viernes, 20 de marzo de 2009

La primavera y Marta


Ahora que hasta los alérgicos reconocen que germina la vida a borbotones -la sabia por los troncos, las flores por las ramas, la sangre por las venas-, el alma de Marta del Castillo otea desde el cielo su cuerpo maltratado. Lo buscan por el río, por el lodo, por las alcantarillas, por los basureros, pero sólo su alma sabe dónde está. La macabra adivinanza de los asesinos sobrevuela la amargura de la familia y de una sociedad entera que no termina el duelo hasta que no entierra el cuerpo, esa cárcel que decían los místicos y que ya no vale nada.

Marta estaba en la flor de la vida y ahora ya es ceniza, pasto de las llamas de la violencia, el rencor, la lascivia y otros desechos peores. La vimos con su ropa rosa, con su sonrisa de invitada a la boda, con su carcajada de parque temático, todo lo que unos asesinos que ella pensó que merecían la pena le arrebataron de un ebrio mordisco. Tanto todo para nada, han debido de pensar los suyos.

Ahora conviene más que nunca creer que la persona es, sobre todo, el alma, una sutil mariposa que escapa del cuerpo cuando éste se deshace definitivamente... Pero a los padres de Marta les costará lo suyo creerlo, ahora que las mariposas y las hadas llenan de azul el aire y arrulla el Guadalquivir desde Cazorla, ahora que las estrellas se amontonan cada noche y ella ya no está en casa.

No lloréis por ella. Marta está en la luna.

2 comentarios:

antonio dijo...

Bonita y sentida entrada.Es emocionante leerla, sobre todo para aquellos que tenemos hijas de la edad de Marta. Tener hijos adolescentes hoy es un camino de espinas y casi siempre acabamos dejándonos la sangre en el recorido hasta su madurez.
Antonio

Álvaro Romero Bernal dijo...

Tal vez me haya salido tan sentida, como tú dices, por el hecho de que yo estoy viéndolas venir, ya ves...