miércoles, 19 de mayo de 2010

Robot casamentero


Siempre me apenaron profundamente aquellas películas americanas en las que una pareja se casaba en Las Vegas por quince pavos, con cirios eléctricos y flores de plástico. Me pareció siempre el colmo de la fragilidad sentimental, el culmen del compromiso de usar y tirar. La tristeza tiene una versión en esa estampa parodiada de una pareja saliendo del garito con bombillas de colores... Peor aún me sabe el casamiento que ahora sale en la prensa presidido por un robot. Un cura robot, o un ministro de la ceremonia robotizada. Ha ocurrido en Japón, el extremo oriente de la tecnocracia para seguir desorientándonos.

Decir sí a un robot es como decir sí frente al microodas, frente a la plancha, en la soledad doméstica que a veces nos insufla la inspiración precisa para nuestros sueños más allá del umbral de casa. Más valdría un espejo, para sernos testigos de lo que decimos. Pero en este terraplén hacia el cyborg la huella digital tiene más mérito que el churrete de un niño.

2 comentarios:

José Romero dijo...

Es triste decir "sí quiero" ante un robot. ¿Pero qué calificativo merecería pronunciarlo ante un cura sobón o un alcalde corrupto? ¡Buen fin de semana!

Álvaro Romero Bernal dijo...

Las comparaciones entre guatemala y guatepeor siempre son odiosas, claro. Te has traído ganas de polémica de la polémica tierra valenciana, jajajaja