martes, 5 de febrero de 2013

Malpensados

Nos obligan a ser malpensados, a no considerar una exageración aquel axioma de "piensa mal y acertarás", a ceder ante la leve conclusión callejera de que "todos son iguales", y punto; a entender ahora aquel "ellos" que utilizaba mi madre, hace ya tantos años, cuando ensartaba la aguja y en esa tercera del plural englobaba a los mandamases, a los líderes, a los poderosos de todos los ámbitos, sin utilizar la palabra "élites" porque no la conocía, y yo me quedaba entre perplejo y sarcástico, desconfiando de aquella sabiduría doméstica que no podía ser tan sabia. Ahora, tantos años después, con una bonanza y una burbuja y una crisis de por medio, salen los bárcenas y los urdangarines y los sabiondos de los eres y los bigotes y hasta los reyes y sus secretillos y una lista inacabable de listillos que crecieron como la espuma mientras millones de trabajadores en este país no salieron de la tarde de domingo sabinera y a uno se le queda cara de lelo, de bobo, de memo, de gilipollas o mamaostia al cuadrado, que dirían en mi pueblo para entendernos del todo. 

Lo más triste y preocupante de todos estos listados y todas estas negaciones compulsivas que se están publicando es la dificultad para cercar tanta mierda. Por dónde ponemos la valla; hasta dónde llegar con el largo dedo acusador... Porque han salido unos papeles que algún traidor nos ha facilitado a todos, una documentación chapucera que ha abierto una espita por el lugar menos pensado, pero no sabemos lo que nos encontraremos si hurgásemos a conciencia con el dedo. Al menos no lo sabemos aún los ciudadanos que cada mañana nos desayunamos con lo que quieren contarnos. Y es que llevo dos días siendo malpensado. Me sale solo.

Veo una lista con los empresarios más importantes de este país donando dinero a espuertas al PP, como para el domund pero distinto. Todos se rasgan las vestiduras. Los presuntos donantes y los presuntos beneficiados. Pero los papeles están ahí, y datan de los años 90, de cuando yo no era más que un crío, de cuando aún no tenía ni idea de cómo funcionaba el mundo y me contaban mentiras, como a todo el mundo. Supongo que eran mentiras piadosas. Las mismas que yo tendré que contarles a mis hijos. Es duro empezar con un puñado de verdades malolientes. La vida es muy hermosa, al fin y al cabo. 

En la lista están todos los peces gordos de esta España nuestra, como buceando ocultos por las corrientes calientes del poder verdadero, de ese poder del que nada nos contaron porque siempre nos hablaron de la teoría y jamás de la práctica. Y, de momento, la película es que estos donantes quisieron, presuntamente, donar dinero al PP. Pero hay detalles y silencios que me inquietan mucho más, verbigracia:

En los años 2004 y 2008, años de elecciones generales que ganó Zapatero, se acumulan las donaciones. La primera vez puede jugar a favor de lo que El País parece querer vender, porque casi nadie esperaba una victoria socialista. Pero en 2008 el presidente socialista terminaba una legislatura en alza, y no era para nada descabellado apostar a que volvería a ganar. De hecho, ganó.

Los susodichos empresarios no son tontos. Ni lo eran entonces. Pero sí muy generosos, al parecer y a la luz de los papeles que se han filtrado. Sólo se han filtrado esos papeles. 

En esos cuatro años, los susodichos empresarios, presuntamente, obtuvieron beneficios 6.000 veces mayores que su solidaridad con el PP. Por la obra pública. Pero la obra pública la adjudicaba un gobierno del PSOE. Si fueron tan solidarios, presuntamente, con el PP, ¿por qué no lo iban a ser también, presuntamente, con el partido que venía gobernando? No estoy afirmando nada, sino interrogándome sin querer perder el norte de la lógica.

Desde hace unos días, pese al teatro general, me sorprende la prudencia de los socialistas y de algunos más. Es admirable la templanza y la preocupación por la democracia que están demostrando muchos, sin lanzarse a la yugular de los populares. 

Si el goteo de papeles no cesa, y si surgen más traidores, no sólo puede acabar explotándonos a todos en plena cara el mayor escándalo de la democracia, sino que pueden caérsenos de los ojos unas extrañas escamas, para empezar a ver. 

Si ello llega a ocurrir, tendremos que explicarles a nuestros hijos todo, absolutamente todo, de otra manera. Ardua tarea para, encima, seguir conservando la esperanza.

2 comentarios:

José Domingo Mora dijo...

Excelente reflexión, bastante verosímil.

Estrafalario dijo...

Como tu blog denota, se ve venir... muy buena entrada.