viernes, 13 de julio de 2012

La crisis y otros escándalos

Lo peor de la crisis que sufrimos a diario es que cada día se hace mayor, más omnipotente, más omnipresente, más protagonista hasta cuando hacemos el amor. No se habla de otra cosa. Y es una lata, sobre todo, oír decir las mismas paparruchadas a gente que no tiene ni idea de lo que dice, a gente que habla de oídas y que sólo abre su pico cuando le han dado un picotazo tras otro en su bolsillo de burguesito contumaz. Con esto de las nuevas tecnologías en red, además, proliferan los filósofos con dichos ingeniosos mientras se toman su gin-tonic, los pensadores que plagian cualquier frase que venga a cuento y la lanzan con su pda o como se llame, los reflexivos parlanchines en soledad que no saben cómo gestionar para nada su rabia porque, en efecto, aquello del bienestar se acabó el mes pasado.
 
A continuación están los políticos, que demostraron su inutilidad desde que la Merkel dijo aquí estoy, empezando por nuestro inútil presidente que más que un inútil en el sentido insultante que se le da en mi tierra, en ese sentido de no valer ni para estar escondido, es un inútil en el sentido de ser anacrónico, de estar pasado, como la uva pasa que ya nadie se come porque ya nadie guarda para sacar la bolsita dulce meses después. Cómo ha pasado el tiempo. Ese tiempo de las vacas gordas del que ahora resulta que todo quisqui reniega, del que ahora resulta que casi nadie se aprovechó. Siempre fueron otros los culpables. Y probablemente quienes se lamentan, nos lamentamos, tienen -tenemos- razón. Pero para qué sirve sino para alimentar la cansina llantina de convertir la crisis en el lobo feroz que ya llegó a pesar de que todos avisamos.
 
Hacen faltan ideas, individuales y colectivas. Las primeras para que cada cual apechugue y salga lo mejor que pueda de esta pantanosa situación. Las segundas para que la colectividad cuasinerte y aletargada que no ha pasado de indignarse, evidentemente, arranque el período de la acción en positivo, es decir, en gerundio creativo. Y yo no veo por ninguna parte ninguno de los dos tipos de ideas, sino toda especie de lamentación, hasta por parte de quienes tuvieron su época de labrarle un futuro a la sociedad y se dedicaron a dilapidar aquel presente a base de pelotazos, bien como agentes irresponsables de la gestión del bien común, bien como pelotas irremediables que entonces sonreían en silencio y ahora han perdido su pudor para hacerse las víctimas como todo hijo de vecino.
 
Lo peor de la crisis, en fin, es constatar todo esto y digerirlo a discreción.
 
Con el pleno histórico de recortes de este pasado martes uno constata, claro que sí, que vivimos la transición de una época a otra, la dolorosa crisis -o cambio- que nos ha arrastrado del tiempo ascendente de nuestros padres al tiempo descendente que van a heredar nuestros hijos. Y que la sangría de recortes, escándalos y sorpresas no ha terminado ni mucho menos, a pesar de las manifestaciones y otros picnic que preparemos para cuando se vaya este sofoco, sino que vendrán más bajadas y subidas al dictado europeo, al servicio de esta moneda que nos dimos alegremente sin pensar en ningún momento cómo funcionaba eso de la prima de riesgo, de los eurobonos, del Íbex, del BCE, del FMI, de las participaciones preferentes, de los valores sinvergüenzas, de las agencias de calificación y de la madre que los parió.

No hace falta ser un lumbreras ni haber estudiado un máster, y ni siquiera ser un pesimista más o menos informado o un optimista ajustado a los tiempos que corren, para darnos cuenta del explotido a rachas que está sufriendo todo, ese todo que los sindicalistas vaticinan que los otros, los malos, quieren cargarse mientras sacan provecho. El perverso sistema se encarga de darnos tantas noticias amargas a cuentagotas. Menos mal. Pero sería imprescindible que unos cuantos valientes dieran el salto para ver el final de esta pelota histérica y rutinaria antes de que lo veamos y suframos el resto de los mortales. Hace falta ir trabajando ya la reconstrucción, para ganar tiempo, y que el tiempo de los escombros dure lo menos posible. Al menos está claro que esa clase de valientes no va a salir de la clase política actual. Por eso es importante la investigación.

14 comentarios:

José D. Mora dijo...

En tu texto realizas una reflexión apaciguada en tiempos histéricos. Quiero quedarme con las dos soluciones que propones: "Para que la colectividad cuasinerte y aletargada que no ha pasado de indignarse, evidentemente, arranque el período de la acción en positivo, es decir, en gerundio creativo"; y "sería imprescindible que unos cuantos valientes dieran el salto para ver el final de esta pelota histérica y rutinaria antes de que lo veamos y suframos el resto de los mortales. Hace falta ir trabajando ya la reconstrucción, para ganar tiempo, y que el tiempo de los escombros dure lo menos posible. Al menos está claro que esa clase de valientes no va a salir de la clase política actual. Por eso es importante la investigación".

Como digo son las soluciones que propones, pero yo te pregunto: ¿en qué consiste arrancar ese periodo de la acción en positivo, en gerundio creativo?, y ¿quiénes deben ser esos valientes que den el salto?, ¿qué clase de salto es ese?, ¿si esa clase de valientes no saldrá de la clase política, de dónde saldrá?, ¿qué papel jugamos tú y yo en todo este entramado?

Me gustaría conocer tus respuestas a estas preguntas que se desprenden de tu texto.

Un abrazo, hermano.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Querido José Domingo, me alegra que te inquiete mi artículo y te haga enlazar primorosamente preguntas y respuestas.

Por empezar por algún sitio, el "salto" al que me refiero es un salto virtualmente temporal. Es decir, que necesitamos líderes que vean más allá de pasado mañana o del mes que viene, que den un salto en el tiempo para ver ya, inmediatamente, cómo estaremos dentro de 5 años, por ejemplo, para buscar las soluciones ya. Para eso hace falta tener una mente de estadista verdadero y, sinceramente, no creo que entre la clase política más destacada de nuestro país se encuentre ningún paradigma parecido. ¿En quién vamos a pensar? ¿En Zapatero, que vio como se le derramaba la sal y se le rompía hasta el tarro y salió corriendo? ¿En este Rajoy que se creía que la política de 2012 consistía en ser razonable; en ser un español normal, como repetía él; y ahora descubre atropelladamente que es una marioneta en manos de los madamases europeos, superando incluso a su antecesor? ¿En Rubalcaba, que es un orador notable pero que no aporta una idea meridianamente clara para salir de esta; o en sus seguidores, en donde abundan tanto los chupatintas en busca de una profesión que se parezca a marear la perdiz? ¿En las Rosas Díaz que tan lejos nos pillan, interesadas solamente en hilvanar un discurso puntilloso que escamotea las grandes cuestiones y sin salida tampoco? ¿En los Durán i Lleida, forofos de su propia tierra, egoístas que con su ápice de razón creen que tienen la verdad completa en su mano? ¿En nuestros nacionalistas perdidos de la mano de Dios? ¿En quién? Por eso estoy seguro de que en la actual clase política no podemos confiar para encontrar un líder capaz de sacarnos de estas. Quién será entonces. No lo sé, pero por eso concluía que es tan importante la Investigación, habrá que investigarlo. Y de algo sí estoy más o menos convencido: de todas las situaciones difíciles se sale, pero el tiempo es un gran seleccionador y cicatrizador. Con el tiempo nos lloverán las respuestas. Me parece importante que tú y yo, por ejemplo, estemos muy atentos.

José D. Mora dijo...

¿Atentos a qué?, ¿o atentos para qué?, ¿para investigar quién puede ser ese líder?, ¿nuestra postura es pasiva, sólo investigadora?, ¿que inventen ellos?, ¿que nos salven ellos?, ¿y nosotros?, ¿no podemos convertirnos en protagonistas? Creo que tenemos que mirarnos a nosotros mismos y no esperar a que aparezcan redentores de la patria, ¿no crees?

Álvaro Romero Bernal dijo...

Por supuesto que nuestra postura no debe ser pasiva; la generación de ideas nos corresponde también individualmente, y conforme las tengamos, actuar en nuestra parcela. Lo que no nos corresponde es arreglar el país o el mundo. Me parece una postura más pasiva el lamento borreguil en los picnic que organicen otros para su propia justificación. El "que inventen ellos", desde Unamuno, como sabes, me parece lamentable como filosofía en España, pero desde la actitud individual de cada español. Las bombillitas se nos encienden o se nos pueden encender a cada uno, pero desde la actitud de trabajo e investigación individual. Desde luego no se nos va a encender una bombillla en medio de una lamentación colectiva. Vivimos ya en un mundo donde no hay que esperar redentores. La patria es un concepto anacrónico y volátil. Mi patria son mis zapatos y mi propia lengua.

José D. Mora dijo...

Creo, Álvaro, que el problema de España no es un problema de generación de ideas, de generación de personas con las capacidades de llevar el timón en esta tempestad. El problema es que quienes pueden y saben sacarnos de este atolladero, saben del riesgo y del sacrificio que implica aceptar ese rol. Hay mentes lúcidas, estadistas y personas con capacidad de liderazgo y carisma en este país, lo que sucede es que saben que tirar del carro es un precio muy alto. Por eso, como bien apuntabas antes, tenemos en la palestra la clase política que tenemos. Son los únicos sin vergüenzas para asumir su condición de payasos de circo, incluso gritar "que se jodan", y por supuesto, lograr lo que se han propuesto (si no, no estarían allí): enriquecerse y chupar del bote.

Por eso, Álvaro, ahora mismo no veo solución. Nadie se quiere arrimar, de qué valdrían elecciones anticipadas otra vez: si es que no hay alternativas. Creo que tenemos que rebelarnos, salir a la calle, tomar los poderes públicos, proclamar una Asamblea Constituyente, convocamos un
referéndum sobre la forma de Estado, disolver los partidos políticos actuales, establecer un sistema de elecciones realmente democráticas, salimos del euro, establecer pactos bilaterales con los países importantes, invertir en educación e investigación. Creo que todo pasa por una vuelta a 1789, pero con las necesidades y formas de procedimiento de 2012.

José D. Mora dijo...

¿No respondes?

Álvaro Romero Bernal dijo...

José Domingo, creía que estaba dicho lo fundamental... En cualquier caso, estoy de acuerdo contigo en eso de que sobran en este país talentos que no están dispuestos a implicarse a un precio tan alto. Lo sé. Eso contribuye a que la clase política que tenemos no sea precisamente ninguna aristocracia.

José D. Mora dijo...

Esperaba una respuesta sobre el segundo párrafo de mi último comentario. Sobre el primero sí que estaba analizado lo fundamental.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Tu segundo párrafo me parece imaginativamente utópico. Tendría que estar la mayoría de la gente muriéndose de hambre, literalmente, para que eso ocurriera. Y todavía no es el caso. Por eso te hablaba del tiempo como gran catalizador y seleccionador de lo que procede en cada momento.

José D. Mora dijo...

Vamos a pasos agigantados a una situación de hambre. Si esto no se detiene, estaremos en esa imaginación utópica en 4-5 años. Ya hay muchas familias sin prestación por desempleo, hay gente comiendo en comedores sociales. Hay 5 millones de parados... vamos en el camino de esa situación si nada lo remedia.

En fin, zanjado el debate.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Efectivamente.

No Cars Go dijo...

Ojalá me equivoque, pero tengo que darle la razón a José D. Mora. Si no hay síntomas de mejora de aquí a corto plazo puede darse el caso de que haya gente que pase hambre. Pero lo que me parece mas insólito no es eso, sino que a estas alturas y con todo lo que ha caido en los ultimos 4 años nos hayamos movido tan poco por cambiar las cosas. Será que como "la roja" ha ganado 3 titulos, lo demás no importa. Sinceramente, no se que es lo que tiene que pasar para que de verdad empecemos a movilizarnos y los políticos escuchen de una vez al pueblo y tomen las medidas básicas si no para arreglar la situación de la noche a la mañana, por lo menos para demostrar que de verdad tienen buenas intenciones, que por no hacer no han hecho ni eso.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Lo llevo diciendo desde hace mucho. El ciudadano alienado de hoy no se mueve hasta que no se ve debajo de un puente, en cueros, con los churumbeles malitos. Aquí el que sabe de veras es el tiempo.

José D. Mora dijo...

Yo comenzaré mañana mi particular guerra. Por primera vez iré a una manifestación. Ojalá fuera el primer paso para el golpe de Estado, el necesario despojo de poder que el pueblo español realizará a sus gobernantes. Necesitamos una segunda transición: de la Dictadura a la Democracia Joven, y ahora de ésta a la Democracia Adulta. Y no estaría mal comenzarla con una Tercera República.