miércoles, 21 de noviembre de 2007

Fernando Fernán Gómez

Ha muerto este actor que era un sabio duro de roer en la pantalla. Viéndolo, parecía un ser demasiado ajeno a la modernidad, pero trabajó inapelablemente unido a los guiones, las interpretaciones, las sillas de dirección, los libros, la ficción y otros ingredientes del mundo que no existía antes, mucho antes. Nunca olvidaré su papel en La lengua de las mariposas, de José Luis Cuerda (un director exquisito como pocos -les recomiendo al respecto El bosque animado-). En esa película boscosa, donde la música nos conduce por los vericuetos escondidos del alma, su personaje, un maestro republicano, contiene todos los caracteres de un antihéroe condenado a convertirse en héroe muchos años después. El heroísmo, esa condición tan controvertida por estar sujeta a los valores de los tiempos, ancla en este personaje un cúmulo de valores atemporales: curiosidad, ternura, inteligencia y piedad. El maestro enseña a sus alumnos mundos posibles más allá del terrón en el que viven. Les abre otras ventanas que jamás hubiesen imaginado. Y al final, al comienzo de la guerra que ganaron los fascistas, los alumnos y sus padres y su mundo entero lo apedrean y lo salpican de insultos mientras se lo llevan para fusilarlo. La rabia le aflora en otra película grandiosa, El abuelo, de José Luis Garci (basada en el libro de Pérez Galdós): "Quedaos con ese mundo vuestro, que os aproveche; o mejor dicho: que se os indigeste", apuntilla el personaje de barbas blancas que no es precisamente un Papá Noel. Su pronto antipático no superará nunca su borrosa grandeza. Fue un pícaro, un burlón, un cascarrabias, pero nunca un pelota de ningún sistema. Me entristece su muerte sobre todo porque dudo que venga algún sustituto en camino. Comprendo que traerá otra pinta. Ojalá.

1 comentario:

José D. Mora dijo...

Hay veces que me pregunto por qué próceres de la cultura llegan a los extremos de la grosería y la mala educación. Cierto es que no le ha faltado pizca de razón en aquello que criticó Fernán Gómez, pero la cultura ha de servirnos no para incurrir en los malos modales que emplean aquellas personas a las que criticamos. En este sentido, Cela, Umbral y Fernán Gómez no estuvieron a la altura de lo que se espera de ellos. Aún así, suscribo tu reflexión, Álvaro.