sábado, 1 de diciembre de 2012

Amor desandado

El amor, ese efecto multifuncional que sentimos las personas como un relámpago desde cualquier rincón del cerebro hasta el espinazo pasando por el corazón, no es un sentimiento momentáneo ni estático, sino agrandable y en constante evolución, cuando evoluciona, y no es el mismo el amor del primer flechazo que el amor de las manos juntas o de las complicidades juntas muchos años después. El amor del principio, el instantáneo, el que provoca el inexplicable y descontrolado bumbún en el pecho, tiene la magia del arrastre, la fuerza que te lleva a desenfocar absolutamente todo lo demás. El amor de luego, de tantos años luego, tiene la magia de la fe, de la perdurabilidad, de la confianza ciega en que no te has de caer jamás porque siempre estará allí la otra mano que nunca falla. Yo tengo la suerte impagable de haber experimentado ya estos dos tipos de amores, con la misma persona, en una relación potente que guarda para cada amanecer un sinfín de sorpresas. Pero esta mañana se me han conmocionado las entrañas cuando he leído la noticia de que un matrimonio de una aldea de Pinos Puente (Granada), de 75 años los dos, se ha suicidado para "no seguir siendo una carga" para los hijos. Al parecer de quienes investigan el caso, el hombre le disparó a su esposa antes de que amaneciera. Y luego se suicidó. Pero todo había sido pactado, o sea, una especie  de suicidio asistido. Los hijos,dos varones y dos mujeres, han declarado ahora que a los padres "se les había metido en la cabeza que no querían ser un incordio". Pero nadie se lo tomó en serio, por supuesto.

El matrimonio ya está en el otro mundo. Pero los demás seguimos en este. En cuanto me he enterado del caso he pensado en qué hubiera hecho Lorca por poetizarlo. Federico, que era de un pueblo de al lado, Fuente Vaqueros, encontró inspiraciones preñadas de verdad en los jóvenes adúlteros que se fugaron tras la boda que convirtieron en sangre en Níjar (Almería), y hasta en la casa de la viuda con sus hijas represaliadas de cuyo drama profundo supo a través del pozo medianero. Estos dos disparos constituyen hoy dos aldabonazos de la vida real en plena Vega de Granada. Y otra vez la vida superando a la ficción, o adelantándose a ella. 

En cualquier caso, esta tragedia granadina me ha despertado la curiosidad por los avances del amor y también por sus retrocesos. Un amor como el de estos viejos que ahora se han quitado de en medio en la oscuridad de su vejez, de su casa, de su pueblecico perdido debió germinar como casi todos, con una mirada de más, con algunas palabras de menos... por la vergüenza pequeña de dos adolescentes que, de súbito, comienzan a callarse para oír mejor el latido entusiasta de sus corazones. Ese amor que ahora, más de medio siglo después, los llevó a morir juntos de dos disparos, como una pareja de Romeo y Julieta pasados de edad y de realismo sucio y sufriente, ha tenido la suficiente reversibilidad como para desandar todo lo andado en común. Amor y muerte tocándose por los polos.

Lo que me entristece, y me enfurece en silencio, es que estas muertes en el cenit de la desesperación de una vida que no se colma con el sueño dulce de la vejez conquistada, coinciden con esta época maldita de desesperanza que nos está tocando en mala suerte conocer; con esta época de desahucios, de recortes, de supresiones de la dependencia, de los servicios sociales, del amparo a los más pobres, incluso a los más pobres de espíritu... Ojalá sean absolutamente ciertas las Bienaventuranzas de Cristo, porque alguna esperanza tendrá que quedarnos para reconstruir este mal de escombros y de corazones partidos en que se está convirtiendo nuestro mundo, este mundo que comenzó con la semilla remota del amor y que, en algunos de sus fragmentos más desgraciados, termina también, por un confuso y presunto bien común, con la semilla del amor desandado, vuelto al origen, sacrificado en sí mismo para darle alas al nuevo día, para que la vida siga, fluya, ya para otros...

3 comentarios:

Manuel dijo...

Con el penúltimo párrafo he sentido un agrio escalofrío que me ha gustado.

Un fuerte abrazo,

Manuel

Álvaro Romero Bernal dijo...

Tu comentario, querido Manuel, es un caluroso oxímoron que he de tomarme como un piropo, aunque el fondo del piropo siga entristeciéndome.

Nos tenemos que ver!

Álvaro Romero Bernal dijo...

jajajaja... Me refería con oxímoron al final de tu frase... pero también construyes sinestesias agrias y escalofriantes! Eres un poeta!