sábado, 25 de junio de 2011

Se nos ha muerto Colombo

Hubo una época de mi zarandeada preadolescencia, cuando uno pensaba demasiado mientras caminaba por la calle y el mundo giraba como una bola informe frente a los problemas cósmicos de un chaval de 11 ó 12 años, en que los viernes regresaba de eso que llamábamos salir con la ilusión un tanto pudorosa de ver a Colombo en la tele, a horas intempestivas. Por aquellos años mi padre trabajaba hasta muy tarde de cocinero en un bar de la calle Charco, y mi madre se quedaba en el sofá, esperando que él regresara con aquel cubo en el que nos traía helados y que yo volviera también sin que la noche pagajosa de desconocidos vicios me tocara un solo pelo. Así son las madres, y uno lo empieza a comprender ahora, que es padre y siente igualmente su semilla de carne repartida, extendida en otro cuerpecito que revoletea por doquier.

El detective Colombo era algo así como un líder a la inversa, exquisito y simpático personaje que en sus constantes despistes conseguía atraernos a su mundo entre profesional y miserable, con su coche deslavazado, su puro semiapagado, su gabardina raída y las referencias a su esposa o a su padre, que nunca salían. Uno no sabía aún que el antihéroe era tan atrayente porque constituía la esencia del ser humano frente al espejo de su potencialidad, como tan bien supo el autor anónimo de Lázaro de Tormes o el sabio Cervantes al construir al delicioso Loco de la Mancha en aquellos siglos que hemos de seguir llamando dorados.

Uno no sabía nada de esto aún, pero intuía cosas, y disfrutaba con aquellas tramas siempre iguales, en las que el espectador conocía desde el primer momento quién era el asesino, alguien muy cercano a la víctima y su entorno, y la gracia estaba en contemplar cómo el detective Colombo reunía suficientes pesquisas para terminar diciéndole al asesino a la cara que lo era. Para llegar a ese final, se volvía mil veces cuando se iba a marchar, preguntaba por detalles a veces surrealistas, comentaba cosas sin aparente importancia, se rascaba la cabeza y sonreía como una bestia fea pero con un gran corazón. Uno soñaba con, en el fondo -y tal vez no demasiado en la forma-, parecerse a él de mayor, porque uno se percataba de que no no tenía un pelo de tonto, de que aparentaba todo aquel despiste y de que al final triunfaba con la verdad en la mano.

Mi madre y yo hacíamos breves comentarios entretanto, y ella a veces me recordaba que aquella serie la había visto antes de que yo naciera. Yo tenía la certidumbre de que aquella segunda vez la disfrutaba mucho más por verla conmigo. Y eso me hacía muy feliz. Fui yo, que me fijaba mucho en los títulos de crédito y sabía ya algo de inglés, quien le dije que el actor se llamaba Peter Falk.

Muchos años después supe que Peter Falk había nacido en Nueva York en 1927, el 16 de septiembre, el mismo día que mi amigo de la Facultad José Domingo Mora, por cuya coincidencia al ser los tres Virgos (Colombo, José Domingo y yo) ya no se me ha olvidado jamás. Aunque se llamara Peter, o sea, Pedro, para mí siempre será Teniente Colombo. La persona de veras, y no el actor, había nacido de madre rusa y padre polaco, pero se convirtió en una estrella estadounidense con dos nominaciones a los Oscar, no por el papel de detective que lo catapultó a una fama imperecedera, sino por películas en las que hacía un ejemplar papel de actor de reparto como Un gangster para un milagro o El sindicato del crimen. Otras películas célebres de este Peter Falk que para siempre se llamará Colombo fueron El cielo sobre Berlín o Un actor en apuros (ésta última del director John Cassavetes). El caso es que en nuestro país se hizo famoso con la famosa serie detectivesca, que empezaron a poner en la tele, como mi madre me recordaba, en los años 70. Al parecer, según me entero ahora, en 1975 cobraba 125.000 dólares por episodio, una pasta gansa.

Cuando yo veía la serie con mi madre, corrían los años 1989 o 1990, aproximadamente, y entonces era ya un serial refrito que a TVE le salía probablemente gratis. Peter Falk era ya un viejo que pronto padecería alzheimer y sería apartado de mala manera de su familia primera, como denunció su hija Catherine en los últimos años. Con casi toda seguridad, Peter Falk no se acordaba ya de Colombo ahora cuando ha muerto a los 83 años, pero un servidor se acordará siempre de él, porque me gustaba verlo volverse infinitamente cuando parecía que se iba y porque me servía para charlar con mi madre en la quietud de la noche. Descanse en paz.

7 comentarios:

José D. Mora dijo...

Preciosa valoración la de "volverse" cuando parecía que se marchaba, y ello significaba que su mente era un computadora. Y sobre todo porque coincido contigo en aquello de juzgar a ser despistado y sin embargo, en el fondo, no tener ni un pelo de tonto. Aspiramos a ello, sin duda.

Por otro lado, todo un detalle la mención a nuestra fecha de cumpleaños. Se te ha pasado la de Manuel Ruiz, que lo hace sólo un día después, el 17 de septiembre.

Un abrazo, hermano.

Álvaro Romero Bernal dijo...

José Domingo!! Cómo iba a olvidarme de que Manuel cumple años el 17. Lo que pasa es que el día señalaíto lo tienes tú, chaval!! Un abrazo. (Ya estamos en tiempo de creación, es decir, en tiempo de vaca y ocio).

No Cars Go dijo...

YO, SIENDOTE SINCERO, NADA MAS TENGO QUE DECIR QUE ME HE QUEDADO EN LO DE QUE TU PADRE OS TRAÍA UN CUBO DE HELADO CUANDO VENÍA DEL BAR. OS LO DEBÍSTEIS COMER TODO VOSOTROS (Y SEGURO QUE MI HERMANA TB. SE APUNTABA A LA FIESTA), PQ. YO DE ESO NO HE TENIDO NOTICIA HASTA AHORA, CON LO QUE A MI ME GUSTAN LOS HELADOS. MENOS MAL QUE ME DABA AZOFAIFAS Y SEGURO OTRAS MUCHAS COSAS, AUNQUE YO NA MAS ME ACUERDO DE LAS AZOFAIFAS, QUE PARA SIEMPRE HAN SIDO OTRO GRAN MANJAR, JAJAJAJAJAJA.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Queridísimo David, he debido de expresarme mal con lo del cubo. No es que trajera un cubo repleto de helado, sino que traía un cubo con dos o tres helados normales. El cubo era instrumento indispensable, jajajaja

Un abrazo, ¿vuelves para julio o agosto?

No Cars Go dijo...

NO, NO TE HAS EXPRESADO MAL, YO LO HE LEIDO MAL. VOLVÍ A LEER EL ARTICULO EN CUANTO LE DI AL BOTÓN DE "PUBLICAR COMENTARIO" Y ME DI CUENTA QUE LO ENTENDÍ MAL. AHORA COMO CADA VEZ QUE VOY A TU CASA ME DAN UN CUBO DE HUEVOS, PENSÉ POR UN MOMENTO QUE OS TRAÍA UN CUBO LLENO DE HELADO, JAJAJAJAJA.

No Cars Go dijo...

VUELVO PARA AGOSTO, PARA QUEDARME TODO EL MES. COMO PUEDES VER HE VUELTO A LEER MAL TU COMENTARIO, ESTA VEZ ES QEU NI LO HE LEIDO, JAJAJAJJA. ANDA QUE ESTOY YO COMO PARA HACER UN EXAMEN O FIRMAR UN DOCUMENTO IMPORTANTE, MADRE MIA.

jesus dijo...

alvaro te queda helado?leyendo "se nos a muerto colombo"me han entrado unas ganas locas de comer helado...sera la calor o sera lo bien que lo has descrito¡canalla!