martes, 7 de diciembre de 2010

Al arzobispo no le gusta la tele

En su última carta pastoral, en cuyo nombre de la misiva continúa latiendo toda la carga ovejuna que les encanta a estos pastores de báculo dorado, Juan José Asenjo, a la sazón arzobispo de Sevilla, ha recomendado a los cristianos que apaguen la televisión cuando sea preciso porque los medios muestran actitudes que van “en contra de los preceptos de la Iglesia” y porque “difunden modos de pensar y actuar que nada tienen que ver con los auténticos valores cristianos”. Es decir, que si por la pantalla no sale Jesús ni los apóstoles ni algún cura predicando el Evangelio, que se utilice el mando a distancia, que para eso está, pero no para hacer zapping, que debe de parecerle al prelado profana metáfora de promiscuidad digital, sino para apagarlo y san se acabó. El consejo arzobispal es simple y, a mi humilde entender, demasiado burdo, máxime en unos tiempos críticos como los que corren en los que los cristianos deberíamos ser más que nunca luz del mundo y sal de la tierra, tal y como nos encomendó el mismísimo Jesucristo, que una vez aquí abajo supo darle bien a Dios y al César lo que correspondía a cada cual.

Como a muchos otros clérigos, también al arzobispo sevillano le debe de parecer aún que los medios de comunicación están para comunicar sólo lo que ellos estarían dispuestos a santificar. Lo demás, al infierno. O a la oscuridad eterna del apagón repentino. Es lo que deberían hacer los cristianos, por ejemplo, cuando informan sobre los desmanes de determinados sacerdotes pederastas. Botón del off.

A estas alturas, la estrategia de apagar la tele no funciona, no sólo porque la fuerza discursiva de los mass media se nos cuela por la red, el móvil o la pda si no hay televisor en el salón familiar, sino porque las ovejas han crecido y, aparte de las que ostentan ornamenta especialmente retorcida, la mayoría se ha rebelado contra cualquier pastor que dicte qué ver y qué no. A muchas ovejas les encantaría apagar al cura de turno que dice disparates en su sermón, pero son ovejas civilizadas que optan, mejor, por poner el piloto automático de su imaginación y pensar en otra cosa mientras llueven anacronismos, estupideces y radicalismos xenófobos desde lo más alto del altar. Ninguna se sale del templo, aunque a veces más les valdría.

Apagar la televisión es darle la espalda al mundo. Apretar el botón del off es la actitud más cobarde y aburguesada que un cristiano puede adoptar desde el cómodo sillón de casita. Es lo que apetece también cuando salen los niños famélicos del tercer mundo, los desgraciados con miembros amputados víctimas de cualquier guerra, las mujeres reducidas a una cámara con ventilación facial en lo más oscuro de Afganistán. Pero no por apagar la tele la realidad, cruda o patética, deja de existir. Ni siquiera esa realidad basura de los programas-estercoleros dejan de ser reales porque un cristiano apague el aparato, pues se encontrará lamentables referencias a los mismos antes de salir del portal de su domicilio.

Los cristianos de hoy, los de verdad –no los conventuales o sectarios o los disfrazados de piadosos–, saben que apagar la tele no sirve de nada, aunque lo diga el arzobispo. Y el arzobispo debería saber que ese tipo de dogmas asustaviejas son ineficaces y ridículos en una sociedad que, si aspira al conocimiento, no es censurando lo que a la Iglesia no le guste, sino analizándolo todo de frente y eligiendo el botón que más se ajuste a los intereses que dicte el libre albedrío. El arzobispo debería desempolvar a San Agustín y a Voltaire, y darse cuenta de que esta sociedad no puede darse el capricho de volver a la minoría de edad. Aunque eso le facilite el camino a la Iglesia.

5 comentarios:

carbajobernal dijo...

BLA VERDAD ES QUE ESTE SEÑOR HUBIERA QUEDADO MEJOR DICIENDO DE APAGAR LA TELE POR LO QUE CADA VEZ MAS GENTE PENSAMOS: LA TELE NO SIRVE PARA NADA.
DE TODAS FORMAS A MI CASI TODO LO QUE DICE LA IGLESIA ME PARECEN PERLAS COMO LA DEL ARZOBISPO DE SEVILLA, NO ME CREO NADA.
TE FELICITO POR EL ARTICULO, ME HA GUSTADO MUCHO.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Muchas gracias, David. El artículo aparecerá esta semana en Cambio16.

Creo que este tipo de cosas revela el nivel cultural no sólo de una gran masa social sino de unas instituciones que, tradicionalmente, han sido más sabias. Así ocurre con los políticos, con los magistrados, con la Iglesia, y podíamos seguir sumando entes a esta lista. Creo que no se trata de ser creyentes o no, sino de ser civilizados e inteligentes desde el cargo que uno ocupa. Evidentemente, cualquier persona con dos dedos de frente sabe que la tele está para apagarla, de tan lamentable, pero un obispo no debería convertir eso en dogma para predicar desde el altar. Se rebaja a sí mismo y a la institución que representa.

Un abrazo.

Por cierto, ¿te has enterado de los accidentes encadenados de la saga prima de los Eloy?

No Cars Go dijo...

¿LOS ACCIDENTES ENCADENADOS? SOLO ME HE ENTERADO DEL QUE TUVO EL PRIMOGÉNITO DE LA SAGA, PERO NO SÉ SI HA HABIDO OTRO. LE PREGUNTÉ A MI HERMANA POR CORREO Y NO ME RESPONDIÓ. INFORMAME TU, QUE ERES UN PROFESIONAL EN LA MATERIA, JAJAJA. PERO SI ESO MEJOR A MI CORREO, TP. ES PLAN DE QUE HABLEMOS POR AQUÍ DE TODO ESO.

Manu dijo...

Por cierto, ¿te has enterado de quién se ha traído Asenjo como mano derecha? Primero arruina un banco, y ahora se viene a echar un cable.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Sí, Manuel, me enteré. La sonrisa del tipo lo dice todo. La Iglesia acrecianta su mala imagen, y te lo dice alguien que se siente parte de ella. Otra cosa son estos jerarcas de pacotilla que nos han tocado.