viernes, 28 de diciembre de 2007

La nueva televisión


Lo decían en la facultad y parecía una profecía utópica, elitista y casi estúpida. Decían que la televisión pública del futuro, como nuevo negocio regenerado a partir de la inquietante oferta de las privadas, se convertiría en un cajón desastre en el que cabría todo lo que las privadas no quisieran emitir por falta de rentabilidad. Algo de eso hay, pero hay más. Resulta que la bazofia televisiva, o lo que a mí me parece bazofia televisiva, no es cosa sólo de las públicas, sino muy especialmente de las privadas. Quiero decir que la emisora que no tenga un programa basura (entiéndase el adjetivo en el sentido general que se le da) que tire la primera piedra. Por todas partes amenazan los programas que simulan el cotilleo barriobajero de quienes quieren aprender a cantar o a bailar y terminan enrollados; de quienes se quedan aislados en un plató para descubrir al respetable los vicios y las miserias de la duración; o de quienes (y esto ya es el colmo) se quedan sin hacer nada (nada interesante, claro, ni digno de mención) y sólo por eso ganan o pierden concursos que duran meses. El caso es que la televisión ha sido definitivamente colonizada por el cualquiera. El donnadie ha conquistado la pantalla, aunque esto no pueda decirse así, sin más, porque parece que uno va contra la democracia. Ya se sabe que el sentido de la democracia ha sido prostituido hasta puntos inimaginables y aquí todo lo que el pueblo demande a gritos es democracia.

Ya sé que mi reflexión no sirve para nada. Pero tengo derecho a hacerla, sobre todo después de enterarme de que echan de TVE a Antonio Gasset, aquel presentador de mirada sarcástica y adormilada que apuntillaba a diestro y siniestro hasta que sus superiores lo llamaban al orden. Presentaba a horas intespestivas Días de Cine y ya no lo hará. Al menos en la cadena pública de todos los españoles, que, según los superiores, prefieren ver bailar a Carmen Sevilla y a otros frutos maduros del tardofranquismo engañabobos. Es lo que hay. Del sabio "pan y circo" romano hemos avanzado al GH español, en ediciones que superan récords de audiencias y negocios a posteriori que siempre terminan en portadas con despolatadas. Está bien. Ya no se sabe si fue antes el huevo o la gallina. Si la gente consume porque la televisión aprieta o la televisión aprieta porque la gente no para de consumir. El caso es que gente inteligente como Antonio Gasset no tiene sitio en TVE. Tendrá que pasar por casting. Democráticamente.

2 comentarios:

José D. Mora dijo...

La sociedad, lastrada con tantas frustraciones, no vamos a cambiarla de la noche a la mañana. La única solución pasa, quizás, por un cambio individual. El mundo es como es.

Anónimo dijo...

Me remito a una viñeta que leí hace tiempo en El País: un persdonaje pregunta “¿Qué habremos hecho para tener esta televisión?”, y otro contesta “Verla, te parece poco”. La televisión da lo que “la gente” quiere ver y es fiel reflejo de nuestra calidad humana, muy poca. Lo demás es andar con paños calientes y exceso de diplomacia.

Juan José Rodríguez Barrera
http://negrasovejas.blogspot.com/