lunes, 20 de septiembre de 2010

Don Luis, el cura de todos

Aunque no corren buenos tiempos para la curia, Luis, el cura, no tiene un enemigo en Los Palacios y Villafranca (Sevilla). Ni siquiera un vecino al que ni fu ni fa, pues desde que aterrizó en los poblados de colonización en 1973 no ha cesado de trabajar por los demás. El Ayuntamiento le ha concedido el título de Hijo Adoptivo por su “permanente defensa de la solidaridad, la tolerancia y la amistad”. Un sacerdote así lo querrán en todas partes.

Mucho antes de ser don Luis en el altar (o san Luis, como le dijo un crío, con los nervios, en su Primera Comunión) y Luis, el cura, en plena calle, el joven Luis Merello decía su misa dominical en el poblado de colonización de Maribáñez, adonde llegó desde el seminario un frío enero de 1973. Por aquel entonces, Maribáñez y el resto de colonias agrícolas de Los Palacios y Villafranca (Chapatales, El Trobal…) llevaban apenas cuatro años de funcionamiento y el cura aterrizó en ellas como un torbellino de vida que iba más allá de la evangelización. O era más bien que él quiso arrojar las semillas del Evangelio en plena tierra marismeña, literalmente, con la camisa arremangada y entre las cuadrillas de algodoneros, como uno más.

La gente se le acercó primero porque él se dejó querer en el terrón, porque fundó un club ciclista entre las destartaladas bicicletas de los muchachos, porque organizó una caseta para la feria y un coro de campanilleros que acabaría rulando por media España, y porque hablaba fuerte, mirando a los ojos, y no se vestía como los curas porque, sencillamente, todo el mundo sabía ya quién era Luis el cura. Luego, la gente se dejó caer por la iglesia, y la parroquia se convirtió en el eje vertebrador del poblado. La parroquia era la sede de todo: de la incipiente cooperativa de los hombres del campo, de la asociación de padres y del equipo de fútbol que el propio cura entrenaba.


Luis Merello Govantes había nacido en 1947 en El Puerto de Santa María, había estudiado en los Salesianos de Utrera y se había forjado como cura en el seminario sevillano, pero fue en Los Palacios y Villafranca donde comenzó su andadura como cura del pueblo, sobre todo desde que en 1985 dejó Maribáñez para ser destinado a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. El templo era tan pequeño, con una sacristía en la que había que revestirse encogiendo la barriga, que tres años después comenzó la aventura para la construcción de la magnífica iglesia actual. Todo se hizo en cuatro años, pues don Luis era ya por entonces un personaje influyente que consiguió la cesión del terreno por parte del Ayuntamiento y el vuelco de todo el pueblo para que aquella obra faraónica avanzara a un ritmo frenético. Se organizaron mil y una rifas, se consiguieron mil y un donativos, se inauguró la verbena que todavía pervive, después de más de 20 años, y algunas familias pudientes arrimaron el hombro para que la parroquia se inaugurara a la par que la Expo del 92.


En estas últimas décadas, el pueblo ha crecido tanto que los 20.000 feligreses sobrepasaban con mucho las posibilidades administrativas de una sola parroquia, por lo que ha vuelto a ser don Luis el verdadero impulsor de la creación de la tercera parroquia del municipio, la de El Buen Pastor, en el populoso barrio de La Nana, cuya primera piedra fue puesta la pasada primavera.


El consejo parroquial y el Ayuntamiento gobernado por el PSOE preparan una serie de actos en octubre para la concesión del título de Hijo Adoptivo a Luis el cura. Pero él le resta importancia a todo, como al hecho de que su nombre haya sonado en los círculos eclesiásticos para ser nombrado vicario. A pesar de su mano derecha de pontífice entrañable y de su mano izquierda de político capaz, no le gusta ser el centro de atención. “No soy más que un obrero de Cristo”, dice.


  • Este texto, algo resumido, lo publico también hoy en El Correo de Andalucía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un poco tarde quizás para leer el artículo, pero me resisto a no comentarlo y al mismo tiempo me extraño de que no tenga ningún comentario.
Talante y educación pueden definir a este buen hombre.
Recuerdo perfectamente mi primera comunión en el año 88 en el patio del colegio Juan Hidalgo, la primera velada con "El Orta" como ilustre invitado, la inauguración de la Parroquia, mi boda también de su mano y si todo va bien el bautizo de mi hijo el próximo domingo.
Jorge.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Sí, Jorge, a mí también me extraña que no hubiera generado comentarios. Pero hay más clase de gentes que de melones. Me alegro que te haya despertado la nostalgia de tantas cosas. Y enhorabuena por lo del niño.

Un abrazo.

Álvaro.