miércoles, 17 de diciembre de 2008

El zapatazo 'surréaliste'


Ya hay quien pide un premio Pulitzer para el periodista iraquí Muntazer al Zaidi por haber representado la performance más revolucionaria de esta desgastada postmodernidad; incluso quien está dispuesto a pagar millones de dólares por el par de zapatos que tiró al casi extinto presidente de EEUU, George W. Bush, en su surrealista aparición en el Irak de sus últimas bombas. No son exagerados tales deseos si se considera que la hazaña del reportero no sólo ha sido el gesto más aglutinador del sentir de su país (y de muchos otros), sino la forma más pura de resucitar el atrofiado surrealismo de los años de André Breton. El happening que no se practicaba con tan verdadera honradez desde la época de Tristan Tzara ha encontrado digna continuación con manifestaciones en Bagdad en las que han participado miles de personas con zapatos en la mano. Las concentraciones zapateras se han multiplicado por otros muchos puntos de la geografía árabe. Y con ello se ha cerrado el círculo de una era en la que la debida respuesta a las locuras del nuevo imperator no han surgido del organismo competente (véase ONU), sino de la viva metáfora que supone un par de zapatazos a los hocicos del infractor.

No podía terminar de otra forma este episodio yanqui (ahora que se hunden Wall Street y Guantánamo) que arrancó del soberbio surréalisme de un presidente que se atragantaba con galletitas y que nos arrastró a todos a la etimología del término: sobre-realismo, es decir, por encima de la realidad, si bien el uso del fenómeno artístico nos ha llevado también a entenderlo como el pasaporte a territorios por debajo de la realidad consciente, al automatismo del loco pensamiento sin la intervención de la razón. En rigor, se trata del mismo surrealismo que ha empujado a Bush a intentar solucionar la crisis del libre mercado traicionando sus principios.

El célebre zapatazo, cual bofetada última, le ha supuesto al mandatario que ya se va un baño de algo más que realismo, a saber, surrealismo, el fenómeno que busca imágenes para expresar emociones sin corrección racional. Está claro que hemos encontrado una estampa perfecta que ahora internacionaliza el youtube.

Ya en 1925 apareció un periódico bajo la cabecera “El Surrealismo al servicio de la Revolución”; o sea, que el matrimonio entre ambos términos viene de antiguo. En 1938, ya internacionalizado el movimiento, Breton firmaría en México, junto a León Trotski y Diego Rivera, un “Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente”. Y una década después se aprobarían los Derechos Humanos que ahora cumplen 60 años y que, tras haber sido atropellados surrealistamente, se reinvindican tirando zapatos.

Al periodista iraquí que los lanzó, en un arrebato de coraje que no sólo lo representaba a él, le han dado una paliza. Dicen que pueden caerle dos años de ćarcel. No sería surrealista, sino justamente revolucionario, que el pregonado cambio de Obama comenzara por salvarlo.

  • Este artículo aparece también el nº 1.934 del semanario Cambio16.

1 comentario:

Manu dijo...

Ha sido exactamente eso: un final surrealista para un "reinado" tremendamente surrealista. ¡Qué lástima que Aznar no tuviera, en su día, unos mariachis tirándole, por ejemplo, guitarras y panderetas!

Hubiera sido divertido... ¿No?