jueves, 19 de julio de 2012

La crisis y otros escándalos (II)

La desesperación es mala consejera, tanto para un partido que ha conseguido el gobierno cuando ya no había nada que gestionar como para el resto de partidos -incluido el eterno compañero del turnismo- que se ve ahora en la obligación teatral de montar una bronca lo más gorda posible en la calle, con muchos sindicalistas, nostálgicos de la República, funcionarios trasquilados, parados y papás hartos de sostener a sus dos o tres siguientes generaciones en casa, sin futuro por ninguna parte. La desesperación lleva al gobierno a no ver más soluciones que pegar tijeretazos a diestro y siniestro, sobre todo a siniestro,  en un histrionismo cortante que pretende convertir en heroísmo, y al resto -donde nos integramos la población ahora como un todo que nunca lo fue, un todo de víctimas que nunca nos quisimos tanto-, a esa eterna lamentación un tanto absurda que siempre se resume en que esto de la crisis lo veíamos venir, que los políticos y los banqueros tienen la culpa de casi todo, que los nuevos ricos engordaron irresponsablemente la pelota de la inflación y que ahora deberíamos ponerlo todo patas arriba, empezando por la Iglesia y el Rey y terminando por esa casta política que nunca nos molestó tanto como ahora, cuando cualquier politicucho que no ha generado una sola idea decente para la colectividad vuelve a encontrar su carguito mientras a mi hijo y a mi yerno se les agotó la ayuda esa que daban.

Es el momento de los recortes gordos, aunque no los últimos, y de la desesperación, que conduce al populismo, a la demagogia, al discurso facilón y ardiente, para arrastrar a las masas no se sabe a dónde, aunque las masas van porque no tienen nada mejor que hacer. 

Y en medio de esta realidad tan teatralizante y teatralizada, uno se acuerda de esa percepción de los políticos que tenían mis mayores y hasta uno mismo de pequeño. Creíamos entonces que había una brecha enorme entre la gente preparada, como decíamos en aquella época, y la que no, la que no se ocupaba más que de trabajar y traer un sueldo a casa, para la que el mundo era una cosa insolucionable y cada cual tenía bastante con lo que se cocía en su hogar. Entonces creíamos muchas cosas que, conforme nos hicimos mayores, empezamos a descreerlas, que era una manera de defraudarnos con la vida. Supongo que es ese mismo proceso hacia la mayoría de edad del que teorizaban maestros como Kant por el que, tomando ejemplos más de andar por casa, uno veía a su papá como el más fuerte, el más listo y el más capaz de cualquir cosa, hasta que un día uno descubría que su padre era un tío más bien corriente, con muchos defectos y al que uno no querría parecerse precisamente, al menos en aquellos años adolescentes en que crecía la certeza absoluta de que uno se comería el mundo de dos bocados. Sí, los políticos dejaron de ser gente preparada para convertirse en oportunistas descarados, al que por supuesto el discurso forzado y locuaz al que el sistema los obliga no los libra de esa pinta vergonzosa de personajes de cómic o guiñol. Escribo esto y me acuerdo irremediablemente, por imperiosa actualidad, de los ministros Montoro y De Guindos, que forman como una exquisita pareja de tontorrones que siempre piensan después de haber hablado y por eso cada vez que hablan sube el pan, o el Íbex o la bolsa o la prima esa de riesgo, ya que hoy ni siquiera comemos pan al fin y al cabo, sino snacks o sandwidches o biocenturis como mucho. Montoro y De Guindos, De Guindos y Montoro son una pareja de risa pero peligrosa porque, a fin de cuentas, tratan con nuestro dinero, que es el de todos o el de nadie o el de ellos solamente, como demuestra este afán repentino por agradar en Europa, no bajando el paro, que es lo más preocupante por aquí abajo, sino el déficit, que es lo más importante por allá arriba. 

No veo solución al alcance de la mano mientras esta teatralizada sociedad no haga sino lo previsible, lo que a cada cual corresponde, ora amenazando con que no habrá dinero para pagar nóminas a los funcionarios, ora subiendo al autobús con la pancarta y la consigna memorizada. Luego los barrenderos limpiarán las calles de tanta indignación, preocupados porque ya estamos a final de mes y a ver si cobramos; los manifestantes se irán a casa, satisfechos de haberle gritado mucho al gobierno, y el gobierno preparará su análisis irónico del fracaso de las manifestaciones, porque las decisiones ya están tomadas, que le pregunten a la Merkel, que un día de estos lo va a dejar todo y se va a ir a su casita de pueblo, a descansar definitivamente. Con esta gente y este maniqueísmo estéril de buenos y malos, en función de la legislatura y la bancada, no llegaremos sino donde el tiempo nos depare. Dios nos ampare.

Este artículo, junto al anterior, se publican asimismo en el nº 2.116 del semanario Cambio16.

5 comentarios:

José D. Mora dijo...

No quería decirlo, pero ya te he leído tres veces que sólo el tiempo es el factor clave para salir de ésta. Dejar pasar el tiempo es una opción de lo más pasiva que se puede asumir. Y mientras pasa ese tiempo, Álvaro, ¿tú qué haces, estar sentado en casa (al margen el jornal diario) y ver como se derrumba todo? ¿Dejar pasar el tiempo, verdad? Me temo que estos recortes se han quedado en poco porque aún no ha caído la gota que colme el vaso de la revuelta, cuando la única opción sea la violencia y el pueblo asalte, tras vencer a los antidisturbios, el congreso y dé un golpe de Estado. En esto, ahora que lo digo, te doy la razón, para que eso suceda tiene que pasar TIEMPO, tiempo para que esto se vaya todo al garete y se produzca esa situación. Mientras tanto, yo trataré de asumir un papel más activo en aquellas facetas que sean de mi dominio: la educación, la calle y la palabra, me queda la palabra, que diría Blas de Otero.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Querido José Domingo, la palabra nos queda a todos los que, más que confiar, vivimos en y para ella, incluido Blas de Otero. Pero la Palabra, y no la palabrería, la Educación y no el sistema educativo, y la Calle y no el callejeo de cuchipandi dolido no porque haga años que este mundo se derrumba sino porque ayer me quitaron la extra navideña. José Domingo, sinceramente creo que el compromiso es otra cosa que no la rebelión impostada; una actitud crítica y constructiva desde tu parcela de lo más honesta que se pueda. Poco más. Ni tú ni la panda de políticos que aguantamos nos a sacar de esta. Ni yo, por supuesto, sentado en mi sofá o dando voces por las calles. El tiempo, nos guste o no, nos dará las respuestas fundamentales. Y eso no es ser pasivo, sino desagradablemente realista. Los golpes de estado y otros asaltos maravillosos quedan muy bien para imaginarlos. Habrá que gestionarlos cuando lleguen. Como todo.

José D. Mora dijo...

Mientras pasa ese tiempo hay gente luchando para propiciar esa situación. Ese día, si llega, me gustaría saberme entre los que contribuyeron de manera directa al cambio. ¿El compromiso?, apuntas tú, ¿una actitud crítica y constructiva desde nuestras parcelas...?, añades. ¿Qué es el compromiso para ti, y en qué hechos palpables o visibles se traducen en esta situación? ¿Desde qué lugar o medio se puede adoptar una actitud crítica y constructiva que lacere de veras el sistema? Por más vueltas que le doy no consigo sacarme la pasividad de esas soluciones que ofreces. El resto de lo que dices me parece acertado: Palabra, que no palabrería, Educación y no sistema educativo, aunque desde el sistema educativo podemos hacer mucho, no lo olvides (nosotros tenemos un puesto en él); y Calle, no callejeo. Aunque en este último punto tengo que decirte que la gente sí se ha manifestado cada vez que se ha cometido un atropello (huelgas generales, decretazos, recortes de Zapatero...), lo que sucede es que ahora la dimensión ha sido bárbara y colosal. No nos manifestamos por que nos quiten la paga extra. Los recortes afectan a muchos colectivos: funcionarios, parados, dependientes, Sanidad, Educación, consumo (IVA)... Creo que relativizas demasiado las manifestaciones, pero la de ayer 19 de julio no era cuchipandeo dolido. Se está desmantelando el Estado del Bienestar de un plumazo. ¿Crees tú que si lo único que hubiera decretado el gobierno fuera la supresión de la paga extra de los funcionarios, habría habido una manifestación tan masiva como la de ayer? No lo creo, tal vez habrían salido los funcionarios, y no todos. Ayer fue un día para salir a la calle todo el mundo y hacer presión al Gobierno, al menos para comenzar a hacer una presión fuerte, y que toda Europa y el mundo se entere de que el pueblo español condena a sus gobernantes y lucha por sus derechos. Allí deberías haber estado tú, en Sevilla, sumando tu granito de arena. Pero últimamente te contemplo desde un pedestal en el que, como digo, lo relativizas todo y lo miras desde un punto de vista esperpéntico, lo miras desde lo alto. Y así es como si dijeras: "Que lo arreglen ellos, que yo me dedicaré a teorizar y analizar críticamente lo que sucede, ése es mi compromiso". Un compromiso de tribunas, que no de Calle, en mayúsculas.
En serio, tu actitud es plausible pero insuficiente. Yo buscaré un procedimiento más activo. Espero y confío en que todas las protestas y manifestaciones que se auguran para agosto se realicen, que esa petición de referéndum o elecciones anticipadas puedan lograrse con la constancia de la ciudadanía en la calle o con otros métodos más persuasivos. Al menos el referéndum, para desechar este paquete de recortes, porque las elecciones anticipadas sería volver a lo mismo pues, como hablábamos estos días atrás, la clase política es aborrecible y no hay alternativa actualmente.

Álvaro Romero Bernal dijo...

No creo que mi actitud sea más insuficiente que la tuya, por ejemplo. Como tampoco creo que, en tu caso -por no ir más lejos y tú que confiesas haberte estrenado ahora, después de 33 años, en esto de la manifestación- se te hubiera ocurrido asistir si no te quitan lo que ya te han quitado y lo que vendrá. No te imagino en una manifestación defendiendo a los parados o a los mineros. De hecho ha habido muchas manifestaciones antes del hachazo a los funcionarios, e incluso huelgas generales en las que se pierde 100 euritos al día... Ahora que vas a una manifestación consideras que tu actitud es de compromiso activo mientras que la mía no. Eres libre de pensar lo que quieras, pero permíteme que sonría al menos. Si te hubieras detenido en el título y en el subtítulo de mi blog hubieras comprendido hace años que esa actitud de ver las cosas desde arriba que me señalas es con la que inicié mi bitácora. Para verlas desde abajo, desde el interés imperioso que me vaya empujando cada día, ya está la vida misma.

Por lo que respecta a nuestra función en la Educación, por supuesto que comprendo mi papel activo, pero no desde ayer, sino desde hace muchos años. Y en ello he estado, tratando de sembrar algún sentido crítico a mis alumnos. De hecho, muchos ex alumnos me lo siguen agradeciendo.

No relativizo el poder de las manifestaciones. Por el contrario, me parecen, más que necesarias, inevitables. Pero eso no me impide -como me achacas- verlo todo desde arriba y ver cómo muchos se retratan, bien en el gobierno, bien en la oposición, bien en la misma calle, que una tarde es una tarde.

La vida sigue. Las calles están barridas. Ya avisarán para la próxima "manifa". Y lo mismo voy, no te creas.

José D. Mora dijo...

Álvaro, estuve en la manifestación de los mineros del 17 de enero de 2002 en Huelva (mi pueblo es minero), estuve en la manifestación del decretazo de Aznar, allá por el año 2000. Antes del 11 de julio no se habían cometido atropellos tan bestiales sobre tantos colectivos y por lo tanto, aparte de la Guerra de Irak y las manifestaciones contra ETA, no ha habido mucho de importancia para manifestarse. Pero digo más, los mineros se manifiestan cuando les toca a ellos, los funcionarios cuando les toca a ellos, los homosexuales también, todos. ¡A ver si ahora va a ser criticable que uno se manifieste sólo cuando le afecta directamente! Cada uno tiene que defender lo suyo. Vuelvo a repetir que lo de ahora sienta un antes y un después porque no sólo se ha tocado a los funcionarios, sino a todo el pueblo español con mayor hincapié en los más débiles. Por eso está justificado que la manifestación de ayer haya sido la más numerosa de la democracia. También he hecho tres huelgas en las que me han quitado esos 100 euritos (90 para ser exacto). De modo que en mi caso he predicado con el ejemplo.

No critico que en tu blog analices en reposo lo que sucede, desde lo alto. Eso está bien cuando los tiempos son difíciles pero llevaderos. Pero cuando los tiempos son desastrosos y no llevaderos hay que pasar del análisis crítico con resposo a la acción. O si no pasar de una cosa a la otra, sí realizar ambas cosas.

Por otro lado, jamás he puesto en duda tu papel en la formación de alumnos con capacidad crítica. En eso reconozco que eres impecable.

Y si te leyeras bien a ti mismo, con juicio neutral, vería claramente que si relativizas el papel o el poder de las manifestaciones. Ojalá, como dices, estés, estemos, en la siguiente.

Un abrazo.