jueves, 21 de febrero de 2008

Menores y violencia

Los últimos episodios de violencia generada por la candidez angelical de algunos menores, de 14 ó 15 años, han hecho resurgir el debate necesario de la eficiencia del castigo. La cárcel, ya se sabe, está para reeducar y reintegrar, aunque luego es el escenario de los más sanguinarios argumentos cinematográficos. Algo parecido podríamos decir de los reformatorios, pero no sigamos por ahí; una cosa es la vida, terrorífica a veces, y otra el cine de terror. El defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, ha recordado que el fin del castigo es reeducar. Muy bien. Está bien recordarlo, porque luego llegan los oportunistas de turno, los populistas populares, para pescar votos con la caña de la mano dura contra los chiquillos de 12 años. Lo que pasa es que es difícil sustraerse a lo escabroso de la vida diaria, de la miseria barriobajera que nos cuentan los periódicos, y tener la frialdad y la objetividad suficiente para pensar con generalidad y no con la sangre caliente de las particularidades. Pero hay que hacerlo. Es nuestro deber y nuestra responsabilidad.
El grito del chico de 14 años que ha amenazado a su profesor en un barrio sevillano cuando se lo llevaban los policías pone los pelos de punta: "¡Te voy a abrir la cabeza con un hacha! ¡Voy a traer a mis amigos de Las Tres Mil!". Sobre todo a los que también nos dedicamos a esto de educar a los cándidos adolescentes y conocemos de primera mano sus costumbres pastoriles o borreguiles. El caso tiene aspectos surrealistas, como todos los que la realidad arroja al vacío estrepitoso de la actualidad impresa, carne de telediario. Los hechos ocurrieron en Rochelambert, a partir de donde un profesor mío de la facultad decía que no existía el mundo para él. Está claro que se equivocaba, porque en Ermua también ha sufrido una paliza una chica de 15 años. La amenaza del chico sevillano tuvo lugar el 14 de febrero, que es el día del amor y la amistad. No siempre, está claro. El profesor daba Latín, conocida lengua muerta que a los chicos no les gusta, por maś que tengan predilección por la violencia atávica de dar patadas en los huevos, que era donde intentó dirigir su malaleche contra el profe que lo descubrió fuera de clase.
Pese a todo, insisto, no deberíamos caer en la solución fácil de hacerle el juego a Rajoy. ¡Todos a la cárcel!, que es un argumento peliculero, pero nada eficaz, si exceptuamos, claro, su intento de ganar las elecciones del 9 de marzo para luego ya veremos.

3 comentarios:

Manuel dijo...

Efectivamente Rajoy se equivoca cuando habla de chavales jóvenes y violencia, pero también ha quedado claro en estos últimos 20 años que quienes han gobernado, es decir, PP y PSOE han fracasado estrepitosamente en sus planteamientos educacionales. Tú sabes mejor que yo que en los institutos hay mucho canalla suelto. En los pupitres sentados o sobre el estrado. Por cierto, eso del estrado ya no se lleva, ¿no?

Un abrazo
Manuel

Álvaro Romero Bernal dijo...

No, no se lleva. Aunque a veces uno lo echa de menos para controlar al ganado de las últimas filas. Supongo que las propuesta pseudoeducacionalespromopedagógicascuentistasetc. las descartaron al implantar la Logse y otras pedanteráis ineficaces en el sistema que aguantamos hoy.

Álvaro Romero Bernal dijo...

Ah, otro factor para el surrealismo que se me había olvidado: el instituto en el que ocurrió la cosa se llama La Paz. Tiene cojones.