martes, 18 de marzo de 2008

Aznar, forever

El PP, partido que gobernó España durante ocho años en dos legislaturas desiguales -la primera, con apoyo minoritario, sirvió para sanear el país en muchos sentidos, mientras que la segunda le sirvió al presi José María Aznar para consolidar su imagen de estúpido con falsas ínfulas internacionales-, tiene la mala suerte o la mala gestión interna de no haberse sacudido aún la herencia de las Azores. A mucha gente se le aparece todavía la imagen surrealista de Aznar en aquella isla portuguesa nada más oír las siglas que también dieron de sí al padre putativo que hoy es nombre corriente. Quien parecía acogido candorosa e imbécilmente bajo la sombra todopoderosa de un padre, putativo o no, pero sí yanqui y altanero, era Aznar, en aquella foto que dio la vuelta al mundo y en la que era todo un pelota a punto de derretirse con el brazo de George sobre su hombro. Su risita era patética, y lo sigue siendo en la memoria colectiva. Por haberse callado putativamente, los irakíes se vieron sorprendidos por un chorreón de bombas al día siguiente. Y así durante muchos días...
George W. Bush, presidente de los EEUU; Tony Blair, primer ministro británico; y José María Aznar, presidente del gobierno español, decidieron, contra la ONU y contra el clamor popular -sólo en España se manifestó contra aquella guerra el 91% de la población-, que había que invadir Irak para derrocar al dictador Sadam Husein, que tenía armas de destrucción masiva. Por supuesto, todo el mundo sabía que Husein era un dictador; pero nadie tenía claro que poseyese más armas que su carácter dictatorial y todo lo que ello conllevaba. El trío, en cambio, más visionario que la gente de a pie, claro, tenía la "convicción moral" de que aquello era así, según el profeta Aznar. La Iglesia, por cierto, no dijo entonces esta boca es mía; tal vez por no contradecir a los profetas, ya se sabe su antigua amistad. El caso es que la profecía falló, pero es que nadie es perfecto.
A pesar de demostrarse por activa y por pasiva que Sadam no tenía más que rifles mohosos, la guerra continuó, murieron miles y miles de inocentes, ahorcaron al dictador y todavía hoy, cinco años después, el reguero de sangre sigue goteando día a día. Nadie pidió perdón.
Bush consiguió distraer la atención, que era su objetivo tras la vergüenza mundial de no capturar ni vivo ni muerto al forajido más buscado del Western: Osama Bin Laden, el autor del atentado contra las Torres Gemelas en septiembre de 2001. Blair, apéndice histórico de los americanos, cumplió con la tradición. Y Aznar, trepa monumental del catetismo hispano y bigotudo, hizo el ridículo internacionalmente. Luego, a los dos países colaboradores de EEUU, les regaló Al Qaeda sendos puñados de muertos en un atentado a lo grande. Pero ya se sabe que establecer relaciones de causa-efecto no es políticamente correcto. Así que no hemos dicho nada al respecto.
Cuando se cumplen cinco años de aquella película de neosurrealismo global, Aznar sigue aferrado a lo que en todos los foros internacionales prefieren pasar por alto. Ha dicho el dinosaurio pepero que tuvo el dedo fino de señalar a Rajoy como heredero que el de las Azores "fue un momento difícil", pero que "mi convicción, mi conciencia y mi mente están claras". Es decir, acorde con el lema propagandístico de su partido antes de la derrota del 9-M -"Las ideas claras"- Aznar ha corroborado, pasado tanto tiempo, que no conoce el escrúpulo y que su estómago está hecho a prueba de bomba y sangre ajena. Él parlotea su inglés de club de la comedia en Georgetown.
Ha tenido el descaro además de señalar que "sin ser idílica", la situación de Irak es ahora "muy buena". Supongo que habrá pensado que "muy buena" para estos irakíes de mierda, que ya les vale, qué quieren, ya no hay tantos muertos diarios como en 2004 y eso... O sea, que no se quejen, que para como empezó la cosa, ya no están tan mal. ¿No entienden ustedes lo mismo? Corríjanme, por favor.
Nuestro feliz ex presidente ha declarado: "Estábamos convencidos de que nos asistía la razón y de que actuábamos además en interés de mucha gente".
La época del racionalismo ilustrado pasó hace tanto tiempo que el mundo detesta hoy a los héroes. ¡Que no nos salven, que nos dejen como estamos! Los únicos héroes que me gustan son los de las tiras cómicas de antaño.

2 comentarios:

Manuel dijo...

En la vida todo es relativo, salvo Aznar, que ha querido convencernos de que es un idiota absoluto.

Saludos

Manuel

Anónimo dijo...

Lo único bueno que hizo Aznar en su carrera política fue precisamente dejarla e irse a Estados Unidos como conferenciante a "enseñar" (ja ja ja) a los norteamericanos. . . y así les van . . . .

Saludos.

Fidel