domingo, 18 de julio de 2010

Los cochazos ya no molan

Uno entiende que, hasta cierto punto, sea decisivo para la clase política –para mantenerse como tal, quiero decir– prodigar gestos de austeridad cuando al pueblo llano no le llega ya ni para pipas. Al fin y al cabo, la democracia es un sistema que hace germinar a sus dirigentes del mismo pueblo, aunque a ellos y a nosotros se nos olvide a cada rato, dadas las consolidaciones en los sillones de mando y el profesionalismo en que se ha convertido eso de meterse a administrar el dinero de todos. Pero hay extremos que rozan la inteligencia provocándonos la risa, una risa contagiosa de esas que se van amortiguando hasta que uno se queda completamente serio, rayano con lo triste.

Uno de esos colmos colmados ha sido la supresión de turismos de alta gama del Catálogo de Vehículos Homologados que contiene la relación de coches autorizados para su adquisición y uso en la administración de la Junta de Andalucía. A partir de ahora, los mandamases del Gobierno andaluz no podrán ir de un sitio para otro en coches de lujo, así que en los próximos días podrán ver ustedes al presidente y a sus consejeros bajándose de un Seat Ibiza o de un Ford Fiesta para inaugurar algunas de las ferias estivales que han quedado por los pueblos, de esas que no han suprimido todavía pero cuya baja potencia en alumbrado quizás haga posible disimular el cochecito cañí del que se baje el menda o la menda.

Se acabaron, pues, los Audis y los Mercedes de cuya puerta trasera se han venido bajando los consejeros, los viceconsejeros, los delegados, los subdelegados, los diputados y los alcaldes de tronío medio abrochándose la chaqueta mientras el guardaespaldas sostiene marcialmente la puerta del cochazo. Todo eso era un gasto insostenible a estas alturas. Además, con la supresión de estos carros de alta gama sería incongruente desde el punto de vista estético que se mantuvieran los chóferes y guardaespaldas. Imaginénse ustedes la misma escena pero con un Peugeot 205. Indico marcas para engrasarles la imaginación. Con la nueva flota de vehículos antilujo debería ser el propio político el que condujera el coche, el que aparcara cerca del acto y el que se bajara dando un portazo campechano. La campechanería se lleva muy bien con estas épocas de recesión.

Hasta aquí todo parece muy gracioso, pero a uno le asalta también la tristeza cuando encuentra cierto paralelismo en la trayectoria que parecen seguir los políticos y la que no han tenido más remedio que seguir también en los últimos años toda esa tropa de jovenzuelos del taco en el bolsillo y el BMW derrapador. La diferencia estriba, claro está, en que los chavales que chuleaban con esos cochazos por las esquinas fueron engañados por el sistema laboral, por el banco y por los políticos, mientras que estos últimos dejan sus carros de alta gama a la sombra del garaje hasta que soplen mejores vientos y nada más.

El juego es el mismo que el que practican ciertos políticos de pueblo de cara a la galería demagógica de la gente que sólo ve un segmento de sus andanzas, cuando frecuentan bares populacheros de precios bajos después de venir en AVE desde Madrid porque la niña quería una faldita del Mango de la capital, que por aquí abajo no la traen. AVES de ida y vuelta en la misma tarde y cena grasientilla entre el populacho que observa la sencillez. Hasta a Obama le sale de maravilla cuando devora su hamburguesa preferida frente a las cámaras.

Y uno, que creía que aquellos cochazos de lujo no respondían a las vanidades del pueblo sino a concienzudos criterios de seguridad de los altos cargos, se queda ahora anonadado, con sonrisilla de estúpido mientras mira a los políticos anunciando tantas medidas de ajuste, ajustando hasta su propia seguridad en favor del pueblo.

  • Este artículo se publica también en el nº 2.022 del semanario Cambio16, así como en el nº de septiembre de la revista Cambio Financiero.

2 comentarios:

flegetanis dijo...

Los cochazos nunca han molado, así que ya va siendo hora de que ponga usted su Mercedes a buen recaudo y se haga con un buen par de alpargatas de cáñamo.


La gitana ferroviaria

Álvaro Romero Bernal dijo...

Mi Mercedes me lo pagué yo, y esa es la gran, enorme, insalvable diferencia. También tengo alpargatas.

Le doy vueltas al coco a la velocidad de un Mercedes para deducir algo de la "gitana ferroviaria" pero se me ocurren demasiadas cosas como para decantarme por una, jajaja... (¿Qué es eso de flegetanis?, se me parece a flageladores o algo así..)