sábado, 7 de febrero de 2009

Chivatos



Los médicos no tenían bastante con su mala prensa de matasanos que ahora el Gobierno italiano se ha empeñado en que también disminuyan su ya raquítico prestigio con la mala fama de chivatos. En el argot carcelario, el chivato es un ser despreciable; y fuera de las rejas, o sea, en el argot extra o pre carcelario, véase la escuela, el trabajo o la vida misma, el inquietante verbo chivatear es igualmente despreciable. El chivato se aparece en nuestra imaginación como un ser vil, rastrero y serpentino al que hay que evitar a toda costa. De ello se encargarán los inmigrantes sin documentación legal que vagan o trabajan clandestinamente por el país donde germinó el Imperio, pues terminar en las urgencias médicas por algún accidente imprevisto podría ser sinónimo de terminar en la cárcel o, lo que es peor, en su país de origen, en el que nunca quisieron nacer.


El Senado de Italia acaba de aprobar una enmienda, propuesta por el dirigente de la Liga del Norte, el ultraconservador Roberto Maroni, por la que cualquier médico puede denunciar a su propio paciente si éste carece de papeles que acrediten su legalidad en el país. Ello, según se han encargado de denunciar ya diversas organizaciones humanitarias, alentará la creación de una red sanitaria tan clandestina como peligrosa. Los sinpapeles buscarán sus maneras de evitar la sanidad pública, aunque anden desangrados y zarrapastrosos por las periferias del país. Entregarse a la consulta puede ser su perdición. Y eso, evidentemente, es fatídico para la salud ciudadana y ambiental. De modo que lo que ha sido propuesto como una medida estrella para coronar un paquete de seguridad no será sino el puntillazo más absoluto del desmadre sanitario.


Los conservadores no aprenderán jamás que su obsesión por conservarlo todo se contradice con la tendencia natural del mundo al cambio. Ellos no toleran las migraciones ni los mestizajes, pero sólo a través de estas mezclas territoriales y sanguíneas avanza la sociedad.


Al margen de tales aspectos pragmáticos, a uno le defrauda enormemente el pensar que los médicos se conviertan en espías gubernamentales. Donde manda patrón no manda marinero, es posible que piense alguno, con su bata blanca y su nómina brillante. Y que contribuya a ese deseo del Gobierno perseguidor de exterminar a los inmigrantes ilegales de la faz italiana. Como ocurrió en la Alemania nazi con los judíos. O por aquí con los moriscos y los gitanos tanto tiempo ha para mayor gloria de sus majestades católicas. O por Israel y su Franja con los palestinos, que son, como todo el mundo sabe, terroristas por naturaleza.


Hubo un tiempo en que existían zonas de alivio para el perseguido por la Justicia, no sólo en las Bienaventuranzas de Cristo, sino en los templos a los que no podían entrar con sus pistolas ni el ejército ni la poli, o en los hospitales, donde la salud no se le negaba a nadie, como tampoco el agua ni siquiera a los vagabundos de mi calle cuando el mundo era más pequeño y yo también. Aquella era la época en que todavía cesaban las bombas en cualquier guerra cuando llegaba Nochebuena. Se trataba de una ingenuidad humanitaria que hacía posible la existencia razonable del policía y el ladrón, del guardia civil y el gitano ladronzuelo, de un bando y del de enfrente, con un respeto admirable, casi poético, por la otredad. Pero todo eso fue antes de que esta globalización maquiavélica terminara por arrebatarnos nuestra condición de humanos ante todo para convertirnos en kafkianos instrumentos de un poder salvaje e invisible. El poder de "lo han dicho arriba", aunque no sepamos de qué piso estamos hablando.
  • Este artículo aparece publicado también en el nº 1.943 del semanario Cambio16.



6 comentarios:

Manuel dijo...

No creo que en Italia hiciera falta una resolución para que los médicos "pudieran" denunciar a quien comete un delito o infracción. Cualquiera de nosotros, aquí y allí, médicos o carpinteros, podemos denunciar que alguien ande por ahí suelto sin papeles, aunque por lo general, no lo hagamos, por compasión, solidaridad y mal gusto. Es decir, que se aprobará la norma, y las cosas seguirán igual: todo dependerá de la ética y valores del médico en cuestión.

Un abrazo

Manuel

Anónimo dijo...

Hay que ver como está Italia...entre el tema de los inmigrantes y el caso Eluana. No puedo entender esta cerrazón.No comprendo cómo es posible que se arme tanta zapatiesta por la " muerte natural"de una chica. ¿Y que pasa con las muertes antinaturales de tantas personas en las pateras? ¿Por qué no se manifiestan con pancartas y defienden también sus miserables vidas?

Anónimo dijo...

ola soy maria!!!me gusta muxo esta noticia contestame wapeton!!!

Anónimo dijo...

ola soi BEKI el articulo me encanta y sobre todo tu¡¡¡

Álvaro Romero Bernal dijo...

No sé de qué María se trata...

José D. Mora dijo...

Jajaja, quillo, eres pura carne de cañón erótico, ¿que son, alumnas?