sábado, 24 de enero de 2009

Bofetadas judiciales al sentido común



Ya es un tópico ese retruécano de que es el menos común de los sentidos, pero ahora que George W. Bush se retira plácidamente a su rancho sin que se le juzgue por crímenes diversos contra la diversa humanidad; ahora que los malayos sonríen ante irrisorias penas que son más bien penitas; ahora que el juez Tirado protesta por lo bajini por sus 1.502 euritos y toda su panda amenaza con una huelga indecente; ahora que las familias están sufriendo como nadie el castigo por la ambición desmedida de la banca irresponsable; ahora, digo, la condena a una madre que pegó una bofetada a su hijo porque no hacía los deberes nos parece un bofetón grandísimo a ese sentido común que es, en rigor, toda una quimera.


La kafkiana historia de esta bofetada la sufre una familia de Pozo Alcón, en el oriente jiennense, desde 2006. Una tarde cualquiera, María del Saliente, una madre con dos hijos cuyo marido trabaja toda la semana fuera del pueblo, se afana en las labores del hogar. Uno de los chiquillos, de diez años entonces, protesta porque no quiere hacer los deberes del cole. Su madre lo reprende y él se encierra en el cuarto de baño. La madre le dice que salga, pero él se niega. Cuando la madre fuerza la puerta, le da un cogotazo y el chaval se golpea con el lavabo. Puro accidente doméstico. Pues no; cuando el asunto llega a la Audiencia Provincial de Jaén –merced a la extraordinaria pericia de algún docente aburridísimo- la jueza, que no busca en su sentido (común o propio), sino en el Código Penal, encuentra la solución a aquel conflicto doméstico y vespertino: encerrar en la cárcel a la madre durante mes y medio y prohibirle que se acerque a su hijo durante un año y 45 días. Así aprenderá esta mujer, que seguramente no ha leído ningún manual de psicopedagogía y que no sabe educar conforme a los criterios que han aireado luego muchos expertos de la educación por la tele, donde todo el que sale, por otro lado, es experto en algo, ya se sabe; lo ha dicho la tele.


Desde entonces, este pueblo de algo más de 5.000 habitantes, su alcaldesa, y gente del montón se han rebelado contra la medida, por considerarla excesiva. Hasta la Junta de Andalucía se ha atrevido a contradecir a la sacrosanta Justicia para reclamar el perdón para esta madre del bofetón, rara avis en un país en el que ninguna mamá hubiera tenido tan violentísima ocurrencia.


Lo último que se ha conocido del mediático caso es que la jueza, que ha descubierto que en realidad el caso es un estricto ejemplo de violencia doméstica, por haber ocurrido en el hogar y no en, por ejemplo…, un aeropuerto, ha rectificado sus 45 días de prisión para la madre y pone ahora en su sentencia 67 días, 22 jornadas más, o sea. La misma sentencia, que reconoce que el chiquillo tiene un “carácter difícil” –¿habrá sido redactada con el niño delante, jugando allí frente a la jueza?-, tiene el descaro de sugerir el indulto parcial sobre el alejamiento de la madre, pues ésta tiene otro niño más y será complicado que atienda a este último mientras se aleja del primero. El indulto lo tendrá que decidir el Ministerio de Justicia, con lo que la jueza en cuestión se lava las manos, cual Pilato achaparrado con la que está cayendo. El pleno del Ayuntamiento de Pozo Alcón eleva su petición de indulto. Ahora habrá que esperar sentido común, es decir, un milagro.


El episodio ha llevado al atildado juez de menores Emilio Calatayud a poner el grito en el cielo y a pedir el cambio de una ley que se hizo pensando en las mujeres maltratadas por sus parejas y que la estupidez de determinados magistrados ha convertido en un bucle disparatado contra casos que nunca debieron judicializarse. El caso no es que pueda crear un peligroso precedente, sino que ya lo ha creado, pues numerosos padres se tragan a diario su recto proceder de dar un cachete a sus hijos cuando éstos no atienden a otras razones más dialógicas.


Los menores, cuyo desarrollado sentido hedonista está fuera de toda duda, enseguida se percatan de su situación ventajosa en un sistema social en el que ni sus padres los pueden tocar, de modo que este tipo de jurisprudencia se la saben al dedillo. En realidad, deberíamos propiciar un sistema de protección de menores mediante el cual el cachete familiar fuera la garantía protectora y previa ante otros cachetes que la vida nos pueda dar luego. En el caso de Pozo Alcón, cuya madre, para más inri, es sordomuda, el chaval al que la Justicia pretende alejar de su progenitora ya ha aprendido la lección de la insoportable infantilización de los adultos y especialización estéril de las Facultades de Derecho. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena. Y menos los niños. No sé por qué me aterra recordar ahora Los viajes de Gulliver.
  • Este artículo aparece asimismo en el nº 1.942 del semanario Cambio16.

4 comentarios:

Fae dijo...

Te aseguro que cuando escuché la historia hace semanas pensé que era una broma. Pero la cosa va en serio. Hasta hace días se ha visto la campaña en televisión promovida por el Ministerio de Educación: "Tus manos son para proteger". Desde luego, el castigo físico no es educativo ni ético, pero un cachetillo hemos recibido todos alguna vez, y ello no puede ser considerado de ninguna manera agresión. No todos los padres son como los de la pequeña Alba.Tampoco los jueces son como Emili Calatayud. Eso. Sentido común, artículo caro en época de crisis.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Desde el zapatazo a Bush, se suceden las manifestaciones surrealistas. Cuando la realidad está en crisis, surge el subterfugio hacia otra realidad distinta, pero podrían optar por la literatura, que es bonita y no hace daño más que al que la lee, ¿no?

JASO dijo...

Mis felicitaciones por tu blog, me gusta tu manera de expresar las ideas, aunque no compartamos las mismas ideas políticas por otros posts de tu blog que he visto.
Respecto al post-bofetada he de decir que me parece una vergüenza esta sobreprotección de los menores que, tal y como dices, están aprovechando la coyuntura para hacer lo que le sale de los cojones frente a padres, a profesores y a la sociedad en general, es decir, la justicia está favoreciendo que se crezcan ante cualquier símbolo (dígase persona) que les implique algo de autoridad, disciplina o responsabilidad. Me parece una verdadera lástima.
Todavía recuerdo el famoso zapatazo (no del moraco a Bush) de mi madre cuando la desobedecía. Esa suela de goma dura de 4 cm. de grosor que me lanzaba a distancia y que el 80% de las veces lograba evitar golpeando en la puerta o en la pared manchándola y haciéndola cabrear aún más... jejeje. ¿Y qué? Ahora soy un chaval de 29 años con mi vida normal quiero a mi madre, a mi padre, a mi hermana y a mi mujer y procuro no joder a nadie la vida con mis actos y tampoco tengo ningún trauma porque mi padre o mi padre me hayan dado un tortazo a tiempo o mi profesor de la EGB me hubiera gritado en algún momento puntual por estar distraido ¡que yo era un niño mu güeno coño!
¡Maldita jueza aburrida y mala madre!

Álvaro Romero Bernal dijo...

Gracias por tu piropo, Jaso; en cualquier caso, no hay que radicalizar ninguna postura... pero lo de este episodio judicial es que clama al cielo y, encima, se suma a otros muchos que están de moda. ¡Vaya tela con el tercer poder, que llevaba tantos años calladito!