por eso vaticino larga vida al rey y feliz año nuevo. Lo demás vendrá solo.


lunes, 19 de diciembre de 2011

La edición que los relatos de Miguel Roldán merecieron desde un principio

El libro lo presentamos mañana martes, a las 20.00 horas, en la casa hermandad de El Rocío de Los Palacios y Vfca. Creo que es una joyita literaria cuyo aroma hemos de expandir. Lo siento como un compromiso.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

MIGUEL ORTEGA: otro Hijo Predilecto en mi pueblo

Decir que Miguel Ortega lleva toda su vida cantando no es una figura retórica, sino la pura verdad. Debutó con sólo cuatro años en la peña Juan Breva de Málaga, delante de serios cabales y apadrinado por su paisano Paco Cabrera. Entonces ni el pequeño Miguelito ni sus padres imaginaban que iba a ganarse la vida gracias al flamenco ni que 30 años después iba a conseguir el mayor galardón del género en el universo cantaor: la Lámpara Minera del Festival Nacional de La Unión (Murcia). Pero la consiguió el año pasado, y tal logro lo ha impulsado de tal forma que ha logrado dejar de cantar patrás, como se dice en el argot flamenco, para ser un artista cotizado.

Su rostro se ha puesto de moda, a su pesar, porque el Ayuntamiento de La Unión, presidido por el alcalde, Francisco Mª Bernabé (PP), protagonizó un encontranazo mediático con el cantaor palaciego al negarse a pagarle el premio -15.000 euros-, lo que llevó a Ortega a denunciar a los organizadores del célebre festival en la prensa y en los juzgados, hasta conseguir cobrar. Otros artistas premiados en la edicion de 2010 no cobraron el importe de sus premios hasta que él no hizo pública la situación. Incluso anunció este verano que ha compuesto un fandango referente a este asunto. El artista fue vetado de la siguiente edición del festival, a pesar de que la tradición manda que el ganador de la Lámpara inaugura las actuaciones del festival del año siguiente. "Siento gran impotencia porque somos artistas y de política no entendemos nada", dijo Ortega.

Curiosamente, ha sido el grupo municipald el PP de Los Palacios quien llevó la moción al pasado pleno de nombrar a Miguel Ortega Hijo Predilecto, propuesta que fue votada por unanimidad, incluso por un PSOE que cuando gobernaba en la anterior legislatura ni siquiera dispensó un recibimiento al artista tras haber sido proclamado la revelación del año en La Unión y aplaudido como tal en todos los medios de comunicación del país. Ser profeta en su tierra es, sin duda, lo más difícil. Otros artistas de la talla de Juan Peña El Lebrijano, de 72 años, han conseguido el mismo reconocimiento muy recientemente. Miguel Ortega acaba de cumplir 35.

El cantaor palaciego, que comenzó su trayectoria en colegios y ferias de la provincia de Sevilla, participó con nueve años en el festival flamenco de Camas. Tras su paso por muchos festivales andaluces, a los 12 años participa en un programa cultural de la Junta de Andalucía en Italia. En 1989 recibe la 'Venencia Flamenca' del Festival de la Mistela de su pueblo, organizado por la tertulia El Pozo de las Penas. Otros muchos premios jalonan su biografía, entre ellos, el segundo premio de la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla 1995, el primer premio juvenil y el primer premio en Coria del Río 1996 y 1997, primer premio por alegrías y segundo premio por mineras en el Festival de La Unión 1999, primer premio por soleá del Festival de La Unión 2000, primer premio Candil 2000 en Manlleu (Barcelona) y primer premio Yunque Flamenco 2005 en Barcelona. Como cantaor de acompañamiento al baile, ha actuado junto a figuras de la talla de María Pagés, Javier Latorre, Javier Barón o Isabel Bayón.

  • Este texto, algo resumido, se publica también hoy en El Correo de Andalucía.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El papel del periódico. Retos para la tinta y el pescado

Todavía en el argot periodístico, baja el ala de tantos profesionales en la cuerda floja de la validez profesional merced a sus edades y a la miopía de un mercado comunicativo que prima la imagen huera antes que la sesuda reflexión y el relato riguroso, se oyen esos deliciosos tópicos como el gusto por mancharse de tinta al amanecer para estar informado y o el de envolver el pescado con el periódico pasado. Ya nadie hace una cosa ni la otra, entre otras razones porque los lectores de periódicos se confeccionan por la mañana su propia ración informativa en un barrido por las ediciones digitales de las principales cabeceras sin necesidad de ir hasta el kiosko y porque ni siquiera en la época en que se decía era verdad que nadie envolviese el pescado con un trozo de periódico. Sin embargo, ambos tópicos, más verosímiles que verdaderos, nos retrotraen al tiempo en que la prensa era la hermana más lenta pero más completa del orbe periodístico, en comparación con las otras alternativas audiovisuales.


Leer el periódico era la fórmula más acertada de profundizar en la realidad, tras los flashes radiofónicos y el espectáculo televisivo.
La irrupción de Internet ha sido tan decisiva en la última década que ha influido más de lo que se esperaba en los mass media, y no sólo tecnológicamente, que también, sino deontológica y pragmáticamente, pues hoy todos somos periodistas gracias a un teléfono móvil que nos permite grabar sonidos, captar imágenes y enviarlos en una fracción de segundo al confín del mundo. El periódico diario, en vez de profundizar en su distinción frente a otros medios como la televisión, se ha desvivido por parecérsele más. Cuando hemos tenido a la posibilidad de confeccionar un periódico en la red, las funciones primordiales han sido el vídeo anecdótico y la imagen impactante, de modo que se ha ido restando, paulatinamente, espacio a la razón sosegada y a la argumentación. La participación activa del público, en una realización palpable de la teoría del feed-back, ha terminado por concebir un producto multimedia a la medida y al gusto de la incosistente y borrosa cosmovisión de la masa. Y ha sido precisamente este denominador común adoptado por todos los medios de comunicación, en preocupación acuciante por la audiencia, la que le ha permitido a semanarios como Cambio16 abundar en ese sosiego informativo que le da su lugar al gran reportaje y al análisis oportuno.

Existe cierto paralelismo entre este afán periodístico por la rapidez y el espectáculo -por la frivolidad de la imagen frente a la concienzuda apuesta por el logos- y el boom del mercado inmobiliario. Ambos fenómenos empiezan a desarrollarse desorbitadamente en las mismas fechas, es decir, hace una década. Y la consecuencia más directa ha venido entrelazada de manera funesta para ambos: la creación de una inmensa bolsa de viviendas sin vender -y por tanto sin futuro-, la fuga de los anunciantes más golosos de las páginas de los periódicos, que ahora sufren una crisis grave de financiación y rentabilidad, y la penosa constatación de que ni las casas se construían realmente porque hubiera demanda ciudadana, sino especuladora, ni los productos periodísticos perseguían realmente informar o formar, sino exclusivamente entretener. Casas que no eran para vivir y periódicos que no eran para informar. Doble prostitución de instrumentos tan básicos de la civilización.


El imperio de la frivolidad sin escrúpulos ha desembocado en esta crisis global cuyos estragos más evidentes se aprecian en la economía pero cuyas consecuencias más dolorosas se proyectan sobre el futuro de una sociedad democrática madura con la que todos soñábamos y en la que han irrumpido determinados vacíos y vicios axiológicos antes de verla cosolidarse. El verdadero reto del humanismo posmoderno consiste nada menos que en conseguir reconducir esa senda de la madurez social antes de que sea definitivamente tarde. Y en esta tarea juega un papel esencial el Periodismo, pero en un ejercicio que no persista en el mero espectáculo y entretenimiento adormecedor sino en la información rigurosa y la interpretación honesta desde todos los posibles puntos de vista, a fin de fomentar una ciudadanía con el juicio crítico suficiente como para obligar al propio mercado mediático a renovarse y mejorarse incesantamente, en un interminable bucle de integración social como motor intelectual y ético.
Del mismo modo que, aunque lo pareciera, no era rentable ni siquiera a medio plazo la fuga de jóvenes del sistema educativo al absorbente sector de la construcción, tampoco lo es, aunque lo parezca, la conversión de lectores críticos en simples mirones pasivos que, a medio plazo, dejarán de serlo para acabar convertidos en mero público de alternativas espectaculares más simples aún. Y ahí la tecnología punta de las pantallas nos ganará a la prensa la partida.

El cuarto poder, como se ha llamado tradicionalmente al Periodismo serio, no debería consentir una asimilación tan infructuosa por parte de un viciado sistema político-económico que nunca estuvo convencido de veras de la conveniencia de la influencia periodística en la salud democrática y de que la Democracia nunca gozaría de auténtica salud de no ser por el concurso periodístico que actúa como fertilizante órgano fiscalizador en un entramado social basado en la igualdad. Incluso ese periodismo de resistencia que nos queda, el que se dedica cotidianamente a reflejar la realidad sin especial ánimo de sacar frívola tajada de la misma, debe reconsiderar -y de hecho lo está haciendo, empujado por la necesidad de un mercado publicitario que se le tambalea- su papel y su praxis para no terminar convertido en una extensión de los poderes político y económico, bien parapetados en sus gabinetes de comunicación que inundan cada segundo las redacciones con comunicados y textos que, aprovechando los recortes de reporteros por la crisis económica, intentan construir el relato diario de cada medio convertido literalmente en mediación entre tales poderes y una ciudadanía a la que apenas le queda aliento ni agallas para reivindicar órganos independientes que sometan los hechos a la selección crítica, la narración ordenada y la valoración sopesada que jamás se conseguirá desde el maremágnum de información caótica que generan las nuevas tecnologías en manos de todos, creadoras justamente de la incomunicación que tanto interesa al otro lado del periodismo comprometido.

Algunos rotativos norteamericanos han apostado ya por una reconversión mediática a la luz de esta nueva realidad de democracia tecnológica y sólo publicarán noticias y comunicados urgentes en su web, mientras que reservarán el papel para los grandes reportajes, las crónicas literarias y los sesudos análisis y artículos de opinión, precisamente lo que el lector cultivado y deseado para el futuro inmediato demanda para hacerle frente, con los ojos bien abiertos, al sistema que trata de sembrar la alienación.

Después de 40 años, y superadas las épocas de una dictadura que nos privó del derecho a la información y de una democracia recién cocinada que nos permitió gozar ante la encrucijada de consolidarla o viciarla para siempre, Cambio16 se postula como un medio de comunicación con evidente futuro porque trata a todos sus lectores como mayores de edad con los que entablar un fructífero diálogo.


  • Este artículo se publica asimisimo en el Especial de CAMBIO16 con motivo de su 40º aniversario, que se distribuye por tal efeméride durante el mes de diciembre de 2011.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Nuestro Parnaso, iluminado por la luna de Don Juan

Pese al frío, el cambio de hora, el noviembre y otras propuestas culturales que coincidieron a la misma hora en el mismo pueblo, nuestro Patio del Parnaso estuvo a rebosar de propuestas y público ayer, en la IV velada que celebrábamos, esta vez sin Victoriano, convaleciente por una reciente operación y al que no le hubiera importado asistir por videoconferencia. Pero las tecnologías no dan para tanto. Al menos conseguimos el micrófono que se nos resistía. Y sonó todo como don Juan merecía: con el piano en su punto, el aire en el suyo y la fuente en el centro.

Eduardo Ponce me contó minutos antes de empezar que el mármol que íbamos a colocar en la pared para darle nombre a nuestro Patio no lo convencía por completo, entre otras cosas porque ha habido un exceso de propuestas y una falta de concreción y él, artista perfeccionista, prefiere grabar la inscripción griego-española con más ahínco e incluso la piedra permanentemente en el muro. Con lo cual, tiempo habrá de hacer las cosas con buena letra. Y así lo expliqué, después de que Juan Manuel Begines, sustituto de Victoriano para abrir boca en boca de Don Juan, recitara aquello de "¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla...?" y continuara, más allá de lo pactado, por pura pasión y apego al irresistible texto, por las contestaciones de la ingenua doña Inés.

Yo intenté justificar el título de la noche, esos "Amores y desamores bajo la luna de Don Juan" que se me ocurrió en los albores del pasado verano y que luego hemos ido conformando con propuestas de lo más variopintas, las que disfrutamos anoche con verdadera fruición. Es increíble cómo una frase puede rellenarse con un contenido tan excepcional salido de una porción de gente de mi pueblo. Mis amigos Manolo y Sara, cordobeses apasionados, me soltaron nada más terminar: "¡Cuánto arte hay en tu pueblo!". Me dieron ganas de decirles que también hay mucho malage y mucho metepata, pero sólo les contesté que lo que veían no era ni la cuarta parte. Pero era lógica su sorpresa sólo con haber oído la destreza pianística de Paco Benítez Acosta en su obertura del Don Giovanni de Mozart, que fue la música que llenó de categoría y romanticismo aquel patio que cada vez siente más cada vez más gente como un ágora de la cultura palpitante desde este rinconcito marismeño que ha tanto fue romano y luego tantas otras cosas.

Mi tocayo Álvaro Benavides, con su planta de pintor que todo lo interioriza, incluso un fino sentido del humor que no todos conocen, nos hizo un recorrido por las caras de Don Juan, sobre todo las cinematográficas, pues el cine ha sido, según contó, otro entusiasta más de este rostro fugaz de un mito tan permanente. A continuación declamó "Renovación de amor" nuestro amigo Manolo González, con su habitual desgarro en el corazón, que pone a disposición del respetable cada vez que suelta su palabra al aire que todos respiramos. Era un poema de su admirado Benítez Carrasco sobre la necesidad de renovar el amor de veras, el profundo, una vez que la rutina lo ha convertido en gestos domesticados y cuasifalsos. Al finalizar, Manolo nos contó que a la mañana siguiente iba a poner en práctica aquellos versos y que salía de viaje con su mujer. Por eso se esfumó sin tomarse siquiera una copa.

Luego salió al atril de nuestro patio nocturno mi amigo José Arahal, coach de profesión y hechizado por la magia de la comunicación, empeñado en hechizar con esta misma magia a los demás. José ha hecho periodismo con la misma pasión que teatro y publicidad, y ahora que es un profesional del coaching aprovecha cualquier encuentro para hacer propaganda de su filosofía. Lo hizo muy bien, con dos círculos imaginarios que a todos nos sirvieron para reflexionar sobre en cuál queríamos estar, o bien en el del miedo que nos coharta a base de controles y culpas, o bien en el del amor, en el que terminamos por perdonar al mundo y a nosotros mismos para vivir plenamente.

Mi amigo Juan José, el carpintero y belenista que se desvive por encontrar versos donde nadie mira, nos hizo tres poemas de factura personalísima: uno dedicado a su niña casi adolescente que se le escapa de entre los dedos; otro al amor de verdadero don Juan redimido que él mismo experimentó de joven y está siempre dispuesto a reexperimentar; y otro más sobre esa Sevilla en la que eternamente habrá que buscar al burlador y seductor que protagonizaba la noche.

A continuación salió un hombre que conmocionó al Patio con su memoria de elefante y su finura de caballero antiguo: Juan Antonio Rodríguez, el de la Curá, que se sabe el Don Juan Tenorio de Zorrilla no porque él lo diga sino porque lo recitó casi entero para un público que no pudo cerrar la boca, de admiración. Muchos lo sabrían ya de antes, pero yo lo descubrí cuando fui a hacerle un reportaje a propósito de su sobresaliente caligrafía y su ferviente labor de Cyrano de Bergerac en una posguerra que yo no viví y que él vivió multiplicadamente gracias a las parejas tímidas que consiguió unir para siempre merced a sus cartas de amor. Anoche miró al vacío y se metió en la piel de Don Juan, de doña Inés, de Brígida y del escultor que convirtió el palacio de Don Diego en un panteón donde transcurrre el curso último de este clásico imperecedero del que Juan Antonio no consigue sustraerse y del que confesó está prendado desde pequeño. Prendados nos dejó a nosotros.

El pintor Pepe Perea, amigo al que presenté hace varias semanas en la inauguración de su última exposición, nos trajo el cuadro que le sirvió de cartel anunciador y en el que aparece una pareja de enamorados, de espaldas, fuera de otro marco surrealista a continuación del cual parece advertirse la calle Sacristanes de Los Palacios, con la Torre al fondo, pero inundada de coches que impiden el paso ingenuo de ambos. Pepe explicó que aquellos chavales eran para él Don Juan y Doña Inés modernos, juntos para siempre, y que no había puesto la luna a la que hacíamos referencia en el lema de nuestra noche porque había preferido la luminosidad del mediodía. Pepe siempre está sembrado cuando termina sus intervenciones como un flamenco que se levanta de la silla y se da la vuelta, con media pataíta. Es tan exageradamente generoso, que el cuadro ya adorna la biblioteca de mi casa.

Luego les tocó el turno a mis amigos Julio Mayo y Emilio Gavira, comprometidísimos con la historia local, y que nos regalaron al alimón el rescate de una novelita legendaria que nadie conocía: La collera de avutardas, de nuestro paisano Felipe Cortines Murube. Tras su intervención, le tocó el turno a mi amigo de toda la vida José Manuel Begines, que nos dio una lección magistral sobre la evolución del personaje de Don Juan, desde el engañador que pinta Tirso de Molina en su El burlador de Sevilla, en el barroco siglo XVII, hasta el seductor que reconstruye románticamente José de Zorrilla dos siglos después. Begines incluso fue más allá, en un ejercicio de síntesis extraordinaria, y nos deleitó a todos con una reflexión sobre la figura femenina que ha emergido más tardíamente como el contrapunto del donjuán: la mujer fatal. Para rematar, nos leyó un poema suyo, de otros tantos como tiene, sobre pieles enamoradas que a mí me recordó gratamente a la concepción poética de mi admiradísimo Pedro Salinas.

Manuel de Fora, uno de los mejores poetas que tenemos en el pueblo, no quería leer. Pero entre Julio y yo lo convencimos y salió a hacernos unos de sus versos, tímido en la lectura pero grandísimo en lo que encerraba de vida auténtica cada verso.

Luego nos cantó una deliciosa canción de amor nuestro amigo Manuel Núñez Amador, que encanta cada día más con su guitarra acústica y su pefil de Patxi Andion.

Nuestro amigo Claudio Maestre, ex concejal de Cultura y tal vez el más permanente reivindicador de Joaquín Romero Murube, no necesitó citar su nombre para darle su sitio en la noche, con unos fragmentos de Sevilla en los labios (1938) en los que hablaba de una sevillana enamorada de Lord Byron y que terminaba divagando sobre la figura de Don Juan y Sevilla, un tema recurrente que recuperará en sus últimos años de articulista divagador por una ciudad tan llena de gracia. Cuando sus palabras de fino ensayista en la prensa nos resonaban aún, con interpretaciones luminosas de un don Juan con próstata por la calle Sierpes, el gran Paco Benítez Acosta nos regaló la paráfrasis de la ópera de Mozart, basada en el don Juan de Tirso, que había comenzado al principio... Sólo entonces la terminamos de degustar, con tantas notas dinámicas, jocosas... que suplían mágicamente el gorgoteo del agua que de la fuente no salía, por estar apagada. Don Giovanni nos arrastró suavemente por el agua refrescante de su música y nos condujo por los callejones más profundos del alma de cada cual, por esos vericuetos que pocas veces transitamos. Ayer pudimos sobradamente porque aquella música en el Parnaso nos arrancó a todos, de golpe, todas las prisas inútiles.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mentiras piadosas para una Generación, la del 27

Un ensayo de Manuel Bernal, publicado por Berenice (Almuzara), desvela
las ficciones sobre las que Gerardo Diego y otros ‘colaboradores’ sustentaron el grupo literario más famoso del siglo XX

El último libro del profesor e investigador Manuel Bernal, sevillano
nacido en Los Palacios en 1962 y residente en Jerez (Cádiz), ilumina
con rigor y sin complejos la génesis del grupo literario más
trascendente del siglo XX, la llamada Generación de 1927, henchida de
mitos y medias verdades que se hicieron oficiales en los libros de
texto que han estudiado ya tantas generaciones. Sin negar la
importancia de tal grupo de poetas, una nómina nunca cerrada del todo,
Bernal escudriña en el origen del invento y finalmente demuestra
claros indicios de que ni todos los famosos poetas estaban convencidos
del homenaje a Góngora que supuestamente los aglutinó ni los actos de
Madrid o Sevilla tuvieron tanta trascendencia como se cuenta y ni
siquiera la famosa foto de la generación se tomó como se ha contado.
De ahí la razón de ser de La invención de la Generación del 27,
subtitulado “La verdadera historia del nacimiento del grupo literario
de 1927”, convencido únicamente de su necesidad "de existir".

El libro se lee de un tirón porque desde el principio engancha con la
prehistoria folletinesca del torero mecenas de la generación, el
sevillano Ignacio Sánchez Mejías, que en 1920 mata el toro que acabó
con Joselito, su cuñado, y acoge en su casa a la novia viuda, la
bailaora La Argentinita. Sánchez Mejías, que con su cogida y muerte 14
años después, facilita la creación de la elegía en español más famosa
del siglo XX, la que le escribe García Lorca, inicia por aquellos días
la urdimbre lírico-taurina que acabará atrapando en la misma red al
poeta de Granada, a Rafael Alberti, a José María de Cossío, a Manuel
de Falla y a otros nombres fundamentales del 27. Precisamente este
año, cuando Sánchez Mejías preparaba unos actos de homenaje
por el séptimo aniversario de la muerte de su cuñado, ‘secuestró’ a
Alberti en el hotel París de la sevillana plaza de la Magdalena y le
advirtió: “Ni comerás ni beberás hasta que escribas un poema dedicado
a José”. Y así fue como Alberti tuvo que escribir “Joselito en su
gloria”. El compromiso sirvió, no obstante, para que los actos sobre
Góngora celebrados dos meses antes en Madrid y que se saldaron, según
el propio Alberti, como “un gran fracaso”, tuviesen una segunda
oportunidad en Sevilla días antes de Navidad, a expensas de Sánchez
Mejías, y con el entusiasmo de los jóvenes sevillanos de la revista
Mediodía de Joaquín Romero Murube, Alejandro Collantes de Terán y
Adriano del Valle.

Si el dinero del torero tuvo su importancia logística, la imaginación
del poeta santanderino Gerardo Diego, el único volcado desde el
principio con Góngora, hizo el resto. El trabajo de Bernal insiste en
el interés de Diego por magnificar unos actos en torno a Góngora en el
que pocos creían, hasta el punto de que la revista más influyente del
momento, ‘La Gaceta Literaria’, dirigida por Ernesto Giménez
Caballero, se niega a publicar una crónica del autor de Manual de
espumas con más dosis de inventiva que de realidad. Antes de los
actos, Diego no encuentra el apoyo de casi nadie; Unamuno, Juan Ramón
y Valle-Inclán, por ejemplo, echan pestes del poeta cordobés. Antonio
Machado pone una excusa diplomática. Lorca ni contesta. Sólo Alberti
parece acompañarlo. Pero justamente por ser nombrado secretario de la
comisión del homenaje y ninguneado luego por Ortega y Gasset, que
ofrece su “Revista de Occidente” para la publicación de trabajos en
torno a la efeméride, el de El Puerto exagera el desprecio de todos,
incluido del filósofo.

En su soledad frente a la organización, Alberti no duda en
falsificar las firmas de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Dámaso Alonso y
Federico García Lorca en una circular destinada a invitar a todos los
literatos para que participen en el homenaje a Góngora. Pero comete el
desliz de remitir una de estas misivas al propio Lorca, que
evidentemente no sabía nada ni de su firma ni casi del homenaje.
Incluso publica en ‘La Gaceta Literaria’, para comprometer al
granadino, un romance contrahecho titulado “Romance apócrifo de Don
Luis a caballo” con la firma de Lorca que durante años se tendría como
tal.
El libro de Bernal, que indaga asimismo en la participación de
algunas mujeres en una generación masculina como la sevillana Amantina
Cobos, aclara la autoría de la famosa foto inmortalizadora, que fue
una sino dos: una con menos calidad de Serrano, para los periódicos El
Noticiero sevillano y El Liberal, y otra, mejor, de Dubois, para La
Unión, que la historia, sin embargo, había silenciado. En este
capítulo, por cierto, se echa por tierra otra mentirijilla, la de
Pepín Bello cuando cuenta que fue él quien pidió la cámara a un
fotógrafo que pasaba por la calle.

  • Esta reseña la publica también el semanario Cambio16 en su número 2.084.

domingo, 6 de noviembre de 2011

'33 lugares evangélicos. De Belén a Emaús'


Mi libro sobre la geografía de los cuatro Evangelios canónicos ya está en la calle. Yo creo que el repaso por lugares de nombres tan sonoros y sugerentes como Jericó, Gerasa, Betsaida, Corozaín, Caná, Sicar, Betania, Betfagé o Emaús da ganas de convertir sus huellas literarias en pisadas de verdad. Ya hay quien me propone hacer una ruta mágica por la Tierra Santa para secundar este aperitivo libresco con un postre andariego. Todo se andará, pero de momento los libreros me dicen que la obra camina con paso firme, y eso que acaba de nacer.

martes, 1 de noviembre de 2011

Mi libro sobre geografía evangélica


Estáis todos invitados al acto de la primera presentación de este libro que llevaba en la recámara casi un año. Será en la casa hermandad de El Rocío de Los Palacios y Vfca. (Sevilla). Este jueves, a las 21.30 horas.

Intervendrán, además de un servidor, el amigo que me presenta, Eduardo Ponce, excelente pintor y vecino de toda la vida; el editor, Salvador de la Barrera Lora (Ediciones AE, de Jerez de la Frontera, Cádiz), que en 2009 apostó por mi edición crítica y didáctica de El Lazarillo de Tormes; y la hermana mayor de los rocieros, María José Tirado, como anfitriona de un ciclo cultural nada habitual en contextos religiosos locales.

Sinceramente, espero que el trabajo les interese a todos, sean creyentes o no. El trozo de mundo del que hablo está en el ADN de nuestra ética.


jueves, 20 de octubre de 2011

ETA, el lobo y la esperanza

Después de 43 años de horror, lo primero que se me pasa por la cabeza cuando oigo la disposición de ETA a dejar de matar es, naturalmente, el cuento del lobo. Me refiero al del pastor que clamaba que venía el lobo y era mentira, pero se divertía mucho, hasta que una vez fue verdad. Es un cuento que nos contaban de pequeños para que aprendiéramos a no ser mentirosos. Eran los cuentos de verdad, las fábulas eficientes, los relatos que servían para diseccionar el mundo desde nuestras pequeñas percepciones entre el bien y el mal, que eran dos conceptos diáfanamente diferentes. Luego el mundo fue cambiando hasta que se puso de moda el relativismo radical y un complejo galopante que tantas veces nos impide reconocerle al niño que el rey, en efecto, va desnudo.

ETA ha contado este cuento ya muchas veces, pero parece ser que nunca lo hizo de manera tan verosímil. Como yo soy muy partidario de entrar en los pactos de ficción, estoy dispuesto a participar de este, a creer con el corazón que esta vez es de veras. Hay mucha gente que espera lo mismo que yo. Espero que a nadie se le parta el corazón.