domingo, 22 de marzo de 2009

Uta Geub


No recuerdo el instante en que la conocí, pero fue en Sanlúcar de Barrameda, en aquellos meses en que yo periodista pasaba del vespino que me había llevado mi padre al Ibiza que pude comprarme y que todavía tengo. Recuerdo que estaba nublado y que yo iba y venía de Chipiona, pues me encargaba por entonces de la información que generaba aquel pueblecito marinero que se masificaba en verano pero que durante el resto del año adquiría una pátina fantasmal, con sus gaviotas y su playa solitaria. Un día, Uta exponía en la sala El Chusco, pues su cartel había sido elegido para anunciar el Carnaval chipionero. Estaba exultante; le habían confiado el pregón pictórico de una fiesta tan importante para aquellas gentes a una alemana que no hacía ni un año que acababa de llegar. Sería el año 2002. Vino conmigo en el coche, posó para las fotos, le hice preguntas que ella contestó en su español barbarizado y tomamos luego una copa en Sanlúcar. Ya en la redacción, como no me habían quedado claras sus declaraciones, me inventé el reportaje, pero salió bonito. A ella le encantó y al público, sorprendido por los colores provocativos de aquella alemana blanca como un ángel del otro mundo, también. Aún recuerdo que tildé su pintura de cubista y pop, y tales calificativos siguen jugando a su favor en las páginas de los periódicos nacionales donde sale ahora, siete años después.

El mérito de Uta es haber conseguido un nombre en la sociedad andaluza en un tiempo récord. Sólo en 2009 ha sido la autora del cartel de las Fiestas de Primavera de Sevilla, del calendario que edita el Ateneo (cuya Cabalgata también anunció el año pasado) y del Salón Internacional del Caballo (Sicab). Además, ha expuesto en decenas de salas, bodegas y galerías de todo el país y ha salido en portada en los principales periódicos que todos conocemos. Y todo ello, ella sola, sin enchufes, sin conocidos, sin amigos, sin papás, sin trampa ni cartón, ni siquiera usa maquillaje. Doy fe de su sencillez semivegetariana, de verduras, aceite y pescado.



Mucho antes de su fama, cuando arribó por Sanlúcar y nos conocimos, estuve varias veces en su casa, con su marido -Joaquín-, otro alemán, simpático en su seriedad aunque menos sociable que ella. Los tres disfrutamos de algunas comidas caseras, con mucha pimienta, y de alguna que otra salida al Barrio Alto, a aquellos bares regados con manzanilla...


Cuando me vine de Sanlúcar, me olvidé de sus puestas de sol, de sus polémicas políticas, cofrades y urbanísticas, de sus carreras de caballos, de sus alfombras de sal, de sus personajes en la plaza del Cabildo, de los pesados que nos daban la lata en el periódico, de las maquetas que utilizábamos para las portadas, de aquéllas que terminábamos a medianoche los viernes, mientras Marina me llamaba antes de irse a la cama... Me olvidé de todo lo olvidable, pero Uta siguió llamándome de vez en cuando, escribiéndome... Incluso me regaló, uno de mis últimos días por allí, un cuadro de un elefante negro que cada día se cotiza más.

Ayer almorzó con nosotros, en mi pueblo, un arroz caldoso con carabineros que nos sirvió para recordar viejos tiempos y soñar con los nuevos. Uta es admirable por su perseverancia a prueba de bodegueros, constructores, políticos y capillitas, a los que nunca les interesó el arte sino la pose con una pintora exótica. Ella, en cambio, aprovechó algo de cada uno de ellos y se impulsó como en un trampolín hasta conseguir un digno puesto en la pintura contemporánea.

3 comentarios:

Corrdinación dijo...

¡Y además es muy guapa! La recuerdo especialmente por el cartel que hizo para las Carreras de caballos de Dos Hermanas, el año pasado. Su estética es muy personal, transmite. Mi enhorabuena.

Anónimo dijo...

Me encanta el perfil de la señora, su -imagino- constante trabajo para abrirse camino. Me encanta tu descripción de Sanlúcar y Chipiona, que conozco bien.

Pero lamento, como tantas otras veces en tus escritos, dos detalles. Reconoces que te inventaste el reportaje. Si no es metáfora, te honra, pero tengo la impresión de que los inventas, o casi, demasiado a menudo y en otras cuestiones. Y eso es malo para la ética periodística que defiendes a veces con menesteroso afán.

Y dos, esa descalificación sumaria de todo lo que se mueve y que no es de tu agrado, por decirlo suave, o desprecias, por decirlo en grueso. Ahora toca bodegueros, babosos, políticos -cómo no?- y no sé que más... que "nunca" no sé qué... Nadie, y menos todos, nunca nada. Son (pre) juicios gratuitos que no aportan nada a lo que quieres contar y lastran y ensucian ideas que pueden ser válidas. Más aún, en todas partes cuecen habas y nadies es perfecto. Ni siquiera tu, supongo.

En fin, tómatelo como el comentario de texto de un alumno. Y felicidades a la alemana.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Señor o señora ánónimo, que aquí no puedo distinguir géneros:

Gracias por sus apreciaciones. Me alegra que le hayan gustado la señora y la costa noroeste gaditana.

Por supuesto, y me alegro de que así lo sospeche, lo del reportaje inventado es una metáfora o una licencia de exageración que quizás debiera haber omitido. No sé por qué dice usted que demasiado a menudo me invento reportajes. No estoy de acuerdo en eso. Quizás usted confunde la dosis creativa que un género como el reportaje puede admitir con la "inventio" descarada. Pero en fin, son cosas que se pueden discutir, y a mí me gusta hacerlo. En cuanto al desprecio que me presupone, me hace sospechar que usted defienda ciertas cosas que a mí, en cambio, no me gustan o, en cualquier caso, que no me ha entendido bien, o, en última instancia, que mi texto no queda claro. Esto último es lo más probable.

Si usted hubiera visto, como yo, el uso que algunos de estos personajes a los que yo reduzco a caricatura hacen de artistas válidos como Uta, y no sólo de ella (se lo aseguro), estoy casi seguro de que no se espantaría de mis palabras. Sí comprendo que puedan chocar, porque es posible que mi planteamiento a veces, por reduccionismo lingüístico, por densidad informativa o por escribir por intensión y no por extensión (que me enrollo), confunda un poco o bastante. Aclaro que no todos los bodegueros o políticos son así, faltaría más. Y yo no pretendo decir eso, sino que muchos de los bodegueros o políticos que se acercaron a Uta lo hacían con una intención que no era sino la de pegarse a un ser exótico, para aparecer en la foto, vamos, como se suele decir.

Me choca un poco que usted utilice el "Ahora toca..." como si antes hubieran tocado otras cosas y usted ustuviera harto y al corriente.

Me gustaría me mantuviese al corriente de sus observaciones y, si es posible, de sus señas para conocerlo, aunque creo que ya lo conozco. Tendré que decir re-conocerlo.

Muchas gracias en cualquier caso otra vez.