domingo, 8 de marzo de 2009

En la cocina de 'Don Mendo'


Este fin de semana he formado parte de una ilusión colectiva con nombre de tragicomedia: La venganza de don Mendo, una obra de Pedro Muñoz Seca (1879-1936) que ha sido representada en el teatro municipal de mi pueblo, recién nombrado Pedro Pérez Fernández, su compañero de tantos ripios y tantas carcajadas. Pérez Fernández era de mi pueblo, por cierto, y antepasado de una compañera con la que trabajo actualmente, Mari Carmen. Hay quien sostiene que fue Pérez Fernández y no Muñoz Seca el autor de La venganza de don Mendo, pues eran tantas y tan estrechas sus colaboraciones que es imposible discernir qué escribía uno y qué el otro. Se trata, en cualquier caso, de una de las obras más representadas en la historia del teatro español desde que se llevara al escenario por primera vez en Madrid y en 1918.

La obra, un astracán, tiene por tanto mucho más de comedia que de tragedia, y más aún gracias a la adaptación del director: Antonio Cabello, un juglar de este siglo al que le puede la pasión de la locura escenificada. Cabello, trovador disimulado, ha trabajado la obra durante muchos meses con actores que no son, en su inmensa mayoría, profesionales. Ha matizado sus voces, sus gestos, sus movimientos, y ha conseguido doblegar su timidez, a veces tan bárbara que hoy parecen un milagro determinadas interpretaciones. Gracias a Cabello, gentes del montón se han convertido en actores brillantes, lo que demuestra que, en el fondo, no hay gentes del montón, sino un montón de gentes capaz de hacer cosas maravillosas si encuentran el estímulo oportuno. Entre los actores, hay agricultores, amas de casa, estudiantes, comerciantes, maestras, funcionarios municipales,... o sea, todo lo que se pueda imaginar entre el teniente de alcalde del pueblo y un chaval con síndrome de Down. Sobre las tablas, todos éramos iguales, y esa grandeza igualitaria del teatro, tan democrática, ha emocionado a más de uno a un lado y a otro del telón. A mí también, que me he incorporado muy tarde para hacer un par de papelitos prescindibles pero que me han dado la oportunidad de conocer la cocina teatral, lo cual me parece del máximo interés.

El argumento de la obra arranca del Medioevo español, de don Nuño Manso de Jarama, que tiene una hija, Magdalena, a la que va a casar con don Pero, duque de Toro. Ella tiene amores con don Mendo, noble pero pobre, al que recibe en su cuarto de la torre, pero le atrae mucho más la idea de un matrimonio con el rico don Pero, privado del Rey. Don Pero descubre a don Mendo en los aposentos de Magdalena; éste, para no delatarla, dice que subió a robar, y es enviado a prisión. Pero don Mendo es rescatado por el Marqués de Moncada, y se dedica a planificar minuciosamente su venganza. Y empieza a llevarla a cabo... Entretanto, don Mendo aparecerá con las más estrafalarias pintas para acercarse a Magdalena y matarla. También el duque de Toro, cada vez más cornudo, y el padre, don Nuño, cada vez más deshonrado, intentarán acabar con la provocadora de todo el enredo. Pero Magdalena ha conseguido encandilar hasta al rey de Castilla y León, mientras que don Mendo tampoco se ha quedado atrás, configurando entre ambos las más disparatadas escenas...

Las dos representaciones que hemos hecho el viernes y el sábado han sido todo un éxito. En el teatro no había una butaca vacía. Y el pueblo tiene ganas de más. Cabello había diseñado una coreografía de moras, alumnas de Azofaifa, que ha hecho las delicias del público, tanto ha sido su valor dinamizador en el cenit de la obra. Seguro que habrá más representaciones, incluso en la provincia, a pesar de que las autoridades no parezcan verle la punta del todo.

La punta siempre es cosa nuestra.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo estuve el viernes en el estreno y me pareció tan grande el esfuerzo realizado por los actores y el dierctor que me quedé pasmado. Increíble la gente del pueblo encarnando a esos personajes tan locos y disparatados y al mismo tiempo tan deliciosos. Muy bien. por cierto quien es el director no lo conozco, es del pueblo? La versión es muy buena Felicítelo si puede de mi parte. Fantástico todo. enhorabuena Álvaro

Álvaro Romero Bernal dijo...

¿De qué parte o partes viene la felicitación? Falta la firma...

Karmela dijo...

Gracias Álvaro, por expresar tan bien la emoción y la magia que hemos sentido todos. Gracias, desde aquí, públicamente a nuestro querido trovador del siglo XX, Antonio Cabello.

vive argüelles dijo...

Nosotros, los Cavestany, sostenemos, aunque le pese a Alfonso Ussía, que la Venganza de Don Mendo, la escribió nuestro bisabuelo Juan Antonio Cavestany, poeta, autor teatral, académico y político del último tercio del XIX y principios del XX (hasta 1923 que falleció)

Pese a la diferencia de edad, Juan Antonio Cavestany era íntimo amigo de Muñoz Seca, colaboraban y escribían juntos. Nuestros abuelos recordaban como ambos se encerraban en el despacho de mi bisabuelo a escribir y las carcajadas se oían en toda la casa.

Parece ser que el bisabuelo escribió la Venganza de Don Mendo, pero era una obra "seria" y no encontró salida, por lo que decidió "dársela" a Muños Seca, que le dio el toque cómico y arrasó.

Conservamos los "cuadernos de cuentas" de la época y casi todos los meses hay un asiento de entrada relativo a pagos por parte de Muñoz Seca. Amigos, colaboradores, y puede ser lo que hoy en día se llama "negro".

Pero la historia quiso que la Venganza triunfara tal y como se conoce, como una comedia escandalosamente divertida, como una auténtica obra de arte y cuyo mérito se le da a Muñoz Seca, como debe ser.